La atención a la juventud mexicana; la urgente ruta paralela a la reconstrucción

Vendrá la reconstrucción que corresponde a los devastadores sismos que azotaron a México. Será muchísimo dinero y habrá que realizar los proyectos, programas y acciones de reconstrucción con un panorama electoral prácticamente a la vuelta de la esquina.

Inevitable pensar en la falta de confianza que le tienen los ciudadanos a la actual clase política federal y estatal. Inevitable que pase por nuestra cabeza la tentación por el lucro de la clase política ante los recursos de la reconstrucción.

Si los efectos de los terremotos fueron trágicos, la sociedad civil levantó la mano y ello mató la confianza en los políticos mexicanos. Y es que los saldos negativos de su función como administradores públicos son muchos y lo serán más si no hay un programa de reconstrucción efectiva y eficiente.

Un programa de reconstrucción -de acuerdo con experiencias similares en otras partes del mundo- requiere mínimo de cuatro ejes fundamentales ligados entre sí:

1. Reponer las construcciones que se perdieron y la infraestructura colapsada. Viviendas con resiliencia y reubicadas, reconstrucción de hospitales y centros de salud, escuelas, servicios de agua potable y comunicaciones.

2. Lograr la recuperación productiva lo más rápido posible. Ello implica no solo recuperar los empleos perdidos, sino también crear nuevos a través de cuidar y fortalecer las cadenas de valor; es decir aquellas actividades productivas que están conectadas con los mercados nacionales e internacionales.

3. Reforzar la cultura de la prevención ante futuras catástrofes. Para lo que se requieren nuevos sistemas de alerta, tanto sismológicas como de inundaciones y modernizar los existentes. Para ello, las tareas realizadas por las autoridades municipales son fundamentales.

4. La atención a las personas. Ellas tienen que ser el objetivo principal de las políticas públicas de resiliencia. Hasta las personas, las familias y sus necesidades deben de llegar las propuestas gubernamentales de organización técnica, organizativa social y económica de la reconstrucción con resiliencia.

Obviamente en cuatro aspectos mínimos de políticas públicas para la reconstrucción, hay dos condiciones fundamentales: la voluntad política y los recursos financieros.

 

En estos aspectos, ¿Cuáles son las condiciones de México y de Chiapas?

Es obvio que las autoridades hacendarias del país buscarán que no se rompa el equilibrio macroeconómico. Lo que en el resto del año el gobierno federal gaste en la reconstrucción; significará una reasignación de recursos en el presupuesto federal del 2018. Habrá que recordar también que el reto de la reconstrucción implica recursos privados.

En Chiapas la reconstrucción encontrará a un gobierno estatal endeudado, con poco margen de acción por la falta de recursos humanos y a unos municipios marginados y también endeudados. Es decir, el panorama no es alentador.

Por ejemplo, un aspecto básico y prioritario para reactivar las actividades económicas y garantizar el abasto es la reconstrucción de las carreteras y caminos. Pero en Chiapas hay bloqueos carreteros y muchas vías intransitables. Reestablecer los caminos es vital para minimizar lo más posible el impacto económico de los terremotos. Pero ya de por si nuestras comunicaciones terrestres estaban mal.

Primera doble tarea; reestablecer lo que estaba mal y componer lo que los sismos destruyeron.

Segunda doble tarea; conseguir recursos financieros para evitar que la pobreza y la marginación se ahonden.

Tercera doble tarea; restablecer y recuperar la confianza en la clase política ya perdida antes de los sismos.

 

La ruta de la reconstrucción en un país en vías de desarrollo como el nuestro es larga. Y lo será más porque buena parte del Sureste; la región más pobre del país, está devastada.

Ante el panorama nacional y estatal de necesidades de reconstrucción efectiva y de pérdida de confianza en la clase política; cabe hacernos la siguiente reflexión:

 

¿Dónde están los liderazgos que el país y Chiapas necesitan para la reconstrucción?

Los procesos de planeación dictan que el nivel de gobierno más cercano a la gente es el municipal. Difícilmente se ve al federal y al estatal involucrado en tareas que involucran a los ciudadanos, a menos claro está, que sean en un evento catastrófico como los de este mes de septiembre.

El problema es que buena parte de la ciudadanía ha dejado de confiar en la figura presidencial, en sus gobernadores y ahora también en sus alcaldes. Las redes sociales dan cuenta de ello. Es decir; el liderazgo para la reconstrucción no está en ellos. El problema es que son quienes manejarán los recursos de la reconstrucción. La clase política ejercerá los recursos financieros.

¿Cómo confiar de nueva cuenta en quienes son los primeros que se han protegido en un manto de impunidad?

¿Cómo restaurar la confianza ciudadana ante el inminente proceso de reconstrucción?.

¿Cómo responderá un sistema político que se ve cada vez más débil ante una ciudadanía mexicana que demostró que está más viva que nunca?.

¿Con qué responde la clase política a una juventud mexicana que se organizó a pesar de los pesares y la rebasó?

Ante la irrupción de los llamados “millennials” la juventud mexicana está inevitablemente trazando una ruta paralela al camino de la reconstrucción. Es la ruta de la atención a la población juvenil e infantil del país.

Requerimos una reconstrucción que garantice la resiliencia de nuestras comunidades, pero también que le garantice una mejor vida a la efervescente juventud mexicana.

Los jóvenes requieren espacios en las universidades, becas para sostener su estadía; junto con los infantes y los grupos vulnerables, requieren estrategias para que se les garantice educación y salud, pero también una salida a la marginación, la desigualdad y la pobreza.

Necesitan también que se les acerque a la ciencia y la tecnología. En pocas palabras; tienen que ser prioridad en las políticas públicas. Y es que ¿Hoy lo son?.

 

La clase política nacional, si quiere ver la confianza ciudadana restaurada; debería de empezar por empoderar a los jóvenes mexicanos. Y esa atención es también uno de los grandes pendientes de la clase política chiapaneca. ¿En qué ha apoyado a sus jóvenes?. Chiapas es el estado más joven del país.

La sociedad mexicana demostró -otra vez más- que puede organizarse, que está en busca de una democracia lo más representativa posible, porque ya no confía en la clase política.

Es cierto, no todo es la Ciudad de México; los efectos de los dos terremotos impactaron de manera diferente a la sociedad capitalina y a la del -más pobre y necesitado- Sureste. Pero también Chiapas es México y los buenos ejemplos siempre permean, más si estos llegan de la vitalidad juvenil.

Urge una política pública efectiva para atenderlos. ¿Será parte de las preocupaciones de nuestra clase política? Ese es el meollo del asunto. En los jóvenes está el futuro del país, ya no confían en la política y gritan tres cosas como el resto de la ciudadanía, democracia, democracia y más democracia.

Twitter: @GerardoCoutino

Correo: geracouti@hotmail.com

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