El empleo: fracaso del gobierno chiapaneco

 

La mala noticia: 2017 fue el peor año para los chiapanecos en mucho tiempo. Muchos dicen, lo peor está por venir. Para otros lo peor ya pasó y se refieren a tres hechos concretos; la falta de empleo, el terremoto con sus secuelas y un gobierno que el próximo año termina. La buena noticia: el año está a punto de terminar y será el último año de un gobierno que a pocos convence de haber sido el ejecutor de políticas públicas exitosas.

Aun así, la incertidumbre sobre el futuro económico estatal a corto plazo, es tema de conversaciones familiares y sociales. Las deudas gubernamentales se acumulan o no se han podido pagar y además habrá elecciones concurrentes. Crisis económica -endémica- se entrecruzará con despilfarro electoral. Ante la ya evidente

competitividad electoral; no serán pocos los conflictos pre y poselectorales que veamos.

El año 2017 inició con olas de despidos en las oficinas públicas chiapanecas. Miles de burócratas perdieron un empleo que habían conservado por años. Algunos se fueron del estado, otros invirtieron su liquidación en un pequeño negocio, otros más resisten con la ayuda de la familia y en la economía informal, guardando la esperanza de que las campañas políticas del próximo año les permitan regresar a la administración pública en cualquiera de sus tres niveles. Si la suerte es mucha; varios se convertirán de la noche a la mañana en proveedores de las dependencias de gobierno o constructores.

Ante los despidos, la polémica comenzó; que si la nómina estaba abultada, que si era necesario adelgazar el aparato burocrático estatal para darle agilidad administrativa; que si las arcas del estado se estaban quedando vacías y había que buscar un respiro financiero para el pago de las deudas acumuladas y etcétera. Todas las razones esgrimidas tienen algo de cierto.

Pero lo de fondo es que el papel del gobierno chiapaneco como principal e histórico empleador local se está cancelando y, sin embargo; se le sigue cuestionando su incapacidad histórica de generar las condiciones para que otros agentes económicos, en este caso la empresa privada; genere empleo.

En Chiapas, la incapacidad del gobierno para generar empleo -o las condiciones que lo logren impulsar- es proverbial y ello impacta en las relaciones sociales del estado, su condición económica y la paz social de sus regiones. Es bastante evidente que los ciclos económicos en Chiapas se correlacionan estrechamente con el de sus sectores públicos y lo hacen más que en varios estados de la República Mexicana.

Los modelos económicos han cambiado. En la economía mexicana cerrada de antaño, el peso específico de la intervención directa gubernamental en las actividades económicas -y por ende el empleo- era casi monopólico. La economía abierta y global de nuestros días implica que los gobiernos en turno generen las condiciones para que el empleo -bien remunerado- sea posible.

Pero los sucesivos gobiernos chiapanecos -y más las dos últimas administraciones- no heredan empleo bien remunerado, abultaron las nóminas, luego fallaron en asegurar la planta laboral, e incluso tampoco generaron y –pensando en el futuro económico estatal- no heredan confianza en los inversionistas privados para que estos puedan invertir en nuestro estado y con ello, estos sean los que suplan al gobierno en la generación de empleo de todo tipo.

Es increíble la contradicción de Chiapas. Mientras más recursos recibe, más crece la pobreza y los chiapanecos más dependemos del empleo burocrático. Lo mínimo que hay que decir es que el gobierno no es eficaz generando las condiciones para el empleo productivo, menos combatiendo la pobreza y gastando los recursos públicos y no lo ha sido nunca.

Y es que el dinero que llega al estado, en su mayoría es para programas sociales y subsidios. Por ello la pobreza en Chiapas sigue sin detenerse. Incluso la evidencia indica que mientras más bajo es el nivel socioeconómico de las personas; más dificultades existen para encontrar un trabajo de calidad. En Chiapas según el CONEVAL, poquito más del 77 por ciento de la población se encuentra en situación de pobreza.

Por eso, lo que el gobierno tiene que hacer es generar oportunidades. Es decir, empleo. En cualquier economía del mundo; si hay empleo, hay dinero y si en una sociedad existe dinero, el crecimiento económico encuentra mejores posibilidades de existir y con ello es posible hablar de desarrollo sostenido en el tiempo.

Pero el problema de Chiapas es que el gobierno es un gobierno que tiene el perfil de ser “empleador” y no generador de oportunidades. En esas condiciones, el empleo en Chiapas no es garantía de escapar de la pobreza.

Los empleos burocráticos en nuestro estado parecen conformar -como dicen los estudiosos del socialismo- a una “esclavitud asalariada”. Porque en Chiapas la dependencia al trabajo burocrático es total e incluso es la opción de empleo más inmediata si se requiere de seguridad social y tener la oportunidad de acceder a un salario más o menos digno.

En una economía en crisis económica y con casi un único empleador -como lo es la chiapaneca- seamos ricos o pobres, marginados, de clase media, urbanos, rurales; todos tenemos dificultades para conseguir un empleo. Pero es obvio; el mercado laboral también es -e implica- desigualdad, por no hablar de la dificultad de conseguir una remuneración digna.

¿Por qué hablamos de desigualdad? imagínese mujer e indígena y trate de conseguir empleo en una empresa o una oficina gubernamental. Imagínese hijo de cualquier vecino, no pariente cercano o amigo de algún político y comience a buscar trabajo. Imagínese siendo un joven en busca de su primera oportunidad laboral.

Como decíamos líneas arriba, los sectores productivos estatales -su lozanía o estrechez- dependen del gasto público. ¿Qué pasa si este se contrae?. Ese papel generador de empleo, tendría que ser sustituido o reforzado por la iniciativa privada. Pero es claro que al depender del gasto público, esta no puede ofrecer empleo bien remunerado.

Ahora bien, ¿Cuál es la respuesta de la sociedad chiapaneca a la falta de empleo y todo lo que ello implica?.

A mi entender, desde hace 25 años -o sea de la mano con el modelo económico neoliberal- en Chiapas conocemos dos respuestas. Las dos son de confrontación. Una es latente, mítica y contenida. La otra es el resto de la sociedad, de caos social y que se refleja en la falta de gobernabilidad.

La primera es del neozapatismo, cuestionando de fondo -otra cosa es analizar si es exitosa o no- al estado mexicano. Ese cuestionamiento que llegó a las armas, le dio su misticismo y de algún modo también explica su sobrevivencia. La otra respuesta chiapaneca, la del resto de la sociedad, más bien intenta cobrarle los agravios al poder. Le echa en cara su falta de eficacia, pero le exige por todas las vías empleo y por ende una vida digna.

Veamos: el magisterio pide respeto a las conquistas laborales, respeto a la base gremial, los normalistas piden plazas, los constructores piden obras, en los bloqueos los ciudadanos exigen que los alcaldes cumplan sus promesas, que concluyan obra; los burócratas participan en las

campañas políticas, ya sea para asegurar el empleo, mejorar o simplemente conservarlo.

Es decir, le exigimos al estado mexicano que cumpla su función. Pero no cuestionamos al sistema o ese cuestionamiento es el pretexto para exigirle que cumpla su función. Nos guste o no, con éxito o sin él; los que han cuestionado de fondo al sistema político y económico mexicano han sido los neozapatistas.

Alguien está pidiendo que el gobierno genere las condiciones para el empleo digno? Deberían ser en primera instancia los políticos, -sobre todo aquellos en campaña- pero estos quieren solo el poder.

En Chiapas hemos ya caído como en una “trampa de la pobreza”. Nos enfrentamos al Estado o al gobierno, pero tal parece que lo necesitamos. Y quienes dominan las instituciones, simplemente se dedican a gastar los recursos públicos en programas sociales -necesarios por nuestra pobreza- pero insuficientes y poco efectivos.

¿Dónde está la tarea gubernamental de generar las condiciones para alentar las inversiones en el estado y que estas ofrezcan empleo?.

No existe; esa es una de las cosas de fondo que habría de exigirle al gobierno; porque arrastra un fracaso en la generación de empleo y las condiciones para garantizar su creación. Lo otro es a la usanza zapatista; volver desde Chiapas a cuestionar al sistema, al gobierno y a quienes nos gobiernan. ¿Alguien tiene confianza en que la vía electoral cambiará el estado de las cosas en Chiapas?. Es posible que así sea. ¿Pero cuantos somos los convencidos de ello?.

Twitter: GerardoCoutino

Correo: geracouti@hotmail.com

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