José Antonio Meade y la sucesión en Chiapas

Meade se rodeó de la clase política Chiapaneca. Foto: Chiapas Paralelo

Hoy jueves el candidato de la alianza PRI-PVEM comenzará su precampaña política en Chiapas. En los primeros minutos de este jueves arrancó en San Juan Chamula, hoy se reunirá con verde ecologistas en la capital Tuxtla Gutiérrez.

Meade es el primer aspirante del PRI que no es priista y que además colaboró desde el primer nivel burocrático con gobiernos del PAN. De manera evidente, lo que Enrique Peña Nieto busca con Meade es contrarrestar el efecto negativo que su partido tiene dentro de la ciudadanía nacional.

El PRI es el instituto político más detestado por los mexicanos. Contra eso remará Meade, también contra la corrupción que arrastra el gobierno de quien lo impulsa; contra el tercer lugar de todas las encuestas y contra lo que sus rivales políticos le encuentren; para no dejarlo salir del tercer lugar en que se encuentra.

Un problema -que se acumula a los que ya tiene y que solamente los priistas no ven- es no puede ni podrá romper con el gobierno de Peña Nieto. Necesita cuantiosos recursos económicos para dejar precisamente el tercer lugar en las encuestas electorales.

El caso es que Meade como tradicionalmente hacen los candidatos priistas a la Presidencia de la República, iniciará su campaña en lugares pobres donde la desigualdad es evidente y en donde -también- la justicia social no llega. Y además donde nadie lo conoce. ¿Cuándo los pueblos originarios han tenido relación con miembros del a la tecnocrática de un sexenio?.

Meade llega a un Chiapas convulso; tanto electoral, como socialmente y también en la inanición económica. Arrastrando la vergüenza nacional de ser una entidad con desplazados internos y con los efectos de un sismo devastador cuya reconstrucción no avanza, y que además amenaza en convertirse en un lastre para las aspiraciones de reelección de los alcaldes.

En Chiapas también habrá elecciones concurrentes y los rumores de licencia, renuncias y destapes están a la orden del día. En cualquier caso, ya faltan días o tal vez horas; para que los chiapanecos conozcamos el futuro político de varios de los aspirantes a la gubernatura.

El primer estado que visita José Antonio Meade es en donde los socios del PRI, el Partido Verde Ecologista gobierna. Seguro que con esta visita, Meade sacudirá a una clase política que sufre de inanición financiera en las arcas públicas -que no las personales- para enfrentar las campañas políticas por venir.

Una clase política que ve venir de regreso al ex Rector de la UNACH, Jaime Valls Esponda, quien no tiene trabajo político en la entidad; -asunto que en estos momentos lo más seguro es que lamenta- pero que cuenta con la amistad del candidato José Antonio Meade. Amistad que quien sabe hasta donde la alcanzará al ex Rector. Pero que tal parece que para la gubernatura en el sexenio que se avecina, no le será suficiente.

Una clase política que ve también como las encuestas ponen en primer lugar en Chiapas a MORENA y Andrés Manuel López Obrador. Precisamente el problema principal que enfrentará Meade.

Meade llega a Chiapas para iniciar su precampaña política con los pueblos indios. El problema es que su accionar como funcionario público, fue dañino para los pueblos originarios. Hay documentos de organizaciones indígenas que demuestran que como titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Meade recortó el presupuesto destinado a los pueblos indios.

 

 

El candidato de las deudas y los recortes con los pueblos indígenas.

De 11 mil 900 millones que tenía la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI) en el 2016; para el 2017 se los recortó a 5 mil 800 millones, más del 51 por ciento del presupuesto de un año para el otro.

En ese año los recortes a las dependencias federales oscilaron entre el 10 y 12 por ciento, pero la Dependencia encargada de atender a los Indígenas el recorte fue mayor al 51 por ciento, lo que refleja que los pueblos indígenas de México no son prioritarios para su espíritu tecnocrático.

Esta absurda y discriminatoria medida impidió que miles de indígenas pudieran acceder a proyectos de Infraestructura carretera, vivienda, salud, educación y alimentación, en un sector donde casi 8 de cada 10 indígenas viven en la pobreza.

Además durante su paso por la Secretaria de Desarrollo Social,  en el segundo semestre del año 2015, se incrementó artificialmente la partida llamada “Pensión para Indígenas Adultos Mayores” pasando de 12,958 a 23,376 millones de pesos. (10,417 millones más, es decir, 80.4 por ciento)

El número de adultos mayores indígenas que serían la población objetivo del Programa varía en función de la definición y la metodología aplicadas. Los resultados de la Encuesta Intercensal 2015, interpretados por la CDI, contabilizaron 892 mil 190 adultos mayores indígenas (de 65 años y más).

El monto que otorga la Pensión es de 580 pesos mensuales y 6,960 pesos anuales. Por tanto, suponiendo que todos los recursos etiquetados se destinaran a apoyos, con el presupuesto original del 2015 se podía atender a 1, 861,800 adultos mayores indígenas.

Con el presupuesto modificado se podía atender a 3,358,588 adultos mayores indígenas de 65 años. Es decir, hubo presupuesto para atender a 3.8 veces el número de adultos mayores indígenas que hay en el país. En el Presupuesto del año 2016, la cantidad asignada a este rubro, volvió a los niveles de inicio del 2015.

Ese es su legado como funcionario público a los indígenas mexicanos. Un brutal recorte de gastos a uno de los grupos de mexicanos más vulnerables. Aun así, nada cambia. Meade repite las mismas fórmulas políticas de los candidatos priistas; ir a llenar de promesas a quienes precisamente ese instituto político ha abandonado.

 

Los candidatos chiapanecos

Por otro lado, con su presencia; Meade hará convulsionar a Chiapas. Es decir, a su clase política. Porque la estructura social del estado, ya es convulsa.

Amigo personal del ex Rector de la UNACH Jaime Valls; el candidato presidencial tendrá que buscarle un espacio político. Muchos cruzan los dedos para que este espacio sea desde un puesto federal.

Pero lo de fondo, es de definir los nombres de los candidatos a la gubernatura del Estado.

En ese sentido, dentro de la alianza PRI-Verde solo hay tres nombres: Roberto Albores Gleason, Luis Armando Melgar Bravo y Eduardo Ramírez Aguilar.

La fuerza del primero es el PRI. Pero es también su talón de Aquiles. El segundo tiene pocos “negativos”, es decir un rechazo popular; es así porque el Senador no ha ocupado un cargo en la administración pública. El tercero, tiene la fuerza de la clase política estatal.

¿Qué pesará más en estos momentos?

Obviamente, faltando tan poco tiempo para las definiciones; probablemente los tres sepan si la alianza los vetará o los nombrará su candidato.

Pero a estas alturas de los tiempos electorales; ¿Cómo llega cada uno de los aspirantes identificados con la alianza PRI-Verde?.

Depende de la óptica con lo que empiece a verse.

Para los priistas, el candidato de la alianza es Roberto Albores, para los “enterados” el verdadero aspirante es Luis Armando Melgar y para la burbuja del gobierno actual, el “bueno” es Eduardo Ramírez.

Ahora bien; ¿Cómo y que representa el hecho de que alguno de ellos se imponga los otros dos?

Si el candidato es Albores Gleason; es obvio que dentro del PRI-Verde habrá un cisma político.

Ungir al hoy Senador es para el PVEM local, tomar riesgos. La clase política en el poder no quiere que el Senador priista sea el sucesor de la actual administración. La persecución política será inminente.

Incluso muchos priistas le mostraron su rechazo, insistiendo en que se había eternizado en el Comité Directivo Estatal.

De cualquier forma, el cisma con Albores Gleason es inminente. Si es el candidato, todos irán contra él, y si no es candidato; el irá contra todos.

¿Y si el candidato es Eduardo Ramírez?

Sobrevivirá una clase política que tendría la oportunidad de recomponer lo que no pudo componer en seis años. No habría cisma dentro del PRI y se apoyaría en las alcaldías locales, muchos de quienes las ocupan, le deben su ascenso político precisamente a Ramírez Aguilar.

¿Y si no lo es?

Es posible que por conocer a los alcaldes, Ramírez Aguilar pueda sobrevivir el sexenio, pero tendría que tomar una decisión trascendental: o acepta una senaduría, o se la juega con otra organización política.

En ese escenario, la pregunta para Ramírez Aguilar es ¿le alcanzará para ser gobernador con otras siglas que no sean las del PRI-Verde o tendrá que esperar otro sexenio, pero en este caso como Senador?.

Por su parte, las condiciones que afronta el también Senador Luis Armando Melgar Bravo son distintas. Pero está en juego la gubernatura.

Si Melgar Bravo es el candidato, tampoco habría cisma en el PRI y aseguraría que la campaña recibiera los recursos financieros que hoy el gobierno del estado y el PVEM local no pueden inyectarle. Entre sus amistades de grupos empresariales poderosos podrían ayudarlo.

¿La pregunta es que tanto influirán los amigos del Senador Melgar Bravo en Meade?. Un candidato presidencial que se antoja, no escatimarán esfuerzos financieros por sacarlo del tercer lugar de las preferencias electorales en las que se encuentra.

Por otro lado; a diferencia de Albores y de Ramírez Aguilar; se antoja que Melgar Bravo tiene otras opciones políticas. Está MORENA, en donde su amigo personal, Moctezuma Barragán es el coordinador general del proyecto de Andrés Manuel López Obrador.

Albores sin el PRI no puede. Ramírez Aguilar sin el PRI-PVEM no debe y Melgar Bravo sin el PRI y el PVEM puede. Pero se atreverá?

De cualquier forma. Los tiempos y las fechas fatales ya están encima. Las decisiones dependen de pocos personajes y cualquiera que esta sea, definirá el futuro de Chiapas. Un futuro que muchos ya nos ven claro.

Haga sus apuestas.

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