Elecciones 2018. Parte II: ¿Quiénes elegirán al gobernador de Chiapas?

Si el comportamiento electoral es bastante difícil de predecir y los resultados nunca están exentos de alguna sorpresa, en el caso de Chiapas la tarea se vuelve algo más complicada. El primer punto para hablar de las elecciones chiapanecas es tratar de saldar al menos un lugar común: el tema del abstencionismo.

Pese al discurso común, propio de medios de comunicación y algunos actores políticos, el abstencionismo no es un problema grave en Chiapas. La distribución de la participación electoral en Chiapas es poco más que heterogénea, como lo es el propio estado. Tratemos de plantear esto con base en algunos datos históricos.

A nivel nacional, el nivel de abstencionismo entre 1991 y 2015 se mantuvo en un promedio de 42% para las elecciones de carácter federal. Sin embargo, hay que destacar que las elecciones presidenciales son siempre más participativas que las elecciones intermedias (para renovación de diputaciones federales). En América Latina, países como Argentina o Brasil tienen para el mismo periodo, porcentajes de participación electoral superiores al 80%, mientras que países como Uruguay (calificado como de los más democráticos del continente) tienen participaciones superiores al 90% en ese periodo (ver Nota 1). El caso mexicano en este sentido, es parecido al de países como República Dominicana, Costa Rica o Chile. Sin duda, la participación electoral podría ser mayor, sobre los motivos del por qué no es así, podríamos especular largo y tendido.

Para el caso de Chiapas, sin embargo, la participación electoral y el abstencionismo se comportan de forma distinta al promedio nacional. En primer lugar, porque las elecciones estatales registran en promedio mayor participación que las federales (lo que nos permitiría discutir lo adelantado en la primera entrega de esta serie) y, por otra parte, porque dependiendo de la zona del estado de la que hablemos, la participación electoral cambia.

Datos consultados en los bancos de información del Instituto Nacional Electoral (INE) y el Instituto de Elecciones y Participación Ciudadana (IEPC) sobre participación electoral a nivel estatal (ver nota 2) nos dan, primero, que la participación electoral en Chiapas es mayor en las elecciones locales (56%) que en las federales (50%), pero que los distritos electorales federales indígenas (ver Nota 3) son los que registran el promedio de participación electoral más alta (69%) mientras los distritos urbanos la más baja (47%).

Adicionalmente, si tomamos como referencia a los distritos con las ciudades más importantes, nos encontramos con que estos se comportan de acuerdo con la tendencia nacional y participan más en las elecciones federales presidenciales que en las locales. Estos distritos (a saber, los de Tuxtla Gutiérrez y Tapachula, San Cristóbal de Las Casas, Comitán y Tonalá) tuvieron casi 60% de participación en 2012, pero menos del 40% en las locales previas, y apenas 47% en las federales siguientes.

Si por un lado los distritos urbanos participan menos, y los distritos indígenas participan más en las elecciones, una conclusión sugerente podría ser que son los municipios indígenas los que tienen la capacidad de decidir una elección. El problema es que esto no parece ser así. La participación más consistente se presenta en los que podríamos llamar como municipios mestizos-rurales. En este tipo de localidades se concentra el 45% de la lista nominal, y son además altamente participativos, su nivel de abstención es en promedio del 30%.

Los municipios rurales-mestizos de Chiapas no solo tienen estas dos características (tener el mayor peso en número de electores y una alta participación electoral promedio) sino que son los que reciben una alta transferencia de recursos de todo tipo (programas sociales de atención a la pobreza, campo, etc.). Esto es de destacar pues el uso electoral de programas sociales forma parte de una de las debilidades conocidas durante los procesos electivos.

Así que este grupo de electores no solo es decisivo en términos de posible impacto, sino, además, vulnerable a que su voto sea coaccionado mediante el condicionamiento de programas sociales y productivos que provienen de los niveles federal y estatal de gobierno.

En ocasiones, el desempeño de una administración no se corresponde con un efecto en los resultados electorales. Y esto bien puede deberse a que la herramienta de la coacción siempre está a la mano para quienes detentan el poder. Cualquier oposición en Chiapas se enfrenta a dos retos enormes para la próxima elección: por un lado, movilizar a una cantidad ingente de electores en aquellas zonas donde el abstencionismo sí es problema, específicamente, las zonas urbanas; pero teniendo en cuenta que las ciudades no tienen un peso electoral determinante en Chiapas, el segundo reto es aún mayor y se trata de combatir las estructuras clientelares que quienes detentan el poder hayan podido desarrollar con tal de evitar la coacción y compra del voto. Este segundo reto será el más difícil de vencer para cualquier oposición —si es que en Chiapas existe alguna— que intente combatirlo.

 

 

Nota 1: Puede ser ilustrativo consultar el artículo de Pignataro (2014) con cifras a este respecto. Disponible en: http://www.tse.go.cr/revista/art/17/adrian_pignataro.pdf

Nota 2: Algunos datos sobre el padrón electoral y listado nominal de 2015 pueden consultarse en el documento http://www.iepc-chiapas.org.mx/archivos/nw_historico/archivos/memorias/memoria2014-2016/Memoria_2015.pdf mientras que otra información sobre la participación electoral histórica pueden consultarse del portal http://portalanterior.ine.mx/archivos3/portal/historico/contenido/Historico_de_Resultados_Electorales/

Nota 3: Para hablar de distritos electorales indígenas y urbanos, seguimos una clasificación elaborada por Sonnleitner (2012) en su libro Elecciones Chiapanecas.

 

 

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