Lo que empieza mal acaba…: la renegociación del TLCAN

A nadie debe extrañar las dificultades que está teniendo la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) firmado a finales del año 1992 para entrar en vigor el primer día de 1994, y que involucra a los países de esta región geográfica del mundo: México, Estados Unidos y Canadá. Momento coincidente, como todo el mundo recordará, con el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en Chiapas.

La liberalización comercial, con supresión de barreras aduanales, ha sido el resultado más visible en México, y la simple ojeada a los supermercados o tiendas diversas en la actualidad muestra ese resultado visible para los ciudadanos; la mayoría alejados de las transacciones o negocios de la macroeconomía nacional y mundial. No entraré en las consecuencias que este tipo de acuerdos han producido sobre los productores locales pues no soy especialista, pero lo que resulta evidente para cualquier observador avezado es que solo pensar en la economía, representada básicamente por el comercio, no solventó muchas de las problemáticas compartidas en la región de América del Norte. Y ni qué decir de los asuntos que se proyectaron para abordarse y que siguen pendientes todavía en las fechas en las que estamos; por el contrario lo que se ha emprendido es una renegociación tras la llegada del nuevo residente de la Casa Blanca.

La presencia de Donald Trump en la presidencia del vecino del norte ha abierto una dura revisión del tratado existente, en especial porque es conocida la aversión del mandatario estadounidense hacia la inmigración, hecho que le ha llevado a proponer, como una de sus banderas de campaña, la construcción de un muro completo que delimite la frontera entre México y Estados Unidos, aunque en buena parte de ese espacio fronterizo ya existen muros visibles y con perceptibles bloqueos para el tránsito de paisanos o de otros hombres y mujeres deseosos de acariciar el sueño americano.

La lentitud en estas nuevas negociaciones, remarcada por todos los actores involucrados, cualquiera de los países a los que representen, habla de la presión ejercida por nuestro vecino norteño y, sobre todo, de que los resultados no trascenderán aspectos que afectan, principalmente, a los grandes negocios y con poco reflejo real sobre los ciudadanos del país con más desigualdades económicas de los tres, como lo es México.

Las amenazas de abandonar la negociación y, por ello, el Tratado por parte del mandatario estadounidense y sus representantes no pueden conducir más que a pensar que se lograrán acuerdos, aunque ellos no sean los más favorables para la parte más débil de todas, y no hay que repetir que país es.

Por lo tanto, el TLCAN que no incluyó aspectos que han caracterizado a otras regiones del mundo, y donde el ejemplo más notable lo representa la Comunidad Europea con la creación de órganos políticos compartidos, y con la libertad de circulación y de trabajo de los ciudadanos de los países incluidos en dicha Comunidad, no parece que se solventarán con esta renegociación. Lo que empezó mal tiene visos de acabar de la misma forma, si no es que peor, y todo ello para beneficio de algunos privilegiados y con el sufrimiento de muchos, en especial para aquellos ciudadanos que tienen en la migración un referente personal y familiar. Negociar siempre es lo correcto en política, o en cualquier ámbito de la vida, pero demostrar la debilidad propia de forma constante habla de poca creatividad para solventar los problemas internos de un país, y parece que en México la debilidad frente a los poderosos se ha vuelto costumbre y la visión de futuro una utopía.

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