El fracaso político de las élites mexicanas. ¿La hora de los ciudadanos?

Una máxima célebre en el fútbol soccer dice; «voy a dar un pronóstico: puede suceder cualquier cosa». En la lucha libre, una famosa cumbia que le dio la vuelta al mundo expresa: «métele la Wilson, métele la Nelson, la quebradora y el tirabuzón, quítale el candado, pícale los ojos, jálale los pelos, sácalo del ring». En el denominado rey de los deportes; es decir, el béisbol es muy famosa la frase: «esto no se acaba, hasta que se acaba».

En el arte de hacer política y también de verla y observarla, el asunto es como en el fútbol soccer, el popular arte del pancracio y el béisbol; cualquier cosa puede suceder, la pelea es encarnizada y el último inning también tiene tres outs.

Obviamente, la lucha es entre los políticos y los partidos. Unos en defensa de sus intereses y otros para sacudirse de esos intereses e imponer los suyos. Esos intereses ya organizados, ser llaman plataformas políticas.

Aunque no lo percibamos, todos participamos en política. Porque ella nos afecta como ciudadanos. Especialmente durante los procesos electorales. Curiosamente, en un proceso de este tipo; solamente en la jornada electoral, en su aspecto de recolección del voto, es dominada por los ciudadanos. Los ciudadanos cuidan las casillas y cuentan los votos; pero nada más. El resto del proceso electoral es cuidado y calificado por las instituciones.

En teoría, de acuerdo a su perfil ideológico; cada partido político impone la forma de gobierno y; si su candidato se convierte en gobierno, este tiene que tomar en cuenta el entorno internacional y las fortalezas y debilidades del país para su forma de gobernar. Siempre con la idea es mejorar las vidas de los ciudadanos, sus familias y traducir la voluntad popular en políticas públicas.

Pero la evidencia se impone; en un país como México, la política y los políticos no han podido mejorarles la vida a los mexicanos y cuando una voluntad popular se ha traducido en política pública, esto ha sido posible por la presión social.

En consecuencia, aún con democracia; es decir, en un entorno electoral competitivo; las esperanzas de elegir un buen gobierno se han perdido, decepcionando a la sociedad mexicana. Para la mayoría de los mexicanos, luchar por sobrevivir; es lo único. Porque hemos perdido la fe en quienes manejan nuestras instituciones y en quienes por la vía electoral, les hemos confiado también el cuidado de nuestra democracia.

Las élites políticas mexicanas han fracasado. Lo mismo los políticos nacionalistas que no pudieron sostener o modernizar el ideario revolucionario de justicia social. Lo mismo también los políticos tecnócratas que solo modernizaron el país para unos cuantos. Y en la alternancia política también fracasaron los gobiernos a los que se les pedía mayor participación ciudadana en el diseño de políticas públicas.

¿Qué nos dejan dieciocho años de la alternancia democrática mexicana? Ciertamente nos dejan una gran competitividad electoral. Por eso, los candidatos a puestos de elección popular se lanzan a unas elecciones que se parecen a los pronósticos del futbol, los agarrones en la arena y con resultados que se definen en el último inning. Las elecciones cada vez son más competitivas, arrojan más incertidumbre en el resultado, ofrecen grandes peleas en la arena electoral y resultados cerrados.

Pero la democracia no es solo competencia electoral. En solo eso ha quedado la democracia lograda con la alternancia mexicana. ¿Dónde está la participación ciudadana?, ¿Cómo se siente la ciudadanía con los resultados de la alternancia electoral?, ¿Desde abajo, han emergido nuevos actores electorales?.

En el México político se percibe y se siente en la realidad que nuestro sistema político está fallando. No cumple el ideal de los ciudadanos de participar en el desarrollo y el seguimiento de las políticas públicas y por lo tanto, tenemos cancelada -por la clase política- la aspiración de construir un México inclusivo.

La coyuntura que se repite y se repite es la electoral. Ahí está representada la oportunidad de cambiar gobiernos y sistemas políticos. Pero si pasan los años, los gobiernos, las coyunturas nacionales e internacionales y las condiciones sociales y políticas del país no cambian; justo es que la ciudadanía cuestione a nuestro sistema y a los políticos que cada vez más se convierten en una elite.

El voto mexicano en la era de la alternancia -y también atrás en el tiempo- no influye en la construcción de políticas públicas. El voto no ha tenido más relevancia que en elegir autoridades. Pero nada más. ¿Dónde han quedado para los sucesivos gobiernos democráticos la separación de poderes, los derechos de las minorías y también los derechos individuales? A los ciudadanos, en ese sentido, ¿por qué nos habría de importar la democracia como nos la venden?.

Dentro del sistema, pero cuestionándolo desde hace décadas; Andrés Manuel López Obrador, encarna el cuestionamiento popular a la clase política nacional. Difícil ya desbancarlo de las preferencias electorales. Y difícil también recomponer las alianzas entre las élites nacionales. Ante el eventual triunfo de López Obrador, o se reinventan o desaparecen.

¿Por qué -si han fracaso en sus funciones- la clase política nacional y la comentocracia hacen una campaña en su contra diciendo que sería lo peor que le podría pasar a México? Aclaro que no soy fan de AMLO. Soy parte de la sociedad que exige que los políticos cumplan a cabalidad, con conocimiento y con honradez; su función.

Pero es el único candidato que muchísimos mexicanos perciben, podrá sino transformar el país; por lo menos castigar a los culpables de lo que les molesta; la corrupción y la impunidad y la falta de esperanza de progresar en la vida.

En lo particular, me gustaría ver una presidencia nacional disruptiva y no discursiva como lo han sido hasta por lo menos en el tema social más sensible; la corrupción. Es decir una presidencia que rompa las reglas establecidas entre los poderes de facto de este país.

Qusiera ver que en México nos toque experimentar una especie de “schöpferische zerstörung” o como dicen los economistas un “vendaval de Schumpeter”; es decir; que en el sistema político del país exista la “destrucción creativa” y que en el diseño de las políticas públicas se tome en cuenta a las distintas voces ciudadanas.

Con la eventual presidencia de López Obrador, para citar la frase futbolística con la que iniciamos este texto; podría suceder cualquier cosa. Pero es válido hacer pronósticos.

En un primer escenario, no se transformaría nada en el país, solo administraría nuestros problemas, su presidencia sería al estilo de Vicente Fox; una gran decepción nacional. En un segundo escenario, para asegurar la gobernabilidad, AMLO pactaría con todas las fuerzas políticas y económicas del país. Y en un tercer panorama, su presidencia podría ser disruptiva.

Me inclino a pensar que a López Obrador lo mueve la idea y la convicción de entrar a la historia mexicana como un personaje que a la usanza de Juárez y de Cárdenas, transformaron el país y que esa transformación que logaron, también la disfrutaron las siguientes generaciones de mexicanos.

Pienso que AMLO más que nadie; sabe que su paso a la historia no podrá ser posible si aparece su vena autoritaria. Conoce el país y tiene el termómetro de la intensidad de la rabia social.

El país necesita un cambio. Y tal parece que la ciudadanía ya se desencantó del PRI y del PAN, quienes con sus candidatos, se aplican la Wilson, la Nelson, el tirabuzón y quieren sacarse del ring. Como en el béisbol, podrían decirle a López Obrador que esto no se acaba hasta que se acaba, pero al desgaste entre Anaya y Meade, súmeles también que se les agota el tiempo y solo quedará a la clase política, realizar una “elección de estado”; pero, ¿la indignación lo permitirá?.

Twitter: @GerardoCoutino

 Correo: geracouti@hotmail.com

 

 

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