La corrupción tema de las campañas

La nación mexicana está en la posición 135 de entre 180 países en donde la organización Transparencia Internacional realiza mediciones sobre corrupción. La percepción de gobiernos corruptos que los mexicanos tenemos aumentó del 2016 al 2017.

La corrupción es vista ya por los mexicanos como el cáncer que socava la democracia, porque todos dudamos que se respete la voluntad popular; es vista también como el obstáculo principal para la construcción del estado de derecho, como un muro gigantesco que impide la construcción de ciudadanía porque no respeta los derechos humanos y como uno de los factores que impide el crecimiento económico porque inhibe la productividad y la competencia.

Los mexicanos hemos convivido con la corrupción. Particularmente; siempre me he preguntado si el México de antes era más corrupto que el de ahora. Probablemente no, pero probablemente sí. El periodismo independiente, la sociedad organizada, incluso la alternancia política y las nuevas instituciones; mucho han tenido que ver en que varios casos de corrupción lleguen a la opinión pública. El asunto es que en el México actual, sus ciudadanos ya no la aguantan y asumen que en otros tiempos, la corrupción era menor.

Lo que parece evidente es que hoy la corrupción mexicana involucra a gobernadores, presidentes municipales, secretarios de estado; es decir a los tres niveles de gobierno y a todos los partidos políticos. Y los cubre con su manto de impunidad.

Es un flagelo del que parece que los mexicanos estamos hartos. De ello, en épocas electorales, los candidatos presidenciales dan cuenta. Andrés Manuel López Obrador lleva años denunciando la corrupción y Ricardo Anaya también la ha hecho bandera de su campaña. Por su parte, José Antonio Meade la siente como un lastre del que es casi imposible que logre no vincularlo.

De cualquiera de los tres eventuales gobiernos nacionales futuros, el de AMLO, el de Anaya o el de Meade; el combate a la corrupción y la impunidad, se nos promete; será un eje de gobierno prioritario. En ese sentido; como candidato, es perfecto que ellos digan que se combatirá a la corrupción; pero ya como gobierno; ¿es posible que logren hacerlo?.

Mientras tanto, la corrupción no cesa; la indignación nacional crece y de ella no se salva nadie. El último -o el más reciente- escándalo de corrupción es el protagonizado en la CONADE. Al titular de la dependencia, Alfredo Castillo; la Auditoría Superior de la Federación no le encuentra casi 760 millones de pesos de recursos públicos.

Al candidato Meade le pega el hecho de que Universidades, SEDESOL y SEDATU estén en el centro del huracán de la endémica corrupción política mexicana. Diferentes dependencias, mismo esquema de operación y la misma titular. Al candidato Anaya le afecta lo de sus conexiones con amigos para lavar dinero. A AMLO, le pasará factura su relación con Napoleón Gómez Urrutia y su intención de hacerlo Senador plurinominal.

Todo ello ha provocado ataques entre todos los candidatos. Pero especialmente más virulentos los que se han dado entre los dirigentes priistas y panistas. El candidato del PRI y su equipo quieren bajar al panista del segundo lugar en las encuestas para luego, enfocar las baterías en contra de López Obrador. A favor tienen todo el aparato gubernamental, en contra tienen el tiempo y sobre todo, la indignación nacional.

Meade y Rosario Robles son responsables de dinero público. Anaya de prácticas ilegales con dinero privado. Pero también es corrupción y López Obrador es responsable -en sus ansias de sumar a su causa- de la poca transparencia con que ha manejado el tema del líder minero Gómez Urrutia.

¿Por qué si hay transparencia en el caso de las compras de Anaya? y en contraparte; ¿Por qué no sabemos nada de la trama de Odebrecht?, prácticamente no hay país latinoamericano que no haya sido manchado por la trama de la corrupción de la constructora mexicana y resulta que los funcionarios mexicanos, prácticamente “cruzaron el pantano de Odebrecht y no se mancharon”. Incluso, lo que sabemos de la “Estafa maestra” lo sabemos por las divulgaciones periodísticas. ¿Dónde están nuestras instituciones?. Su actuación parece facciosa y diseñada para que nuestros políticos las utilicen en contra de los enemigos del sistema.

Ninguno de los candidatos es más corrupto que el otro. Todos realizan las mismas prácticas. Ello puede concluirse diciendo que todo el sistema es corrupto. Y si todo el sistema es corrupto, es necesario cambiarlo.

Nuestro sistema político es clientelar; es decir, paga favores; una minoría que se organiza, se beneficia a expensas del interés público. Es también corporativista porque incorpora gremios, asociaciones, sindicatos, organizaciones a la gestión gubernamental, formándose así un entramado de intereses. Es también autócrata porque nuestros gobernantes tuercen las leyes a su favor y es de linaje; basta ver cuantos ex gobernadores intentaron e intentan heredar una gubernatura.

En el México del partido único y hegemónico, la élite política, premiaba a aquellos que cumplían con las reglas no escritas de la política mexicana, por ejemplo la disciplina partidaria, y castigaba a los que no lo hacían; e incluso; el sistema era capaz de cooptar a aquellos que potencialmente amenazaban su funcionamiento. En ese México, la corrupción conocida, era de grupos políticos del mismo partido hegemónico que representaban un peligro para los gobiernos en turno.

La competencia electoral no erradicó la corrupción mexicana. El pluralismo fortaleció el poder de los gobiernos locales. Es decir; el presidencialismo pronto tuvo competencia en los gobiernos locales. De manera tal que la corrupción mexicana se enraíza y ahora permea por todos lados.

El culpable de la corrupción mexicana es el sistema político; es decir, la forma de hacer política en México. Respecto a esto, ¿Qué proponen los candidatos?, ¿castigo, cacería de brujas, implementación de justicia a secas?.

Sería imposible que con solo la voluntad de un nuevo presidente, se pudiera detener la corrupción en México. Pero es la primera condición que debe de existir en un nuevo gobierno.

¿Anaya detendrá la corrupción?, cuando si bien; su affaire no involucra dinero público, ¿que lo detendría para repetir el esquema divulgado por las autoridades de la procuraduría?

Meade es el peor calificado. La clase política que oculta Odebrecht, que protagonizó lo de la “Casa Blanca”, el asunto del “socavón” lo impulsa y ello entre la ciudadanía genera la percepción -elemento tan importante en la política como lo es la realidad- de que una eventual presidencia a su cargo, significaría más impunidad.

Por su parte, López Obrador; en el ansia -legítima y pragmática- de sumar para ganar la presidencia; puede perder el rumbo. Hoy ve cómo se despedazan Meade y Anaya para alcanzarlo. Usando el tema de la corrupción como arma principal.

La corrupción como tema de debate llegó a las campañas presidenciales. En contraparte, en Chiapas el tema es la incertidumbre sobre la conformación de alianzas electorales y los nombres definitivos de quienes estarán en la boleta estatal electoral. Dos sexenios perdidos en una corrupción e impunidad galopante y casi todos los aspirantes “manejados por el mismo manager” a quien le deben su carrera política.

¿El tema de la corrupción también será parte del debate de las campañas chiapanecas?.

Twitter: @GerardoCoutino 

Correo: geracouti@hotmail.com

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