Los enredos de la UNICACH

Es claro que la historia no nos enseña, y parece que en Chiapas eso se convierte en reiteración constante. Y más cuando se encuentran involucradas instituciones estatales o, en su defecto, aquellas que siendo llamadas autónomas resultan estar intervenidas de distinta forma por los poderes ejecutivos estatales.

Con un escueto comunicado la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (UNICACH) dio por finalizado, de momento, el triste papel que le ha tocado representar en los últimos días debido a su errónea decisión de otorgar el Doctorado Honoris Causa al actual Secretario de la Defensa Nacional, el General Salvador Cienfuegos Zepeda. Lo anterior debido a las opiniones vertidas por un buen número de académicos de su Universidad, quienes respondieron desde el principio a la sorprendente decisión de otorgar tal distinción a un militar y, en concreto, a quien por su actual puesto tiene un sinnúmero de frentes abiertos debido a la violencia reinante en el país, y donde están involucradas, por desgracia, también las fuerzas armadas nacionales.

Si la idea de darle tal reconocimiento al General Cienfuegos nació del seno universitario, solo cabe pensar que sus cabezas visibles y pensantes que la dirigen desconocen el sentido mismo de un Doctorado Honoris Causa otorgado por una Universidad. Y aunque se otorgan a políticos o a luchadores sociales este tipo de distinciones, no cabe duda que siempre causan polémica cuando se traspasan las barreras del mundo académico.

Si por el contrario la propuesta vino de otros rumbos estatales o nacionales, tampoco es para lanzar cohetes sobre su capacidad de análisis. Y junto a esa torpeza, por decir lo menos, sería bueno que se reflexionara respecto a la utilización de las instituciones universitarias para servir a quién sabe qué intereses, pero ninguno de ellos ligado a la vida de una dependencia que debe ser bandera del pensamiento crítico.

Ante esta situación es comprensible que destacados miembros de la academia nacional, quienes recibieron ese mismo reconocimiento, renegaran del mismo por no desear compartirlo con el mencionado militar. Es necesario esperar qué ocurre con esas renuncias y si tienen otras consecuencias para la Universidad y su vida académica, pero de momento la repercusión nacional, e incluso internacional, de lo ocurrido pone en entredicho a una institución que debería preocuparse por el crecimiento de la oferta académica y por la consolidación de la investigación, uno de los pilares de la UNICACH desde su fundación.

Resultado de este penoso hecho, y que nunca debió ocurrir, es poner una tensión gratuita a la dependencia universitaria y más si se sabe que los militares tienen sus propios reconocimientos, mismos a los que nunca accederán profesores e investigadores del país o del extranjero.

Las universidades públicas del estado de Chiapas no viven su mejores días, y en muchos textos publicados en Chiapas Paralelo se ha abordado con profundidad y profusión esa penosa situación. Confiar en que las cosas cambien es un buen deseo, pero no parece ser la educación superior un interés para los gobernantes que vienen y van.

Ojalá este triste episodio del Doctorado Honoris Causa, subsanado in extremis, haga que muchos ciudadanos, con o sin vínculos universitarios, vean en esas instituciones educativas el espacio para el crecimiento del pensamiento crítico y, por ello, una avanzada social en la conformación de una ciudadanía comprometida con su realidad.

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