De Queen y la teoría queer

La interpretación que hacemos de la realidad –al menos la que consideramos como tal- se ven influenciadas por nuestros consumos culturales y mediáticos. Hago está aclaración porque este texto lo escribo a partir de mi gusto por  Queen y en particular de Freddie Mercury, que se ha avivado por el próximo estreno de “Bohemian Rhapsody”, una película biográfica del cantante, precisamente, hace unos días se estrenó  su primer tráiler.

Freddie Mercury murió de Sida en 1991, en ese mismo año Teresa de Lauretis acuña el término de teoría queer. El cantante bien pudo haber sido la representación viva de la teoría.

El vocalista de Queen, aunque es un icono de la homosexualidad, realmente, él nunca de forma pública se identificó como tal, no lo decía, pero su preferencia e identidad sexual no estaba limitada a una cuestión de ser hombre, mujer u homosexual.

El gran amor de su vida a quien le dedicó varias canciones y le heredó casi toda su fortuna fue a su primera novia Mary Austin, de quien en más de una ocasión se dijo enamorado. También eran públicas sus relaciones con hombres. Su forma de vestir no respondía tampoco a lo que se podría delimitar en una categoría de sexo o género.

La relación entre Freddie Mercury y el movimiento queer no es algo que haya salido solo de mi mente disparatada, otras personas también han personificado en el vocalista de Queen el movimiento.

En la serie de artículos que sacó la revista virtual Sinseentido sobre el movimiento Queer escribe: “Freddie Mercurie: Queen y Queer”. En este texto cuenta que fue el autor de “We will rock you”, quien hizo entender a muchos lo que significa ser queer: cuestionar las identidades de género, las tradiciones y los roles sociales. Ser lo que el individuo quiere ser independientemente de las etiquetas que se le ponga.

Mi conocimiento sobre la teoría queer era escaso –aún más de lo que  es ahora-. Sabía de ella por lo que pude ver en Wikipedia en medio de un debate acalorado, en una reunión entre amigas feministas, acerca de cómo esta teoría y movimiento invisibiliza el nuestro. También muchas personas del movimiento Lésbico, Gay, Bisexual, Trasvesti Transgénero, Transexual e Intersexual (LGBTTTI) pueden decir lo mismo.

Entendía que la teoría queer estaba en contra de que los géneros, identidades sexuales y las orientaciones sexuales fueran algo propio de la naturaleza humana, sino que es resultado de una construcción social y que como tal son extremadamente variadas.

No me equivocaba al pensar que la teoría rechazaba que a las personas se les clasificara por su sexo, identidad u orientación sexual, es decir, como hombre, mujer, heterosexual, homosexual, bisexual, transexual.

La teoría queer afirma que no todos los homosexuales son iguales, como tampoco las personas heterosexuales, que hay una diferencia que es atravesada por cuestiones de raza, condición social y género.

A primera vista pareciera que  lo que intenta es crear un terreno en blanco en donde no se reconozca ninguna identidad, pero más bien su principio es que no existe una sola identidad, sino muchas identidades. No se pretende construir un lugar en blanco, sino todo lo contrario, extremadamente multicolor. Las activistas de zoo queer lo resumen en una frase: “queremos reivindicar las identidades y no la identidad”.

Al igual que el feminismo, el movimiento queer tiene un principio anarquista, busca romper el orden establecido en la sociedad. “Pretende aprovechar el potencial subversivo de las sexualidades marginadas para cuestionar el orden social y político”.

¿Nuestro sexo nos define? ¿Nuestro género nos define? La respuesta para ambas preguntas para la teoría queer es no. Tengo mis reservas para identificarme como esta teoría, lo que sé, es que todas y todos tenemos que aprender a vivir en un lugar donde nuestro sexo, género, preferencia o identidad sexual no sea una razón para ser personas discriminadas, que nada nos impida disfrutar del talento de las y los otros, de disfrutar nuestro cuerpo, nuestro ser a plenitud. Lo que más me gusta de Freddie Mercury no es su magistral voz, sino la forma de transmitirnos, precisamente, la idea de disfrutar a plenitud nuestro ser.

 

 

 

 

 

 

 

 

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