AMLO, ¿apenas es el comienzo o la transformación en la medida de lo posible?

– Comandante: ¿me permite ir a casa a visitar a mi familia? Ya ganamos la revolución.

– Apenas ganamos la guerra. La revolución comienza ahora.

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– ¿Justicia? En la medida de lo posible.

Estas son históricas frases pronunciadas por latinoamericanos prominentes.

Con “la revolución apenas comienza” Ernesto Guevara de la Serna atajó a un miliciano que le pedía ir a su casa para visitar a su familia luego de la toma de Santa Clara.

¿Justicia? En la medida de lo posible. Decía Patricio Aylwin cuando como presidente de Chile, le tocó encabezar la transición a la democracia de un país que dejaba atrás la dictadura política de Augusto Pinochet; pero conservando este, un poder militar que lo hacía sentir cuando se sentía amenazado.

Con las elecciones del 2018; México se juega su futuro. Entre los mexicanos, el consenso es que mucho de los elementos políticos y económicos que hoy conforman al país deben de cambiar porque son injustos. Pero es de reconocerse también que hay mucha resistencia al cambio. En consecuencia, el país vive una efervescencia electoral inusual.

Teniendo las elecciones a la vuelta de la esquina; todo indica que Andrés Manuel López Obrador será el próximo presidente mexicano. Detrás de AMLO hay un fenómeno social que lo impulsa a la presidencia. Ese fenómeno es la indignación nacional ante la corrupción y la impunidad.

 

¿Qué falta? Que la “comentocracia” nacional y los empresarios acepten ya lo inevitable. Lo inevitable es la tendencia hacia la victoria de AMLO y esta tendencia se antoja irreversible.

El PRI y el PAN, cabezas de sus respectivas alianzas, si bajan los brazos; perderán el Congreso y tienen que pelear por curules e incluso gubernaturas. Digo aceptar ya lo inevitable, porque lo otro sería caer en validar o dejar pasar lo único que queda: “el fraude patriótico”.

Lo ideal en estos momentos es concentrarnos en el país que queremos ser.

En ello se necesitan las voces de los partidos políticos de oposición, la de los líderes de opinión, de las organizaciones sociales y por lo menos de los especialistas en desarrollo.

 

¿Que quedará de los partidos políticos?

AMLO según las encuestas arrasará en el Congreso. No habrá un partido político que se enfrente a MORENA en la Cámara de Diputados y en la de Senadores.

¿Quién desde las tribunas de los poderes nacionales se enfrentará a la aplanadora de AMLO?. ¿Habrá políticos con voz crítica?.

¿Qué o quienes serán la oposición a López Obrador?

 

La mayoría de los líderes de opinión han demostrado también que no comulgan con el ideario político y económico de López Obrador.

También, los empresarios nacionales tienen aversión a las políticas fortalecen el “estado de bienestar”. Precisamente la bandera política del tabasqueño.

¿Por qué la aversión de los políticos, de los empresarios y de una buena parte de la sociedad a su personalidad y a su proyecto político?

Uno de los elementos que configuran esa aversión es el supuesto regreso del “estatismo” autoritario. El miedo al regreso de los subsidios generalizados y las deudas nacionales que ocasionaron.

Ahora a ese miedo, súmele que sin duda AMLO será un presidente muy poderoso. Probablemente será el mandatario que concentre mayor poder desde Luis Echeverría Álvarez. Andrés Manuel López Obrador será quien personifique la primera presidencia sin contrapesos en veinte años.

Con honestidad personal y de todo su gabinete, con austeridad presupuestal; AMLO piensa llevar el bienestar a los hogares de todos los mexicanos. ¿No deberían ser los corruptos los únicos que tienen que tener temor de su eventual gobierno?

El miedo se lo tiene toda la clase política, que verá como la aplanadora de MORENA aprobará todo lo que AMLO y su equipo compacto proponga. Y entonces tendrá -la clase política del PAN y el PRI- que refugiarse en sus partidos políticos; los cuales -según las encuestas- tendrán poca representatividad popular.

El miedo también se lo tienen muchos empresarios que ven en sus propuestas económicas un regreso al pasado. Pero cabe la pregunta: ¿En una economía cerrada, no son los empresarios nacionales los que se hacen más ricos al evadir la competencia internacional?.

Con tanta aversión encima; pero con un apoyo popular que lo tiene a las puertas de la presidencia nacional; AMLO se encuentra -guardando las proporciones- en una disyuntiva transcendental: o se comporta como el Che Guevara y quienes construyeron la revolución cubana; o lo hace como Patricio Patricio Aylwin, quien poco a poco consolidó una de las democracias más sólidas de Latinoamérica.

 

AMLO sueña -como muchos otros mexicanos- con un futuro mejor para el país y mejor que nadie sabe que ese sueño pasa por dos condiciones esenciales; detener la desigualdad y repartir mejor la riqueza.

Particularmente, yo pensaría que lo mejor que le podría pasar al país es que AMLO encontrara alguna especie de fórmula para unir a todos en pos de esos objetivos; una vía sería consolidar la democracia. Pero es obvio que no soy AMLO.

Por eso, ¿Cómo pensará iniciar su gobierno?

¿Cómo lo ilustra la anécdota del Che Guevara? Es decir, ¿comenzando a construir un nuevo país de acuerdo a lo que piensa que es lo correcto?

¿Tendrá la capacidad de escuchar? ¿Cobrará alguna especie de venganza con sus críticos políticos y empresariales?

Sobre todo; ¿comenzar de cero, destruyendo todo lo anterior es lo mejor para el país?

O tal vez; AMLO sería una especie de Patricio Aylwin. Avanzando en la medida de lo posible.

Esto implicaría dejar intactos muchos actos de impunidad. Pero al mismo tiempo, fortalecer el estado de derecho y la paz social; para que la justica sea ejemplar y el estado-nación efectivo en la ejecución de los programas de gobierno.

Avanzar en la medida de lo posible; como fue el “modelo chileno” de transición a la democracia, no resultó una tarea fácil por los enconos sociales. Pero hoy Chile tiene una de las democracias representativas más sólidas de América.

Después del 1o. de julio, muchos mexicanos festejarán, otros tantos estará disgustados. Indudablemente habrá que construir un nuevo modelo económico más justo y un sistema político que guarde los necesarios equilibrios democráticos.

El asunto es saber a qué está dispuesto López Obrador; a cambiarlo todo o a avanzar en la medida de lo posible. Su paso a la historia, -eso que tanto le preocupa y le ocupa- dependerá de su decisión personal, porque de entrada; todo indica que no tendrá contrapesos, ya que arrasará.

Twitter: @GerardoCoutino

Correo: geracouti@hotmail.com

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