Definición de barrio

Foto tomada de Chiapas Travel

El diccionario de la Real define a barrio de la siguiente manera: “Cada una de las partes en que se dividen los pueblos y ciudades”.

Como se ve es una definición que ya no corresponde a la realidad. En Comitán aún subsisten barrios tradicionales, pero los nuevos núcleos poblacionales se designan con el nombre de colonias o, de manera más chic, con el nombre de fraccionamientos residenciales. ¡Pucha!

Por eso, ahora no es extraño escuchar que a fulano de tal (político nice) “le falta barrio”. Bueno, parece que no sólo a ellos, a los pueblos de esta patria les falta barrio.

El maestro Julio Avendaño contaba que, al principio, la palabra barrio fue aplicada al territorio que estaba afuera de la muralla de la ciudad; es decir, los barrios pertenecían a los arrabales. Tal vez de ahí viene el complejo actual de llamar colonia a todos los conglomerados de la periferia. Los ciudadanos de abolengo habitaban el centro y el centro estaba lejos de los barrios.

En la Ciudad de México aún existe tal distinción. El centro se llama Centro Histórico y el barrio se llama, por ejemplo, Tepito, y Tepito es lugar de boxeadores. Es cierto, Tepito ha dado luz y lustre al país a través del boxeo, basta mencionar al Púas Olivares para identificar territorio de gloria mundial. Pero, Tepito es sinónimo de territorio alambre de púa, como para honrar al boxeador Olivares.

No sé qué piensen ustedes, pero a mí me gusta la palabra barrio. Crecí con ella. En primaria algún maestro (no sé determinar bien a bien quién), en clase, comentó que los barrios identificaban los oficios, que así había sido en la Ciudad de México, cuando ésta era una ciudad afectuosa. El maestro dijo que en San Cristóbal de Las Casas había un famoso barrio, llamado Cuxtitali (¡Ah, qué sonido tan bonito!), en el que, la mayoría de sus habitantes, se dedicaba a la matanza de cerdos. Cuando el  maestro lo dijo pensé que los de Cuxtitali eran como primos hermanos de los comitecos que vivían en el barrio de La Cruz Grande, porque en la Cruz Grande también se dedicaban a matar cuches. De hecho, quienes vivían en ese barrio (en los años sesenta) se les llamaba “Cushes”.  Teníamos un compañerito que así le decíamos: Juan Cush, porque vivía en el barrio de la Cruz Grande.

¿Han escuchado lo de Barrio Chino? Miguel me cuenta que hubo un tiempo que casi casi fue sinónimo de zona de prostitutas. Yo nunca lo había identificado así. Yo siempre he pensado que el Barrio Chino es el lugar donde hay restaurantes de migrantes de aquel país. Rafael Bernal, escritor mexicano, escribió una novela muy digna, “Complot Mongol”, cuya trama se desarrolla en el barrio chino de la Ciudad de México. Claro, por ahí caminan prostitutas, porque ellas se mueven en las calles del centro, pero no es un lugar exclusivo de burdeles. Si de putas hablamos, tal vez hay más  en el ya mencionado barrio bravo de Tepito.

Por mangas o por anchas, la palabra barrio está inserta (como si fueran viejos tiempos) afuera de la muralla del diccionario, en territorio de barriada, de ahí que la palabra se considera “innoble”; por esto, los que sueñan con vivir en ciudades de primer mundo buscan vivir en colonias o en zonas residenciales y se alejan de los barrios.

Nos faltan barrios. Para seguir viviendo en ellos, necesitaríamos realizar toda una campaña de dignificación de la palabra. Ponerla en contraste con el pomposo término de zona residencial y decir que el barrio fue como el cordel de luz que circundaba a los pueblos del mundo.

Nos falta barrio; es decir, nos hace falta reconocer que somos pueblo.

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