La oportunidad del cambio en Chiapas

#Elecciones2018 – Foto Francisco Velazquez

Por Daniel Villafuerte Solís[1]

Se repitió la historia, ahora recargada de odios, de insultos, vituperios, con una concurrencia abrumadora de empresarios aferrados a la continuidad del sistema que se han enriquecido al amparo del Estado mexicano neoliberal. Fue grotesca la cantidad de dinero que se gastó en las elecciones, a lo formal que fue de poco más de 28 mil millones de pesos -la más cara de la historia del país-, se añade el financiamiento de los gobiernos estatales y municipales; el gasto a través de la informalidad para comprar votos, en los espacios rurales se cotizó en 500 pesos, en espacios urbanos importantes entre 1500 y 2500, en lugares emblemáticos del Estado de México hasta 5000. Esto se acompañó de la entrega de despensas y una variedad de bienes. La violencia también marco el punto de inflexión antes y después de las elecciones, sobre todo en estados y municipios, lo que provocó que muchos candidatos se retiraran de la contienda.

La carga negativa, sin embargo, tuvo su contraparte destacada: una sociedad civil más organizada, más contestataria, más decidida a un cambio con el único que tenía enfrente: Andrés Manuel López Obrador. La conclusión es que el triunfo fue de la ciudadanía, no de las autoridades electorales, porque fue una contienda desigual contra el candidato López Obrador: el dejar hacer y dejar pasar del INE, del TRIFE, y la FEPADE a las campañas para influir miedo en la población votante; los medios de comunicación, las redes sociales expresadas en distintas plataformas; la compra de votos con dinero en efectivo, con tarjetas rosas del PRI y IBU de Ricardo Anaya, a lo que se suma las candidaturas fraudulentas de “El Bronco” y Margarita Zavala.

Se podría decir que el sueño de López Obrador se cumplió a pies juntillas, se produjo una revolución pacífica, un cambio en muchos sentidos: la actitud de la gente hacia el proceso electoral, la disposición de apostar por el cambio por la vía electoral, y la derrota estrepitosa del PRI y del PAN.

Morena se convirtió en la primera fuerza política del país, en un tiempo extremadamente breve. En Las regiones y en los estados del país se produjo un cambio fenomenal, sobre todo en el norte de México considerado un bastión electoral del PAN.

A más de ocho días de las elecciones, la normalidad de se impone, el tiempo comienza a contar en espera de los cambios prometidos, los equipos de trabajo del nuevo gobierno se mueven al ritmo que marca el pulso del norte y del sur. El norte retoma la agenda pendiente, pronto se tendrá la visita del Secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, reunión en la que tendrán participación destacados miembros del nuevo gobierno electo. En el sur los procesos son más lentos, la mirada hacia el sur, salvo por la presión de Estados Unidos, son otros tiempos: Centroamérica no es prioridad, salvo en asuntos de seguridad nacional, migración y narcotráfico. En medio de la geografía del sur está Chiapas, el estado más fronterizo, con una carga del tiempo histórico que reclama cambios estructurales porque no puede resistir otro sexenio de gobierno banal.

El recuento de los dos sexenios anteriores es altamente negativo, con una población de 4.2 millones en condición de pobreza y 300 mil refugiados laborales en Estados Unidos. Un estado con una deuda pública que en este periodo se multiplicó por 20, con el consecuente efecto en el desabasto de medicamentos básicos en las instituciones de salud; con enormes rezagos educativos y de falta de empleos de calidad. La informalidad laboral a todo lo que da, lo importante es comer, sobrevivir, de ahí el crecimiento extraordinario de la informalidad en su amplio sentido en toda la geografía chiapaneca.

Se trata de un Chiapas profundamente desgarrado en su tejido social, con altísimos niveles de conflictividad, de feminicidios. La disputa por los espacios es cada vez mayor y de allí los enfrentamientos armados en varios municipios de Los Altos, de la región Norte, y algunos municipios de la Selva y Sierra. Esto acompañado de una economía estancada y en franco decrecimiento en los últimos tres años. Un sector rural postrado, que ya no produce sus propios alimentos, con regiones erosionadas en su dinámica productiva, antes boyantes, como el Soconusco y Los Valles Centrales.

En cambio, asechan empresas mineras que tiene en concesión al menos 1.5 millones de hectáreas, proyectos hidroeléctricos y extracción de hidrocarburos, que abonan a una economía extractiva que en décadas no ha mejorado las condiciones de vida de amplios sectores de la población chiapaneca.

Ciudades deterioradas, sin servicios elementales como el agua potable y seguridad, llenas de baches y topes, vendedores ambulantes que se agolpan para sacar el día. Niños, jóvenes y mujeres que llevan en sus espaldas a un bebé y otro de la mano, así como señores de la tercera edad, algunos de ellos discapacitados, forman el paisaje de las esquinas de algunas ciudades.

Universidades públicas que sobreviven con magros presupuestos, dirigidas por personas sin trayectoria académica, que no entienden el papel de la universidad en las transformaciones de la sociedad, no abonan a su crecimiento y consolidación.

Todo esto es parte de la estela de problemas que han dejado los gobiernos de los últimos sexenios, preocupados por acrecentar su patrimonio personal y familiar, sin percatarse que con ello abonan a la destrucción del ambiente social y natural.

La nueva administración tendrá que responder a estos desafíos si no quiere pasar a la historia de los malos gobiernos. Tendrá que cambiar el estilo de gobernar, de establecer vínculos con distintos sectores de la sociedad, de romper con la paradoja imperante: a mayor presupuesto, mayor pobreza. Tendrá que romper con la perversa y dañina cultura patrimonialista y clientelar. Tendrá que entender que gobernar no es sólo regalar despensas. Tendrá que gobernar con un equipo de colaboradores, con capacidad técnica-analítica y comprometidos con el cambio. Tendrá que limpiar la administración de aviadores y de mantener en los puestos a recomendados, compadres, amigos.

El reto es enorme, pero se puede, si se quiere, veremos en las próximas semanas, meses y los primeros 160 días de gobierno si hay cambios en la dirección que ha marcado Andrés Manuel López Obrador y sus mandamientos asumidos en la campaña por el gobernador electo en Chiapas: “no robar, no mentir, no traicionar”.

[1] Investigador titular del Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica-UNICACH; miembro del Sistema Nacional de Investigadores, premio nacional en investigación económica Jesús Silva Herzog.

Un comentario en “La oportunidad del cambio en Chiapas”

  1. Manuel Enrique Velasco Peña
    8 julio, 2018 at 14:44 #

    AL PUEBLO EN GENERAL, QUE SE ENTIENDA, QUE NI RUTILIO ESCANDÓN, NI CARLOS MORALES, ERAN ESTABAN CONSIDERADOS, AHORA BIEN ES EL PROPIO PUEBLO QUE DESAFORTUNADAMENTE NO LE QUEDO DE OTRA, QUE VOTAR POR ELLOS, PORQUE ASÍ TENIA QUE SER PARA QUE LA CUÑA APRIETE, PERO AHORA LA CIUDADANÍA TIENE QUE SER PARTICIPE EN LA VIGILANCIA DE QUE SE CUMPLA CON HECHOS, TODOS LOS COMPROMISOS PLANTEADOS, Y SE HAGA UNA LIMPIA Y CAMBIO ROTUNDO, DE TODO LO MAL QUE ESTA, EN CHIAPAS, ASÍ COMO SEXENIOS ANTERIORES, PUEBLO DESPIERTA Y PARTICIPA, TIENES EL PODER.

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