Chiapas en el contexto de la “cuarta transformación”

En un proceso de planeación que quiera desarrollarse, lo primero es tener a las personas que tengan el conocimiento necesario para hacerlo. Porque lo segundo es hacer el diagnóstico correcto; y tercero, es primordial que quienes implementen ese proceso de planeación en la realidad tengan la suficiente capacidad para ello.

Implementar políticas públicas implica conocer la realidad socio económica, histórica y cultural del lugar donde se piensan precisamente implementar dichas políticas públicas. Esto porque hay que buscar el consenso; es decir, también se tiene que tomar en cuenta lo que los ciudadanos quieren que un gobierno que eligieron realice.

Chiapas es uno de los tres estados del país con más subdesarrollo. México no es un país completamente desarrollado. Es decir, los chiapanecos tenemos subdesarrollo sobre más subdesarrollo y ello se nota en las dificultades para alcanzar una paz social, en ausencia y deficiencia de nuestros servicios de salud pública, empleo precario, bajos niveles educativos y falta de motores para su desarrollo, entre otras condiciones.

 

¿Cómo nos “pega” a los chiapanecos el subdesarrollo?

Imagine que el “Tren Maya” que propone el gobierno de López Obrador para potencializar el sureste es un éxito en construcción y operación. En ese escenario, el tren impactará sobre el turismo y por lo tanto en los servicios y el comercio de toda la región de influencia.

Por mano de obra para la construcción del tren no habrá problema. Cientos o miles de chiapanecos obreros de la construcción solicitarán trabajo. Un trabajo que en Chiapas por cierto escasea y que puede crear puestos y beneficiarios indirectos.

Pero, ¿el estado tiene técnicos en tráfico? ¿hay expertos capaces en aplicación y creación de software de transporte? ¿Chiapas forma ingenieros y diseñadores especialistas en trenes? Obviamente no. Por eso no dejaremos atrás la precariedad laboral; porque los especialistas vendrán de otras partes del país o incluso del extranjero. Estos profesionistas que nos faltan, todavía tendrán que ser formados por las universidades. Chiapas está a años luz de la era tecnológica y científica que domina al mundo.

Esto nos indica que, parafraseando al Nobel de Economía Amartya Sen, Chiapas necesita reemplazar una idea de simple desarrollo económico, a una de desarrollo humano. Necesita al mismo tiempo nuestro estado empleo, mejorar los ingresos, pero también salud, educación, por ejemplo. Pero, además; se necesita un desarrollo de políticas públicas para Chiapas que no partan del dogma, sino de su realidad. Es decir, no es lo mismo diseñar políticas públicas para Nuevo León que para Chiapas, ni para la frontera norte que para la frontera sur.

En Chiapas se requiere un gobierno fuerte -incluso invirtiendo- y en el norte, lo que se requiere es darle prioridad a un gobierno gestor. En la frontera norte se toma en cuenta la defensa del idioma, el impacto del choque cultural americano y en la frontera sur ello no sucede; por eso las prioridades son otras. Ello sin mencionar la cuantía de los intercambios comerciales diarios en la frontera norte.

Precisamente, mucho que ha fallado en Chiapas, es por falta de un gobierno efectivo, una administración pública y una clase política que busque la eficiencia económica y la distribución correcta de los recursos que dispone.

 

La “falla o fracaso del gobierno”

Al contrario de una falla de mercados, que se produce por las distorsiones de las libertades económicas y que puede resolverse con la intervención gubernamental; una “falla o fracaso del gobierno”, solo empeora las cosas.

En Chiapas los gobiernos municipales y los sucesivos estatales han despilfarrado el presupuesto. El gobierno no gasta el dinero de una manera aceptable y ello produce y reproduce la pobreza. Además, la tragedia es doble, porque no solo no se combate efectivamente a la pobreza, las inversiones que se realizan en nombre del “gobierno” es con dinero de los contribuyentes y el beneficio es solo para unos pocos; generalmente la clase política.

Milton Friedman decía que si pones al gobierno a cargo del Desierto del Sahara, en cinco años habrá escasez de arena. Chiapas y sus paradojas le dan la razón a Friedman. En territorio zapatista, las comunidades -sin o a pesar del gobierno- siguen siendo pobres, pero son autosuficientes en sus necesidades básicas o casi lo son; en cambio en el resto del estado, se necesita al gobierno para subsistir. Pero ese gobierno históricamente no ha sido efectivo.

En ese sentido, ante la ausencia de gobierno que se siente en Chiapas: ¿Por qué no defender la autonomía de los pueblos originarios? La intervención gubernamental los pueblos originarios solo la sienten como saqueo y por sus efectos nocivos. La industria minera y los efectos de la introducción de la Coca Cola son prueba documentada de ello.

Otra consecuencia de la “falla o fracaso del gobierno” en Chiapas, es la abundancia de “elefantes blancos”. Esto una carga costosa de construcción de infraestructura que no cumple con las expectativas, sus funciones y que además se vuelve costoso de mantener. Chiapas está lleno de elefantes blancos.

Ante el hecho concreto de que a partir del 1ro de diciembre de este año habrá un nuevo gobierno federal y a partir del día ocho de ese mismo mes; el riesgo que corre Chiapas es lo que le ocurra lo que los médicos llaman el “sobre-diagnóstico”. Es decir, un diagnóstico puede salvar vidas, pero también puede llevar a tratamientos que no sirven y que pueden causar daño.

En tal sentido, Chiapas necesita un diagnóstico económico correcto, generado a partir de la planeación precisa de lo que se necesita. Y además, que los cargos públicos se le otorguen a la gente con suficiente experiencia y conocimiento de cada sector y no sean parte de un botín político que tiene que repartirse.

No menos importante es que la clase política que surja del partido MORENA busque el consenso entre los ciudadanos que gobernará. ¿Cuáles son las prioridades de esos ciudadanos? ¿Coinciden con las del nuevo partido hegemónico?

Chiapas es complejo y paradójico, porque es diverso geográfica y culturalmente, pero poco diversificado productivamente. A esa complejidad añádale su atraso y la cleptomanía histórica de su clase política.

Chiapas necesita transformarse y para ello requiere la ayuda federal. La cuarta transformación que Andrés Manuel López Obrador ofrece para el país, para Chiapas tendrá que ser una transformación que detenga la sangría de sus recursos públicos, que garantice la paz social y que incremente los niveles de ingreso de sus habitantes a partir no de obras de relumbrón ni de ocurrencias, sino de inversión pública que genera las condiciones para un crecimiento económico sostenido.

La cuarta transformación del país en su versión chiapaneca, debe de empezar por encontrar las políticas públicas que detengan la rapacidad de su clase política, para hacer que su gobierno sea efectivo. Detener la corrupción y la impunidad, pero también generar condiciones para el desarrollo económico y de las capacidades de sus habitantes debe ser la misión del nuevo gobierno.

Twitter: @GerardoCoutino

Correo: geracouti@hotmail.com

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