Chiapas. La urgencia de la agenda política poselectoral

Foto: Francisco Velázquez

María del Carmen García Aguilar[1]

El triunfo arrasador de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en las elecciones presidenciales del 1º de julio del presente año, inhibió los claros oscuros de las elecciones en las entidades federativas, como es el caso de Chiapas. Indicarlos resulta un punto de partida básico para una sociedad local que ya tiene la percepción de que “la política en Chiapas seguirá igual o peor”, como si la fuerza de la Cuarta transformación de México, anunciada por el futuro presidente de México, devendrá en un compromiso ajeno a Chiapas y a su sociedad.

Brevemente: el proceso prelectoral estuvo dominado, bajo el liderazgo de Manuel Velasco Coello, por el Partido Ecologista Mexicano (PVEM), partido que prácticamente engulló a su partido aliado, el Partido Revolucionario Institucional (PRI); eliminó la precaria fuerza política que aún le quedaba al PRD y destruyó en su totalidad al Partido Acción Nacional (PAN). Ninguna sorpresa que columnistas, ciudadanos y políticos, reconocieran que las elecciones locales de 2018 se estaban definiendo “desde el bunker de guerra, situado en la casa de gobierno de Chiapas”, de manera que el proceso prelectoral estuvo dominado política y mediáticamente por las tensiones y coyunturas de un proceso que, en su contexto nacional, arribaba a horizontes políticos inéditos, y desde ese contexto, los inevitables desenlaces en la composición de las candidaturas locales y federales.

Ello explica un proceso prelectoral en el que la ausencia de la lucha partidista fue sustituida por escándalos mediáticos que desvelaban no sólo  las tensiones derivadas de las decisiones en las candidaturas locales y federales, sino también las supuestas indecisiones del mismo gobernador, al asumir su compromiso con su partido y con la alianza nacional Vamos por México para posteriormente visibilizar su apoyo a la alianza Juntos Haremos Historia. Todavía en enero del año electoral, las listas de los candidatos elaboradas en la casa de gobierno de Chiapas, refrendaban la alianza PRI/PVEM/PANAL, indicando con ello el pacto entre el PVEM y el PRI en Chiapas, pacto acordado en los Pinos con Peña Nieto y el candidato a la presidencia José Antonio Mede, siendo significativo el arranque de la candidatura de este en San Juan Chamula.

El espectáculo mediático local evidentemente intentó ocultara la jugada mayor. El anunciado rompimiento del PVEM con el PRI en Chiapas se justificó por la imposición de la cúpula aliancista del candidato a la gubernatura. De ello derivó, que Eduardo Ramírez del PVEM anunciara que buscaría la candidatura a la gubernatura de Chiapas. Los sucesos posteriores posibilitaron que algunos medios acusaran a este último de un posible cambio de partido, y otros que sostenían su inquebrantable lealtad a su partido, otros más adujeron que AMLO buscaba integrar al Jaguar Negro a sus filas. A la brevedad, se anunció la candidatura por la alianza local PVEM/PCU/MVC, de Fernando Castellanos Cal y Mayor presidente municipal de Tuxtla Gutiérrez, aún en funciones.

El hecho “real”, a decir del líder nacional del PVEM fue que la alianza entre su partido y el PRI no se rompió en Chiapas, y esperaba, ya cerca del día de la elección, cerca de un millón de votos para el candidato Meade. No ocurrió y no deja de ser irónico que, pasadas las elecciones, el gobernador chiapaneco, aún en funciones, fuera designado senador plurinominal, coordinador de su partido en el senado, y más recientemente designado como presidente del Consejo Político de su partido.

Como en muchas entidades del país, la fuerza de López Obra y su partido MORENA en Chiapas era incontenible, y podría pensarse en la decisión razonable del gobernador de Chiapas y nada extraño el acompañamiento cupular de su partido. Los resultados están a la vista: el gobernador electo, magistrado del poder judicial y amigo entrañable de MVC; las dos senadurías uninominales ganadas por MORENA están en manos de exfuncionarios y exoperadores del PVEM, a la que se suma la senaduría plurinominal en la persona del gobernador por el PVEM. En la Cámara Baja, se registra que el mayor número de diputados son de MORENA ¿Cuánto de éstos son amigos y excolaboradores del gobernador, y de origen tucanense? Por otra parte, el nuevo Congreso del Estado tiene el rostro mayoritario de MORENA, pero vale hacerse la misma interrogación. Los ayuntamientos reflejan más el Chiapas bronco, la coalición Juntos Haremos Historia registra 26 ayuntamientos ganados, pero las alianzas locales y los partidos del PVEM, PRI, y los dos partidos locales, creados exprofeso para estas elecciones, por el gobernador, son mayoría e indican de alguna manera que el PVEM y el PRI existen. No olvidemos que en 2012 la alianza de éstos, concentraron el 75.5 por ciento de las presidencias municipales y el 70.7 de los escaños en la legislatura estatal, suficiente para hacer de Chiapas lo que hoy es.

Seamos optimistas, y reconozcamos que AMLO es la fuerza principal de este nuevo entramado político, que los candidatos electos los son por el arrastre del hoy presidente electo que, bajo una nueva oferta política, logró una votación nunca vista. Junto con el gobernador electo, Rutilio Escandón, enfrentarán un desafío extraordinario, pero para cambiar el Chiapas que hoy es, debe iniciar desde la política. Termino esta reflexión con la interrogante ¿Dónde está la izquierda de Chiapas?

[1] Investigadora del Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica, de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas. Integrante del Observatorio de las Democracias: Sur de México y Centroamérica. Correo: mcgarcia2005@yahoo.com.mex

 

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  1. Chiapas. La urgencia de la agenda política poselectoral – Observatorio de las Democracias: sur de México y Centroamérica - 30 agosto, 2018

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