Definición de desconocido

Pintura de Vincent Van Gogh

México es un país conformista, un país que, históricamente, se ha acostumbrado a la medianía. Basta analizar, así en la superficie, el siguiente dicho: “Más vale malo por conocido, que bueno por conocer”, para entender por qué el país no modifica hábitos nefastos.

¿De veras nos creemos eso de que más vale malo por conocido, que bueno por conocer? Sí, así somos. Veamos un  ejemplo reciente. En el año 2000, México decidió sacar de la presidencia de la república a un integrante del PRI. El hartazgo era tal, que los votantes decidieron votar por la derecha. Por fin, después de más de sesenta años de lo que Mario Vargas Llosa definió como “La dictadura perfecta”, el país pareció decidido a enterrar la secuela de gobiernos corruptos emanados del Partido Revolucionario Institucional. Pero, ¡ay, Señor!, doce años después, los votantes decidieron que regresara el PRI. ¿Cómo era posible tal absurdo? La única explicación racional está dada por nuestra carga cultural hereditaria, los mexicanos aplicamos el nefasto dicho de “Más vale malo por conocido que bueno por conocer”. Esto tiene relación directa con el también famoso y negativo “Pégame, pero no me dejes”, que aplican las mujeres violentadas. Estas mujeres convierten el dicho en el siguiente: “Más vale vida mala y violenta por conocida, que vida nueva y armoniosa por conocer”. ¿Quién, en  su sano juicio, puede pensar que esto sea el ideal de vida? Ah, pues, millones de mujeres violentadas. De igual manera, millones y millones de mexicanos decidieron en 2012 que el PRI malo por conocido regresara antes de que accediera al poder otro partido político nuevo por conocer. ¡Uf!

Cualquiera diría que nos cuesta mucho aspirar al cambio, tenemos una propensión a estar en una zona de confort aunque este confort sea como una cama con un colchón lleno de alambre de púas. Hay un cierto regusto en el sufrimiento y una actitud complaciente ante la vida miserable. Nos regodeamos en el lodazal de lo malo por conocido.

Pero, ¿qué significa el término conocido? ¿Por qué contiene esa carga de cierto grado de indignidad? El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española dice que, en una primera acepción conocido es “distinguido, acreditado, ilustre”; y en una segunda acepción: “Persona con quien se tiene trato o comunicación, pero no amistad”. Tal vez esta dualidad es lo que provoca la confusión. Una primera acepción nos dice que conocido es algo distinguido, acreditado e ilustre, y una segunda acepción nos dice que es alguien con quien no se aspira a tener amistad.

En México parece que nos gana la primera acepción, lo conocido es lo ilustre, por eso nos deslumbramos ante lo “malo por conocido” y desechamos la posibilidad de que a nuestra vida llegue lo bueno, que rechazamos por desconocido.

Si nos fuéramos más por la segunda acepción hallaríamos lo que es una certeza, pero que no advertimos: Lo conocido es imposible que sea conocido. Un amigo me decía que no alcanza la vida para conocer al otro; es decir, nada en el universo puede ser conocido. La característica esencial del universo es, precisamente, su capacidad de misterio, de la imposibilidad del conocimiento total.

La ciencia se atreve a ir por terrenos desconocidos, ahí encuentra los hallazgos.

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