Definición de lugar

Berthe Morisot – Eugène Manet

Radamés dice que no hay mejor lugar que el corazón de la persona amada, que es el espacio entrañable donde todo mundo quiere estar.

El diccionario define a lugar como: “Porción de espacio”. Así que Radamés no está equivocado. Los amantes desean estar en el corazón del otro.

Pero, de acuerdo con lo que Radamés dice y lo que dice el diccionario, podemos pensar que cada persona tiene su propia definición de lugar y éste no siempre define al lugar deseado. Cuando alguien sufre un accidente, los periodistas se solazan diciendo: Estuvo en el momento más inoportuno, en el lugar equivocado.  Cuando a alguien le sucede un acto prodigioso, bien puede decirse que estuvo en el lugar preciso, en el momento indicado.

¿Cómo saber cuál, entonces, es el lugar que nos corresponde? ¿Cómo invocar los lugares precisos para que siempre nos vaya bien?

La mayoría de amantes se da cuenta, con el paso del tiempo, que el corazón del otro no era el lugar anhelado. Esto sucede así (los sicólogos nos han explicado) porque cuando alguien se enamora ensalza las virtudes y cancela los defectos; es decir, construimos un espacio irreal, uno a la medida de nuestros deseos. El lugar ideal nunca estará fuera de nosotros.

Con lo anterior podemos colegir que hay lugares reales y lugares ideales. Los seres humanos poseemos la capacidad de idealizar lugares; además (esto nos lo ha enseñado la física) siempre ocupamos un lugar, en cualquier instante. Hay una ley física que a mí me encanta, es la Ley de la impenetrabilidad que dice: “Ningún cuerpo puede ocupar al mismo tiempo el lugar de otro”. Yazmín se bota de la risa, porque dice que los choferes de las combis colectivas van en contra de tal principio, porque ellos sí meten a pasajeros en el lugar donde hay otros.

Si aplicamos la Ley de la Impenetrabilidad a nuestras actividades cotidianas vemos que es inmutable: No podemos ocupar el lugar de otro.  Lo mismo sucede cuando la aplicamos en el plano intelectual. ¿Cuál es el lugar ideal? ¿Cómo estar siempre en el lugar indicado, en el momento preciso?

Advierto (los lectores también) que existen lugares físicos dados y lugares que es posible diseñar, conforme a los intereses.

Radamés es un cinéfilo de toda la vida. Iba al mítico Cine Comitán casi todas las tardes. Los domingos nos reuníamos y juntos íbamos a la matiné, salíamos, corríamos a nuestras respectivas casas, y después de comer, volvíamos a vernos para ir al Comitán o al Cine Montebello. Los domingos veíamos cuatro horas de cine en la matiné y tres horas en la función doble, ¡siete horas de cine! Ah, en ese tiempo, éramos como los críticos de cine que ven muchas cintas en el Festival de Cannes o en el Festival de Cine, de Morelia. En ese momento (así lo pensábamos) estábamos en el lugar indicado, en el momento oportuno, en el instante que la vida tomaba su mejor cara. Niños, entonces, construíamos nuestros instantes y nuestros lugares.

Siempre ocupamos un lugar, en todo instante. Parece que el chiste de la vida es estar en el lugar donde coincidamos con nuestros deseos o, si lo anterior es imposible, aceptar con tolerancia el lugar donde nos coloca el destino, que, en muchas ocasiones, es un ente que nada sabe de nuestros deseos y anhelos.

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