El Cruz Azul y los derechos humanos

UNO

Crecí en una casa donde un cuadro del equipo de fútbol  Cruz Azul coronado campeón estaba en un lugar importante de la sala. Cuando era niña le pregunté a mi padre ¿por qué su afición a este equipo? Su respuesta no tuvo nada que ver con el deporte, sino con el sindicalismo.

Me contó que cuando era joven coincidió con un grupo de trabajadores sindicalistas de la empresa cementera y fueron ellos los que le empezaron hablar sobre los derechos laborales. No crean que esta clase sobre organización política sindical la tuvo en una asamblea o algo así, sino en el medio tiempo de un encuentro del Cruz Azul.

Cuando hablamos con mi papá sobre cómo empezó su afición del Cruz Azul estaba leyendo “La Rosa Blanca” de B. Traven, de los pocos libros que habían en la casa cuando era pequeña. Así que el relato de mi padre sobre el equipo de fútbol y los derechos políticos sindicales me maravillo aún más desde ahí mi decisión de irle al Cruz Azul atraviesa por una cuestión política construida con base a algo anecdótico.

La decisión de irle a un equipo pasa, en la mayoría de los casos, por una cuestión anecdótica, que solo tiene significado al analizarse en el contexto personal.

DOS

Desde hace días he leído y escuchado diferentes comentarios sobre el vídeo que circula de los jugadores del Cruz Azul, Martín Cauteruccio y Javier Salas, quienes supuestamente fueron grabados en una alberca acariciándose.

Los comentarios homófobos tanto de la prensa deportiva como los aficionados pone en evidencia que nos falta mucho por trabajar en el tema de los derechos de la población lébisco, gay,  bisexual, travesti, transexual, transgénero e intersexual (LGBTTTI).

La directiva del Cruz Azul no ha hablado del tema, ni los jugadores. Aunque no tendrían que hacerlo porque esto es parte de su vida privada, pero bien harían en hacer un pronunciamiento en el que defiendan los derechos de la población LGBTTTI.

La decisión de la directiva o del entrenador de mandar a Cauteruccio y Salas a jugar a la sub 20 no fue buena idea porque el mensaje que se manda es que se les está “castigando”, no ayuda a crear conciencia en la afición a cambiar los imaginarios sociales.

Ojalá, Cauteruccio y Salas pudieran usar el foco que tienen como jugadores para poner en la mesa el tema de los derechos de la comunidad gay. Ojalá y la directiva del Cruz Azul estuviera a la medida de lo que los derechos demandan. Ojalá y la respuesta de la afición fuera en positivo.

TRES

Mi gusto por el fútbol mexicano puede llegar a ser culposo y hasta para opinión de algunas y algunos contraponerse con mi feminismo. No me llamo a engaño sé que el fútbol como espectáculo en México está lleno de reglas patriarcales.

Detesto las prácticas sexistas del fútbol, el draft, la violencia que muchas veces se desata en los partidos. Me gusta, en cambio, el trabajo en equipo, el griterío en las gradas, la pasión de la afición, las buenas jugadas y los buenos goles.

Me encanta cuando las y los deportistas utilizan la proyección que tienen para poner en la mesa temas que son de interés público y que tiene que ver con la defensa de los derechos humanos. No entiendo el fútbol americano, sin embargo, cuando fueron las protestas de los jugadores de la NFL  buscaba ver los juegos solo para ver a los deportistas arrodillarse.

CUATRO

El Cruz Azul no gana desde el invierno de 1997, hay equipos que no ven una copa desde hace mucho más, pero lo de la máquina se ha vuelto algo épico.

Yo no sé las y los demás aficionados del Cruz Azul, pero dejar de pensar en ganar el campeonato, en lo particular, me ha permitido disfrutar más el fútbol –la verdad es que no sé qué tan cierto sea esa afirmación o solo me lo digo para no sentirme mal-. Una parte de mí hasta miedo tiene que llegue a ganar el campeonato no vaya ser que sea presagio de mal tiempo para sus aficionados, que ya nos hicimos resilientes a la derrota. El triunfo en el fútbol está sobrevalorado.

La temporada del Cruz Azul ha sido buena. Debo de reconocer que fui de las primeras en emocionarme. El fútbol y el desempeño de la máquina son de mis conversaciones habituales con algunas personas que me advierten que lleve la cosa con cautela, que capaz y se va en el próximo juego, que le baje a mi apasionamiento –pero qué es el fútbol, sino apasionamiento-. En lo personal puedo perdonar un mal marcador, pero no un mal juego. Puedo perdonar un equipo que no gana campeonatos, pero no un equipo y una directiva que no respeta y no defiende los derechos humanos.

 

 

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