¿Hasta cuándo querido y vilipendiado Chiapas?

Los acuerdos del Senado. Foto: Agencias

A propósito de la doble votación en el Senado de la República a la solicitud de licencia del senador Manuel Velasco Coello

 

La decisión tomada la tarde de ayer por parte de la “flamante” Cámara Alta del Congreso, integrada por una coalición liderada por MORENA con más del 53% de las curules, ha defraudado con precoz velocidad a la sociedad mexicana, en particular a la sociedad chiapaneca que apostó por la quimera del “cambio”.

Después del gozo de cientos de miles de chiapanecos por la negativa de otorgar permiso al “senador” Manuel Velasco Coello para regresar a Chiapas y continuar en la gubernatura, la cámara senadores ha arrebatado el júbilo y la convicción en el compromiso por la ilusoria “Cuarta Transformación”. El Senado se desdijo de su negativa inicial  y restituyó el permiso solicitado por Velasco Coello para regresar a la gubernatura de Chiapas con el fin de concluir su periodo.

Fue denigrante para los chiapanecos escuchar los argumentos de senadores de la bancada de MORENA, en especial de Ricardo Monreal que demuestra con su defensa a ultranza que no conoce la realidad de Chiapas. ¡Ni idea de los destrozos políticos de una entidad federativa provocada por el desgobierno de Velasco Coello!

Tan sólo bastaba asomarse a los medios para saber que el señor hizo trizas la Constitución local para auto-otorgarse los dos cargos, con la venia de su partido y… también de MORENA. En el marco de la Cuarta Transformación es posible ser senador y gozar de los privilegios para conservar la gubernatura de una entidad federativa. El Congreso del Estado, si no lo sabe Monreal, se convirtió en una extensión de la oficina del gobernador, que violó flagrantemente el espíritu del artículo 116 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, el cual  prohíbe que cualquiera de las tres formas de poder público sea depositada simultáneamente en una misma persona.

La operación política ha sido el resultado de un perverso trueque político. Mientras el PVEM transfería a cinco diputados de su bancada a la de MORENA en la Cámara de Diputados –incluyendo a Humberto Pedrero Moreno, quien usurpó una candidatura indígena-, para que este último partido alcance una mayoría absoluta con en San Lázaro con 252 diputados, el pleno del Senado volvió a votar para avalar la solicitud de licencia de Velasco Coello.

Hemos visto de cerca el desaseo de los procesos electorales locales, y en el triunfo relativo de MORENA. La prensa crítica chiapaneca, y en menor medida la prensa nacional lo corrobora. En la figura del hoy gobernador, y de los senadores por Chiapas, a la que se suman los candidatos electos de un buen número de municipios y diputaciones del Congreso local, ganó el PVEM, hoy “aliado” de MORENA. Por ello, sobra el espectáculo mediático para hacer público su rompimiento con el PRI. Este ejercicio político del PVEM y MORENA han corroborado que constituyen un clon recalcitrante de la tradición priista.

Quienes formamos parte del Observatorio de las Democracias Otras hemos discutido críticamente el significado las implicaciones del escenario prelectoral y las paradojas postelectorales. Una de las conclusiones fue la naturaleza letal de los políticos locales en los poderes ejecutivo, legislativo y municipal y la ficticia crisis terminal de los partidos políticos tradicionales. Otra fue la convicción de que el triunfo del candidato presidencial de MORENA derivó del voto genuino de los electores, una candidatura que hizo posible, de ahí la “suerte”, el desplazamiento del triunfo hacia los candidatos de MORENA por los cargos de las senadurías y diputaciones del orden federal, es decir, operó el voto parejo, un efecto de arrastre que pronto dejaría desmaquillado la ausencia de una base electoral del flamante partido del nuevo gobierno federal.

Las elecciones locales fueron harina de otro “costal”. Esto es, exclusivo del gobernador y sus funcionarios, sean estos de los poderes legislativos o el judicial. La conclusión era clara: en Chiapas, el cambio político devendría del Centro, específicamente del Presidente electo y de su capacidad para exigir un trabajo con igual sentido de compromiso y responsabilidad a los senadores y diputados federales por Chiapas, sin obviar el hecho de un poder legislativo de mayoría afín a los compromisos del candidato electo.

En Chiapas el PVEM, que superó las lecciones de su aliado, el PRI, ha sido mortífero para la política chiapaneca.

El poder de la gubernatura se trasladó al PVEM, el cual le dotó de capacidad para centralizar un poder casi total que le permitió eliminar violentamente a muchas organizaciones. Para minar sus bases sociales recurrió a diversos mecanismos: desde las amenazas y las componendas, hasta los desplazamientos y el despojos territorial; así como el uso arbitrario en el uso, manejo y distribución de los recursos públicos.

Resulta denigrante la condición de la política en Chiapas y la perversa forma en que es negociada la agenda pública. No hay reconocimiento de ciudadanía porque no hay interlocutores mínimos en la clase política; no hay organizaciones sociales críticas sin ataduras al PVEM hecho gobierno; no hay cargos públicos que deriven de las capacidades profesionales y el sentido de compromiso público, sino por las amistades y los compadrazgos. Y no es falso, los medios lo registran: la elección de los candidatos locales se realizó en la casa de gobierno, contraviniendo normas y tiempos de la institución electoral local.

La percepción es política y, sin duda, la decisión de otorgar el permiso solicitado por el senador que “no llegó a serlo”, para que termine sus funciones como gobernador en Chiapas, tendrá un costo irreversible para MORENA y su próximo presidente. Las subjetividades, más allá de su uso faccioso por los poderes político y mediáticos, es también producto de la práctica de una “epistemología del desengaño”, ante una vida social anulada por la violencia y el uso político mezquino de los poderes políticos. El trueque entre la inmutable clase política está hecho, pero el voto de la esperanza ejercido por la sociedad no se entregó a ciegas.

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