Defender y proteger a la infancia en tiempos de desplazamiento forzado

Descanso y risas luego de una larga jornada. Foto: Tragameluz

Por Kathia Loyzaga

 

Caminantes incansables

La #CaravanaMigrante avanza sin descanso por Chiapas. Hace ya cuatro días que miles de personas —más de 7 mil, según diferentes medios— pasaron la noche en el puente federal Suchiate 2, después de ser recibidos por gases lacrimógenos y cientos de policías mexicanos. A pesar de los gases, el miedo, el cansancio y el calor, avanzaron sin tregua por el camino que tenían por delante. Pasaron una noche en Ciudad Hidalgo y otra en Tapachula. Hoy en la madrugada dejaron el centro de Tapachula para seguir su camino por tierras chiapanecas. Aún cuando la mayoría se conforma por ciudadanos hondureños, también caminan juntos salvadoreños y guatemaltecos, en una travesía que se adivina larga y cansada, pero llena de esperanza.

Se dice que al menos la tercera parte de la Caravana está compuesta por niñas, niños y adolescentes. En las imágenes difundidas se les puede ver de la mano de sus madres y padres, a ratos en hombros, en brazos, o descansando a la orilla del camino. Salir de casa con la mochila al hombro y con las hijas e hijos a cuestas no es una decisión fácil. Aún quienes no son madres o padres pueden presentir la angustia que genera el emprender un camino desconocido, lleno de obstáculos e incertidumbre, con los hijos e hijas de la mano o pegados al pecho. No es una decisión cualquiera, es una elección entre la vida y la muerte. Las opciones son ferozmente limitadas: quedarse a enfrentar la violencia y precariedad del presente centroamericano o salir y enfrentar la misma precariedad y violencia, sumados al racismo y los muchos otros riesgos que aguardan en el camino. Esta, en resumen, no es una decisión que se toma a la ligera.

La #CaravanaMigrante ha representado para las familias centroamericanas una balsa salvavidas, una posibilidad de emprender un camino históricamente peligroso —y en muchas ocasiones mortal— acompañados de miles de personas que brindan cobijo, protección y alguna certeza durante el trayecto. Una posibilidad de sortear las fosas clandestinas que se extienden sin obstáculo alguno por el país, como las de San Fernando, Tamaulipas, donde  quedaron enterradas las esperanzas de 72 migrantes en el 2010. Mientras tanto, las autoridades mexicanas —federales y estatales— han desplegado toda su incapacidad y desinterés. Más allá del juego que le hacen al presidente de la nación vecina del norte, han incumplido una serie de tratados internacionales, leyes generales y estatales, omisiones por las que deberán sí o sí entregar cuentas.

El camino al norte no se detiene. Foto: Javier García

La protección de las infancias, según la legislación mexicana

La Convención sobre los Derechos del Niño, ratificada por México en 1990, establece la obligación que adquieren los Estados parte de realizar el máximo esfuerzo posible y asignar todos los recursos disponibles para garantizar el bienestar de las niñas, niños y adolescentes que —independientemente de coyunturas políticas, sociales y económicas— se encuentren en su territorio.

Por su parte, la Ley General de Derechos da las Niñas, Niños y Adolescentes publicada en el Diario Oficial de la Federación el 4 de diciembre de 2014, cuenta con un capítulo especial para la protección de la infancia y adolescencia migrante (Capítulo 19), el cual establece:

“Las autoridades de todos los órdenes de gobierno deberán proporcionar […] los servicios correspondientes a niñas, niños y adolescentes en situación de migración, independientemente de su nacionalidad o su situación migratoria” (Artículo 89). Más adelante especifica: “Está prohibido devolver, expulsar, deportar, retornar, rechazar en frontera o no admitir, o de cualquier manera transferir o remover a una niña, niño o adolescente cuando su vida, seguridad y/o libertad estén en peligro a causa de persecución o amenaza de la misma, violencia generalizada o violaciones masivas a los derechos humanos, entre otros, así como donde pueda ser sometido a tortura u otros tratos crueles, inhumanos o degradantes.(Artículo 96).

En Chiapas, la Ley de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes  (2015) refiere en su Capítulo 20 el derecho que tiene la infancia y adolescencia migrante a gozar en igualdad de condiciones de todos los derechos establecidos en la ley, incluidos los derechos a la movilidad humana, la salud y medidas especiales de protección. Este, es un ejemplo, de ninguna manera exhaustivo, que demuestra la magnitud de la omisión del Estado mexicano frente a la innegable crisis humanitaria a la que juntos nos enfrentamos. La legalidad no se limita a la vigilancia y el castigo. Afortunadamente en nuestro país la legalidad se sustenta en el principio pro persona y el interés superior de las diversas infancias y adolescencias.

Podrá alargase y profundizarse el debate sobre la #CaravanaMigrante, la opinión pública seguirá cuestionándose sus motivaciones, sus medios, sus formas; pero lo que las y los mexicanos no podemos negar y debemos exigir es la obligación —legal y ética— que tiene el Estado mexicano de brindar protección y garantizar los derechos humanos de las miles de niñas, niños y adolescentes que en este momento caminan incansablemente por nuestro país.

Fuentes:

https://www.gob.mx/sre/acciones-y-programas/derechos-de-los-ninos-ninas-y-adolescentes

http://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/LGDNNA_200618.pdf

http://www.congresochiapas.gob.mx/new/Info-Parlamentaria/LEY_0113.pdf?v=NA==

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