Definición de valor

Imagen: pianoarts

“¿Tienes el valor o te vale?”

Alfonso dijo que me sentara. Lo hice, me senté en el pasto, mientras escuchábamos los murmullos del bosque, los pájaros, el aire, los pasos en las hojas secas. Habíamos ido de día de campo. A mí no me gusta sentarme en el piso, no puedo. Mis piernas no tienen la flexibilidad suficiente para hacerlo. Mis piernas, parecería, están diseñadas para sentarse en sillas. Pero hice lo posible por cumplir con la indicación. Alfonso me pasó un “paquito” de frijol y un refresco embotellado. Iba a dar la primera mordida al “paquito” (así le llamamos, en Comitán, a una tortilla doblada), cuando llegó Alicia y dijo que no soportaba los mosquitos, movía las manos de un lado para otro, como si fuese una agente de tránsito enloquecida. Alfonso le dijo que se sentara con nosotros. ¡No!, dijo ella, y explicó que no soportaba estar sentada en el piso, dijo que el suelo es el cementerio donde viven todos los bichos y bacterias, así lo dijo: El cementerio donde viven. Llamó mi atención esta frase, como si fuera un oxímoron. Digo esto porque, desde entonces, pienso que, parafraseando a Alicia, digo que el Valor es el cementerio donde vive la cobardía. Ninguna otra palabra del diccionario está tan imbricada con su contrario como la  palabra valor que, en apariencia, significa lo que expresa, pero que, en realidad es como personaje de la fábula en la que el lobo se viste con piel de cordero o viceversa.

El concepto valor tiene muchas acepciones, pero en este país se emplea con frecuencia otorgándole el sentido de fuerza, no por algo somos una nación machista. La televisión privada, en los últimos tiempos, emprendió una campaña que como eslogan empleó lo siguiente: ¿Tienes el valor o te vale?, impulsando el ejercicio de la acción ante algo negativo. ¿Tienes el valor de comenzar una campaña de no tirar basura en lugares públicos? ¿Lo tienes? ¡O te vale!

El  concepto valor, entonces, implica fuerza, física o mental para consolidar la voluntad. Y para lograr fortalecer la voluntad (enorme capacidad) es preciso amarrar con grilletes a la cobardía que es como el  ya mencionado lobo con piel de oveja.

El tío Armando siempre pregonó ser un hombre con gran valor, siempre que lo mencionaba subía sus brazos y mostraba sus bíceps que se inflaban como enormes sapos artríticos. Contaba mil  historias en las que había demostrado un valor supremo, ¿a poco no era un acto de valor haber trepado sobre el lomo de un cocodrilo de más de dos metros de largo en una playa del río Grijalva, mientras con las dos manos mantenía cerradas las mandíbulas del peligroso animal? ¿A poco no era un acto de valor, usando un tronco como palanca, haber levantado el tractor bajo el que había quedada atrapada la pierna de Manuel, el fiel empleado de la finca? Sí, la opinión pública coincidía en afirmar que el tío era un hombre de valor, con valor, pero, en lo íntimo sabíamos que el tío era un gran cobarde, porque le tenía un pavor extremo a las arañas. Era casi imposible imaginar al tío parado sobre su cama, mientras la tía Eulogia, con una escoba, mataba a la araña que se había colado al cuarto. El tío, además, nunca pudo dejar el cigarro, a pesar de la recomendación médica y del noble propósito que se hacía cada inicio de año. Lo más que pudo dejar el vicio fue el récord de doce días. El día trece de enero, como un hombre poseído por el diablo, salió de la casa y fue al potrero donde estaban los empleados maneando a los toros que serían capados. El tío llegó hasta donde estaba un vaquero sentado sobre las trancas y con un movimiento grosero le quitó el cigarro que tenía entre los labios y lo fumó como si el cigarro fuese un vaso de agua y él hubiera estado en el desierto sin beber durante más de diez días.

El valor es el cementerio donde vive la cobardía, lo digo como un elogio para la frase que Alicia acuñó. A mí, igual que ella, no me gusta sentarme en el suelo, me cuesta trabajo y pienso lo mismo: El suelo es el cementerio donde viven todos los bichos, en la tierra (y no en el óxido del clavo) está latente el tétano.

¿Tenemos el valor o nos vale?

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