Nuevo gobierno en Chiapas: ¿mismo discurso?

El rompecabezas de siglas de partidos y nombres de coaliciones por suerte finalizó hace varios meses, sin embargo la ansiedad y, por qué no decirlo la esperanza, con la que se espera al nuevo gobierno chiapaneco no significa dejar de recordar algunos lugares comunes repetidos en su discurso, ligado a las propuestas y necesidades de Chiapas.

No cabe duda que un amparo a las posibles fortalezas y debilidades del futuro gobierno chiapaneco se encuentran en las afirmaciones del que será gobernador del estado, Rutilio Escandón Cadenas, cuando señala que su administración se ceñirá al Proyecto Alternativo de Nación liderado por el Presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador. Seguir ese proyecto, como se dice, será una buena red a la hora de evitar más ataques de los propios que toda administración tiene. Pero todo ello no impide recordar que algunas de las propuestas puestas sobre la mesa tienen resonancias a gobiernos anteriores. El impulsar la reforestación y el turismo, por ejemplo, no son nada nuevo bajo el sol y no parece que se basen en un concienzudo análisis de la realidad chiapaneca, tan necesitada de alternativas económicas.

Rutilio Escandón, gobernador electo de Chiapas, con Manuel de Jesús Carpio Mayorga, presidente de Amatán.

Repeticiones y generalidades también nombradas al señalar la idea de crear más empleos y profundizar en la gratuidad de la educación y la sanidad. Algo similar cabe decir del anuncio de inversiones en infraestructura, en especial vial. A nadie sorprende ello puesto que la mayoría de los gobernadores hacen del gasto en obra pública uno de los caballos de batalla de sus sexenios. Sin tomar en cuenta las posibles mejoras que puedan significar, además de los elefantes blancos tan extendidos en suelo chiapaneco, tales obras otorgan condiciones para la publicidad, tan necesaria en estos días, para los políticos profesionales.

El control del gasto público, donde se incluye la disminución de los salarios de los funcionarios de primer nivel, y la eliminación de las corruptelas tampoco son anuncios novedosos; la cuestión no es el discurso sino la aplicación, la ejecución de esa y de cualquier medida destinada a mejorar las condiciones de vida de los chiapanecos.

Acercarse a la población para conocer sus necesidades tampoco parece una propuesta innovadora, y sino solo hace falta ver las populistas poses de los últimos gobernadores, rodeados de gente en los pueblos de la geografía chiapaneca. Baños de masas, esta última compuesta en su mayoría por personas acarreadas, que facilitan la foto publicitaria pero que nada inciden en los cotidianos problemas de los ciudadanos.

En definitiva, las propuestas de cambio son la constante cuando se produce un relevo en los destinos de cualquier poder, desde los locales hasta los nacionales. Ahora la novedad es reclamar la “regeneración” en todos los estamentos públicos y las prácticas sociales, una modificación en el lenguaje que ni siquiera es nueva sino que remite a pasados tiempos en México e, incluso en otros continentes. Una forma de expresar los deseados cambios que rompan con las malas prácticas del pasado, de los anteriores gobernantes. Si tal regeneración tiene los mismos tintes de tiempos pasados realmente debemos ser poco optimistas. Ojalá el tiempo y las acciones cambien esa afirmación.

 

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