Sembrando Vida… y algunas dudas

Por Manuel Ignacio Martínez Espinoza[1]

El combate a la pobreza ha sido una prioridad, casi una obsesión, de Andrés Manuel López Obrador. Efectivamente, desde su candidatura a la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal, el ahora Presidente Electo ha señalado que la pobreza es una causa explicativa principal de los grandes problemas del país. Ello, por supuesto, hace imperioso y relevante el análisis de sus propuestas de política social.

En este periodo de dominación de la agenda pública, iniciado en la noche del 1 de julio pasado, el futuro gobierno federal ha expuesto varios planteamientos sobre su futura política social pero uno de ellos ha copado la atención debido a la difusión que ha recibido, se trata de “Sembrando vida. Programa de Comunidades Sustentables”.

El programa Sembrando Vida es una propuesta de estrategia de desarrollo social para el ámbito rural que tiene el objetivo de atender dos problemas centrales: la pobreza rural y la degradación ambiental. Partiendo del diagnóstico triple de que el ámbito rural posee una alta incidencia de pobreza, de que México no es autosuficiente en alimentos, y de que el país tiene una superficie cultivable de casi 110 millones hectáreas pero sólo 4 de cada 10 se destinan a la producción de alimentos, el programa Sembrando Vida se plantea como meta doble: 1) la siembra de 1 millón de hectáreas con plantaciones agroforestales de árboles maderables, frutales y milpas, y 2) generar empleo para 400 mil productores de 19 estados del país.

Según se ha podido recopilar de la información obtenida de su sitio web[i], el programa Sembrando Vida se dirige a propietarios de tierras ejidales, comunales o de pequeña propiedad, quienes se pretende que cultiven 2.5 hectáreas cada uno, recibiendo por ello un jornal de 5 mil pesos mensuales. Además, se proyecta que se formen Comunidades de Aprendizaje Campesino, integradas por 25 campesinos, con el propósito de que aprendan a generar alternativas orgánicas y viveros comunitarios. Por último, se ha previsto la vinculación con distintas secretarias de estado (como SAGARPA, SEDATU y SEMARNAT) para buscar la confluencia territorial de distintos programas sociales, evitando así la duplicidad y ayudando al desarrollo comunitario.

Según lo ha subrayado la futura encargada de la Secretaría del Bienestar, María Luisa Albores González, el plan es que Sembrando Vida rescate el campo, recupere la fertilidad de la tierra, regenere las comunidades, reactive la economía local y reproduzca una relación de respeto con la naturaleza.

A partir de sus planteamientos básicos, Sembrando Vida emerge como una estrategia pertinente debido a que busca atender 6 retos apremiantes de México en materia de desarrollo social: la pobreza en el ámbito rural, la soberanía alimentaria, la vinculación de la política social con el empleo, la dispersión de los programas, la cohesión social y la deforestación como factor de degradación ambiental.

En el papel, Sembrando Vida parece un programa muy apropiado y congruente. Sin embargo, el largo historial de fracasos en las intervenciones al desarrollo social en México, incluso con algunos programas similares (como la Estrategia de Microrregiones de Vicente Fox, la Estrategia 100×100 de Felipe Calderón, o la Cruzada Nacional contra el Hambre de Enrique Peña Nieto), obliga a plantear algunas interrogantes sobre la aptitud y eficacia que podrá tener el que se postula como el programa social estrella de Andrés Manuel López Obrador.

En primer lugar, una de las mayores deficiencias de los programas sociales ha sido su incapacidad para identificar y atender a su población objetivo. En ese sentido, conviene preguntarse ¿cuáles son los criterios de focalización qué utilizará Sembrando Vida para reconocer que sus beneficiarios sean realmente quienes requieren del apoyo y no los que convengan a terratenientes, líderes sociales o presidentes de las Asambleas? Específicamente, llama la atención que el programa se centre únicamente en los propietarios de tierras, ¿y lo que no poseen tierras? ¿Dónde está el enfoque de género, los derechos de los pueblos indígenas o los principios de no discriminación y universalismo en la selección de los beneficiarios? Al elegir sólo a unos como beneficiarios y no a otros ¿podrá ser factor de división en las comunidades? Y ya que se plantea un criterio de inclusión, ¿por qué sólo se implementará en 19 entidades y no en todo el país?

En segundo lugar, Sembrando Vida busca asentarse en un modelo de organización productiva y comunitaria para fortalecer un esquema de economía social. Por ello es conveniente inquirir sobre las estrategias que se utilizarán para enfrentar las resistencias organizadas de distintos actores colectivos (empresas, terratenientes, crimen organizado, entre otros), que en casos pasados se han opuesto –muchas veces con éxito- a proyectos de organización comunitaria y de economía social en el ámbito rural. También, estrategias pasadas han generado estructuras paralelas a las de los estados y los municipios, lo que ha derivado en un rechazo frontal de los niveles de gobierno a esos programas sociales federales. ¿Cómo le hará Sembrando Vida para que sus Comunidades de Aprendizaje Campesino no se enfrenten a otras instancias como los Consejos de Planeación para el Desarrollo Municipal -COPLADEMUN- o los Comités Comunitarios y los Comités de Contraloría Social? Y sobre la coordinación entre dependencias federales: ¿qué asegura que esta vez por fin sí se podrán coordinar y trabajar conjuntamente las Secretarías de Estado, y que no habrá enfrentamientos, cismas y fragmentación de las acciones del gobierno federal, cómo sucedió en sexenios previos?

Por último, ¿cómo se asegurará que el programa Sembrando Vida no será un instrumento para los intereses de la clase política, como sucedió descaradamente en el sexenio que está por concluir, donde los programas sociales se usaron sistemáticamente para la creación de clientelas y el desvío de recursos públicos, tergiversando así los objetivos de desarrollo social?

La historia de la política social en México nos enseña que todos los programas sociales han abatido la pobreza desde sus planteamientos pero han fracasado, algunos estrepitosamente, en la práctica. Por ello, no es baladí examinar a conciencia las propuestas de desarrollo social indagando sobre su operacionalización.

Conviene no olvidar que, para que la siembra rinda frutos, es necesario quitar la maleza que se ha acumulado en el terreno.

Fuente: http://www.sembrandovida.mx/images/Sembrando-Vida-Programa.pdf

[1].- Miembro del Observatorio de las Democracias: Sur de México y Centroamérica, del CESMECA-UNICACH. Correo: manuel.martinez@unicach.mx

[i].- http://www.sembrandovida.mx/

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