La pobreza cabalga de nuevo en Chiapas: entre el discurso y la realidad

Los niños del FNLS.
Foto. Isaín Mandujano

Por Daniel Villafuerte Solís*

En los últimos días se suscitó un debate mediático en torno a la posible desaparición del Consejo Nacional de Evaluación de la Política Social (CONEVAL), que por lo pronto terminó con la renuncia de su director[i], de quien se dijo cobraba 200 mil pesos mensuales. Es una institución que creció en presupuesto y en alta burocracia para contar a los pobres en el país, en las entidades federativas y municipios. En este marco el día 5 de agosto se publicó la actualización de los datos de pobreza para el periodo 2008-2018, lo que da lugar a una reflexión sobre el futuro de la sociedad chiapaneca, y el tamaño de los retos que los gobiernos federal y estatal deberán enfrentar durante el presente sexenio.

Es sabido de sobra que Chiapas ocupa el primer lugar nacional en el número de pobres y de pobres extremos. Es una realidad que se viene repitiendo desde hace por lo menos dos décadas; sin embargo, a pesar de esta reiteración la realidad no ha cambiado en absoluto, incluso se podría afirmar que se ha agravado, toda vez que a la pobreza estructural se ha sumado la pobreza generada por la política neoliberal que en el caso chiapaneco se tradujo en un reducción de los programas destinados a la producción agrícola, a la comercialización de productos estratégicos como el maíz y el café, que tuvo como telón de fondo, desde el gobierno de Carlos Salinas, la reclasificación de los campesinos que pasaron de ser productores a ser considerados objeto de políticas sociales, pervirtiendo el papel estratégico de los campesinos en producción de alimentos y, en general, en reproducción de la sociedad chiapaneca.

Aunque parezca de ficción, en diez años, pese al aumento del gasto público y a la diversidad de programas sociales, el número de pobres en la entidad aumentó, en número redondos, en 500 mil, lo que sugiere un fracaso absoluto de la estrategia diseñada para combatir la pobreza. Paradójicamente, durante el gobierno de Enrique Peña Nieto el presupuesto destinado al programa de inclusión social, PROSPERA, pasó de 2 722.2 millones de pesos a 4 980.8 millones. Esto representó en términos nominales un incremento de 55 por ciento, mientras que, en el mismo periodo, a nivel nacional sólo aumentó 14.4 por ciento. Por otra parte, el número de familias chiapanecas atendidas por este programa pasó de 1 009 680 en 2013 a 1 343 062 en 2018, lo que se traduce en un incremento 333 380 nuevas familias, esto es 33 por ciento durante todo el periodo de gobierno. A nivel nacional, Chiapas concentró en 2018 el 59.3 por ciento de las familias atendidas, casi 10 puntos menos con relación al inicio del sexenio[ii].

Otro dato muy relevante es la población en condición de pobreza extrema, que al final del sexenio del presidente Peña Nieto cerró en un millón 623 mil personas[iii], cantidad que representa 30 por ciento de la población. Esta es una cifra extraordinaria, que en términos sociológicos y políticos representa una tragedia para Chiapas porque refleja que una proporción significativa de la población no tiene acceso a los más elementales satisfactores como la comida. La cifra de 2018 es la misma que la registrada en 2012, lo que supone falta de eficacia de los programas sociales para disminuir la población en condiciones vulnerables, lo que no lleva a pensar que Chiapas se convirtió en la mayor “fábrica de pobres y hambrientos” en el país.

Lo que más llama la atención es el incremento que se produjo en la población en pobreza extrema en el último tramo del sexenio porque entre 2016 y 2018 aumentó en 124.7 mil personas, que se traduce en 8.3 por ciento, es decir poco más de 4 por ciento anual, que refleja una velocidad extraordinaria. De esta manera, el porcentaje de pobres en la entidad, en relación con la población total en 2018, cerró en 76.4 por ciento, como promedio, que, a nivel de regiones y municipios, sobre todo los que concentran mayor población indígena o campesina, supera el 85 por ciento.

¿Qué significa tener esas cifras? Significa varias cosas: en principio una tragedia y una carga en la historia social. Desde el punto de vista de la política pública, representa una estrategia fallida, que debería ser objeto de una indagatoria sobre el ejercicio real del gasto público. Hoy en el caso Rosario Robles, con la “Estafa Maestra”, asoman algunos indicios que podrían convertirse en un tema relevante de investigación para saber, amén de la estrategia asistencialista y del monto de los recursos, si realmente la gente recibía las ayudas para sobrellevar la pobreza.

La respuesta a esta tragedia para Chiapas y para otras entidades que cargan con la mayor parte de los pobres, como Oaxaca y Guerrero, la ha dado la población afectada mediante una serie de estrategias de supervivencia, concretadas en una especie de epistemología del desengaño: “el desengaño puede ser sólo un acto banal de vida, que levanta una indignación que frecuentemente puede no ser más que un reflejo psíquico”[iv]. Desengañarse de las promesas del neoliberalismo se traduce, en este caso, en la construcción de una serie de estrategias de supervivencia, entre otras: comer menos, aumento del trabajo infantil y del trabajo informal; migración campo-ciudad, migración interna y migración internacional. Sobre esto último es interesante observar el incremento de las remesas familiares, que pese a la política antimigrante del gobierno de Donald Trump registró un incremento extraordinario de 25.7 por ciento, al pasar de 649 millones de dólares a 815.4 millones entre 2017 y 2018[v].

El desglose de indicadores y el comparativo en una década, entre el punto inicial y el punto final, que es el cierre del gobierno de Peña Nieto, son desastrosos. Las promesas del desarrollo fallaron de principio a fin, la cantidad de programas habidos a lo largo de los últimos 25 años han resultado una farsa donde los más favorecidos han sido los sucesivos gobiernos. Hoy estamos frente a un nuevo gobierno que plantea la construcción de un nuevo régimen, cuya traducción práctica es la Cuarta Transformación (4T), que pasa por una renovación de la políticas económicas y sociales, cuyo ingrediente fundamental es la inclusión de los discapacitados y de los jóvenes, con su programa insignia: jóvenes construyendo el futurocon un presupuesto de 24, 383 millones de pesos.

El total del gasto programable para el ramo 20, Bienestar, antes denominado Desarrollo Social, asciende a 150, 606 millones de pesos, frente a 106, 645 millones del año 2018, cifra que representa un incremento de 41.2 por ciento, a primera vista parece un aumento significativo sin embargo es necesario un examen más cuidadoso a partir de la magnitud del fenómeno. En otras palabras, el gasto en Bienestar pasó de representar 2 por ciento a 2.6 por ciento del gasto total, que para 2018 fue de 5,279,667,000,000[vi]y para 2019 de 5,838,059,700,000[vii].La pregunta es: ¿con el aumento del 0.6 por ciento en el gasto en bienestar se logrará bajar los niveles de pobreza y de hambre en los estados como Chiapas que se encuentran en una condición desastrosa, de ruptura del tejido social y de conflictividad? Debemos recodar que 2018 en Chiapas se recrudeció la violencia con heridos, desplazados y muertos, en particular en comunidades indígenas y campesinas donde la precariedad extremaestá a flor de piel, es el caso de Chenalhó, Oxchuc, Chilón, Sitalá, Palenque, Chalchihuitán, por citar los más emblemáticos.

A estas alturas, y para no llegar con un balance negativo al final del sexenio, se requiere con urgenciade un proyecto integral de corto, mediano y largo aliento, no asistencial e incluyente, con una articulación estrecha entre los tres niveles de gobierno: federal, estatal y municipal, con una fuerte participación de la población para diseñar programas y proyectos a partir de sus realidades locales y sociales. El gobierno del estado deberá asumir un potente liderazgo, aprovechando las oportunidades que ofrece el cambio de la nueva administración federal. Es muy difícil imaginar que por sí solo los programas sembrando viday jóvenes construyendo el futuropuedan remontar los graves niveles de pobreza, hambre y exclusión en Chiapas.

*Colaborador del Observatorio de las Democracias/CESMECA-UNICACH

[i]“Exdirector de Coneval responde a AMLO: ganaba casi 92 mil pesos, no 200 mil”. NoticiaMx. https://www.noticiamx.com/2019/07/exdirector-de-coneval-responde-a-amlo-ganaba-casi-92-mil-pesos-no-200-mil.html

[ii]Véase Presidencia de la República. Sexto Informe de Gobierno. Datos y recursos. https://datos.gob.mx/busca/dataset/sexto-informe-de-gobierno

[iii]CONEVAL, 2019. Medición de la pobreza, anexo estadístico 2018. https://www.coneval.org.mx/Medicion/MP/Paginas/AE_pobreza_2018.aspx

[iv]Theo Goldberg, David, 2012. “Epistemología del desengaño. Topologías de lo extra/ordinario”, en: Chávez, Helena (curadora). Estética y violencia: necropolítica, militarización y vidas lloradas. México: MUAC.

[v]Véase Banco de México, 2019. Ingresos por remesas familiares, distribución por entidad federativa. http://www.banxico.org.mx/SieInternet/consultarDirectorioInternetAction.do?accion=consultarCuadro&idCuadro=CE100&locale=es

[vi]Diario Oficial de la Federación, 29 de noviembre de 2017.

[vii]Diario Oficial de la Federación, 28 de diciembre de 2018.

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