La parálisis chiapaneca

En Chiapas prácticamente se vive de milagro. El chiapaneco de las nuevas generaciones es taxista, mototaxista, triciclero, vendedor ambulante o migrañas, es decir, realiza actividades laborales de enorme esfuerzo físico, pero de poca generación de riqueza.

Protagonista cotidiano de las estadísticas sociales y económicas nacionales más bajas; el chiapaneco tiene las peores condiciones de pobreza desde cualquiera de las tres dimensiones que se mida; por capacidades, por patrimonio o alimentaria. 

Imagine que usted conoció Chiapas hace 20, 30 o 40 años y que hoy regresa. Todo lo encontrará igual o peor. Entonces su conclusión personal será muy sencilla; Chiapas es el espejo en donde se refleja el fracaso de la política social mexicana porque las demás regiones del país si han logrado tener crecimiento económico. Otro aspecto que encontrará al igual que hace años, es que el único éxito de superación profesional en Chiapas es dedicarse a la política.

En el estado, la única posibilidad de que la realidad llena de pobreza no le alcance a sus habitantes es ser alcalde, funcionario de gobierno o ser prestador de servicios para el gobierno. Es decir, el chiapaneco esta prácticamente condenado a depender del motor económico gubernamental.

Últimamente la clase política estatal no sólo depreda los recursos públicos, también los ha entregado al sistema de pagos nacional e internacional, es decir los bancos comerciales. Multiva, BBV Bancomer, Serfin y otros son los nuevos dueños de Chiapas. Esos bancos se llevan el presupuesto público estatal en forma de pago del servicio de la deuda que nos heredaron dos exgobernadores que hoy gozan de cabal salud política.

Esa simbiosis es lo que presupuestalmente tiene paralizado al Estado, el cual no puede ejercer el presupuesto porque este está direccionado al pago de la deuda.

Como quisiéramos escapar de nuestra ya eterna realidad paralizada hacia una vida alternativa que fuera mejor a la que sufrimos, los chiapanecos cada vez en cuando reafirmamos nuestra mexicanidad, pero también nos preguntamos como sería el estado si fuera independiente o parte de Guatemala. Seguramente porque pensamos que viendo nuestras riquezas naturales Chiapas podría ser un estado rico.

La realidad alternativa es precisamente eso, una alternativa que no se concretó. Un suceso político, económico y social no es espontáneo, es complejo; como tampoco sucede que cambiarlo por otro, nos llevará rápidamente a un escenario óptimo de desarrollo. Por eso, en Chiapas la falta de visión de su clase política ha dejado pasar varias oportunidades de desarrollo.

Por ejemplo, uno de los aspectos que hacen estallar la crisis migratoria y el colapso de los pueblos fronterizos por las caravanas de migrantes es la falta de infraestructura e industria en el sur. La creación de industria, de industria y de servicios era una decisión de política económica nacional que debió de tomarse por lo menos desde hace 40 años.

Mas atrás, en Chiapas se dice mucho que la revolución llegó tarde al estado. En realidad, lo que se gestó en el estado fue una especie de “contrarevolución”. En la época del “desarrollo estabilizador” Chiapas no pasó de ser un estado agropecuario a ser un estado manufacturero y en consecuencia el neoliberalismo posterior enganchó las diferencias en los niveles de desarrollo de Chiapas con el resto del país.

La oportunidad de desarrollo más recientemente perdida tiene que ver con las materias primas. Del 2000 al 2014, es decir prácticamente durante dos sexenios chiapanecos, en el estado ¿hubo alguna política pública para incluir a Chiapas en este contexto de nuevos mercados globales? En una época de aumento de los precios de las materias primas ¿no es Chiapas un estado agropecuario.?

A todo ello sumémosle la pregunta: ¿Hay una política pública chiapaneca para atender el futuro, que en muchos sentidos se refiere al cambio tecnológico? Obviamente no existe. La agenda política estatal se direcciona en la atención de las emergencias políticas y los rezagos.

Ante la riqueza natural, de su subsuelo. Ante las oportunidades de desarrollo perdidas; tal parece que el problema de Chiapas no es ninguno que tenga que ver con su pobreza, las desigualdades y el atraso; más bien son consecuencias y efectos del atraso ideológico y de la rapiña de su clase política. La parálisis que provoca su clase política es intelectual e institucional.

En consecuencia, ante dicha parálisis histórica chiapaneca y los repetidos discursos gubernamentales de terminar con el atraso local; tal parece que en el estado sucede lo que el profesor Thomas Piketty afirma: “Toda sociedad humana debe justificar sus desigualdades: debemos encontrarles razones, de lo contrario, todo el edificio político y social amenaza con colapsar”.

Ante esta situación, Chiapas; con todo y el deseo de la “Cuarta Transformación” -que son solo eso, deseos- de cambiar el destino de Chiapas, lo que los habitantes de este estado tenemos enfrente no es un futuro de desarrollo. Lo que el estado tiene en su futuro es el derrumbe económico y la consecuente y enraizada proletarización de sus ciudadanos.

Twitter: @GerardoCoutino 

Correo: geracouti@hotmail.com

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