¡Vivir el sueño mexicano! Ser haitiano en un lugar de la frontera sur de México

Migrantes de Haití en Tapachula. Foto: ODEMECA

Por Iván Francisco Porraz Gómez[1] y Alejandro Pérez Narváez y Eduardo Cruz Pinto[2]

  

Haití es el país más pobre del continente.

¿Qué más sabemos de Haití?

¿Por qué no sabemos nada más?

(María Isabel Grau, 2009)

De Haití conocemos poco como dice el epígrafe, sabemos que no hablan español, que esta situado en el Caribe y que es una pequeña isla. Un médico de la jurisdicción sanitaria que fue comisionado para atender a la población haitiana hace unos meses afuera de la estación migratoria Siglo XXI, en la periferia de la ciudad de Tapachula, Chiapas, nos comento: “es gente necesitada y que huye de la violencia y de la pobreza de su país, ahora entran cada vez más por esta frontera sur”. Distintos sectores de la población tapachulteca hicieron su cotidianidad poco a poco con hombres y mujeres haitianos, cerca de la estación migratoria se apostaron los primeros en colonias que son consideradas marginadas, otros encontraron algunos espacios más baratos, cómodos pero retirados, por ejemplo, en Viva México o la localidad de Xochimilco a unos 20 de minutos de Tapachula; otros se fueron a las vecindades del centro de la ciudad, los cuartos son húmedos y con poca ventilación, pero no se gasta mucho en transporte para desplazarse a otro espacios. Poco a poco las y los haitianos se hicieron visibles en el transporte público, en el mercado San Juan o en los supermercados, incluso algunos venden comida en las calles o barren las avenidas aledañas al parque Miguel Hidalgo o el  parque Bicentenario, como parte del empleo temporal que ocupa el gobierno federal y local. Las personas de la ciudad comenzaron a identificarlos, algunos ya saben la diferencia entre un africano y un haitiano, estos últimos son más amigables, refieren algunos taxistas de la ciudad, otros más dicen que las señas y su sonrisa los caracteriza.

También tenemos los diarios locales que tergiversan la información y confunden a sus lectores al publicar notas de prensa con encabezados como: “los africanos regresan de nuevo”, “incrementa los riesgos de la salud por la presencia de los africanos”; es de anotar que la mayoría de dichas notas tienen fuertes cargas racistas y xenófobas ya que en el fondo de estos discursos aparece de manera reiterada un supuesto “ambiente de inseguridad” que hoy prevalece en la sociedad en cualquiera de sus niveles espaciales y sociales, inseguridad que lleva a la búsqueda de culpables o posibles amenazas.

“Pueblo fronterizo, infierno grande” es una frase que escuchamos en la calle y que se torna real en algunas localidades de la llamada frontera sur de México. Lo es más cuando del imaginario se pasa a la acción deliberada con propósitos precisos que afectan a personas que están en constante movimiento, y se pone en acción a las instituciones erigidas para el resguardo del orden social.

 

Esto es mucho del discurso imaginado y vivido en el espacio local entre los oriundos, los que van de paso, y los que se piensan quedar, sin embargo, no todo es tragedia y pesadillas, también hay algo que se ha ido forjando, esto es: “vivir el sueño mexicano”. Roberto quien es originario de Haití expresa su preocupación por encontrar un cuarto para su familia, él tiene tres hijos y asegura que ya no es bueno llegar a los Estados Unidos, cree que es mejor quedarse acá en México, aunque no sabe donde será, enfatiza: “con encontrar techo, comida y trabajo, para mi es más que suficiente ahora”.

Daleb también es originario de Haití, tiene dos hijos y uno apunto de nacer, los primeros dos nacieron en Brasil, el que viene en camino será mexicano. “Ya no quiero llegar a Estados Unidos, el sueño mexicano puede estar bien, me gusta y aunque no será tan fácil, quiero que mi familia pueda vivir tranquila, ya nos cansamos de ir de un lugar a otro, yo soy constructor de casas y ojalá pueda encontrar algo por acá”.

Otro más, quien prefirió no decir su nombre, nos cuenta que quiere quedarse en México, pero quiere ir a la Little Haitíque esta en Tijuana para encontrarse con sus primos que viven allá: “yo quiero ser haitijuanense”. Sonríe, sabe que es difícil ir al Norte del país en este momento.

 

A los tres haitianos los une una historia de desplazamiento y de movilidad, la herencia de un país devastado por “Papa Doc” y otros dictadores que se disputan el poder en ese país, así como el terremoto del 2010 que según cifras de la ONU dejo 316 000 víctimas fatales; también los une la búsqueda de un lugar para poder vivir, un lugar donde se pueda comer “nuestro ragú de carne a la jardinera o el ponche bucanero”. Dos de ellos vivieron en Brasil por lo que algunos de sus hijos hablan bien el portugués, incluso hablan mejor “portuñol” en Tapachula. ¿Qué los motivo a salir?, fue y es una pregunta necesaria con repuestas variadas; algunas de las personas entrevistadas referían a las condiciones actuales de Brasil y a la “ilusión de las puertas abiertas” que propuso AMLO hace unos meses. Esto los hizo repensar su nicho y emprender de nuevo el camino, largo, complicado, y aunque ahora es México, son actores de la construcción del nomadismo y de lo que hoy registramos como “las viejas-nuevas crisis migratorias”.

¿Qué se siente vivir en Tapachula? “El clima esta bien, estamos acostumbrados al calor, aunque llueve mucho en estos meses; la gente local son buenas personas, algunos también quieren aprovecharse de nosotros, pero eso ya lo vivimos en otros lados del continente, hay que ser cuidadosos con los que estamos compartiendo este espacio: los centroamericanos, los africanos o los de Asia, porque también entre nosotros hay diferencias y no sólo de color de piel”, comentaron dos haitianos entrevistados. En nuestros hallazgos registramos que es en la movilidad y el desplazamiento donde las definiciones se tornan inevitables: continuar portando el menú de la cultura “migratoria” o del “desplazado” o intentar despojarse de la misma y comenzar hacer la vida en esta ciudad.

Esta realidad es una de las más apremiantes en algunos de los haitianos en Tapachula. “Pueblo fronterizo, infierno grande”, reza la voz popular. Ese infierno es experimentado por muchos haitianos ante la decisión de no saber donde será la nueva morada, una decisión que depende también de la dinámicas neoliberales y las políticas antiinmigrantes en muchos espacios de América Latina, Europa y otros lugares. Las narraciones de las y los haitianos enfrentan este conflicto, destilan sentimientos de incomprensión y desesperación, y proyectan en sus voces y sus palabras esa tensión entre pérdida de rumbo que se torna en abierto desafío y de muchas esperanzas que ahora tiene el llamado “sueño mexicano”…

[1] Investigador de ECOSUR-Tapachula, colaborador del Observatorio de las Democracias: sur de México y Centroamérica.

[2] Becarios del programa Jóvenes Construyendo Futuro, comisionados en ECOSUR, Tapachula.

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