Chiapas: el escenario posible frente a la contingencia COVID-19

Campesinos de Chiapas. Foto: Ángeles Mariscal/Chiapas PARALELO

Por Daniel Villafuerte Solís/Observatorio de las democracias

El patrón de distribución de la población en Chiapas se ha caracterizado por ser de dispersión-concentración, con más de 20 mil localidades, muchas de ellas de 100 habitantes. Este patrón ha sido un factor de incidencia, entre mucho, en la marginalidad y los niveles de pobreza que hoy se padece. Por eso, de manera equivocada, el gobierno de Juan Sabines llegó a la conclusión que para superar la pobreza había que construir “ciudades rurales sustentables”. Este proyecto fue un rotundo fracaso, se invirtió mucho dinero[i], y el número de pobres ahora es mayor.

Ahora bien, la dispersión que se ha visto como un problema, hoy se podría decir que tiene un rostro positivo. Y es que la pandemia del COVID-19 no está en las localidades con poca población. La pandemia se concentra en lugares de mayor concentración y movilidad de población. Al 13 de mayo las cifras para Chiapas eran de 450 confirmados, 169 activos y 31 defunciones; 7 municipios concentraron 325 casos positivos, equivalente al 72.22 por ciento; 3 municipios concentraron 55.32 por ciento, por orden de importancia son Tuxtla Gutiérrez, con 33.77 por ciento; Tapachula con 11.11 por ciento; y San Cristóbal con 10.44 por ciento.

Este cuadro estaría indicando que la COVID-19 tendrá menos incidencia en la población rural. Sin embargo, lo preocupante son los efectos colaterales por ser un estado con niveles muy elevados de pobreza. La profundización de la pobreza en el mundo se convertirá en una realidad porque el crecimiento económico será negativo; para el caso de México el Fondo Monetario Internacional estimó en -6.6 por ciento, otras estimaciones como la de Citibanamex consideran hasta -9 por ciento[ii].

México ha tenido en los últimos años un crecimiento económico muy bajo, en 2019 no hubo crecimiento y en 2020 habrá un decrecimiento, lo que se traducirá en una contracción del mercado laboral y en el crecimiento de la informalidad, que para el caso de Chiapas presenta una tasa cercana al 72 por ciento; además, tendremos un crecimiento de la migración interna e internacional. Uno de los sectores más golpeados por la COVID-19 será el turismo; en Chiapas, este sector representa el 28 por ciento del PIB[iii] , tres veces más de lo que aporta el sector primario.

Pero no se trata sólo de la crisis actual, para tener una idea de la catástrofe que se avecina en Chiapas es importante considerar que durante 16 años (de 2003 a 2018) se observa una tendencia de crisis económica, medido en términos del comportamiento del Producto Interno Bruto (PIB). Vamos por partes: entre 2003 y 2006, la economía no creció en términos reales, y en los años 2004-2005 registró números negativos. Estos fueron años de fuerte migración en las regiones Soconusco, Sierra, Selva y Centro. En 2006 el PIB apenas alcanzó la cifra de 2003. El sector primario no logró recuperase durante los 6 años referidos, su comportamiento fue negativo en términos reales, lo que se tradujo en un proceso de pauperización, que estaría explicando la migración interna e internacional.

Otro momento importante fue la crisis de 2008 que provocó la caída en el valor del PIB, de manera que en 2009 se registró un decrecimiento del orden de -0.6 por ciento; a nivel de sectores, el terciario fue el más impactado con -2.9 por ciento. El resto de los sectores permanecieron estancados. En este año, el sector primario sólo contribuyó con el 7.8 por ciento del PIB, un punto menos que en 2003.

A partir de 2010 se observa una recuperación, de manera que el crecimiento en este año fue de 5.5 por ciento. Este crecimiento se debe a que el sector secundario creció en 11.6 por ciento. En 2011 el ritmo de crecimiento fue menor al situarse en 3.1 por ciento; el sector terciario creció en 4.7 por ciento, el secundario solo registró un crecimiento de 0.5 por ciento y el primario 0.2 por ciento. En 2012 y 2013 las tasas de crecimiento fueron inferiores al 2 por ciento, y en 214 se registró 5 por ciento lo que se debe al crecimiento registrado por los sectores secundario y terciario.

A partir de 2015 se observa una tendencia decreciente que se va a traducir en mayor pobreza y conflictividad. Los años 2017 y 2018, fueron los peores, con una caída de 4.2 y 6.2 por ciento del PIB, respectivamente, con relación a 2014. Fueron los dos últimos años de gobierno de Velasco Coello, el último estuvo marcado por la violencia. En el gobierno de la 4T, hasta el tercer semestre de 2019 la economía chiapaneca registró un decrecimiento de -3.16 por ciento. De manera concordante, el CONEVAL registró un incremento de la pobreza al pasar de 3 961 000 personas en 2014 a  4 174 600 personas en 2018[iv], equivalente al 5.4 por ciento.

Visto en perspectiva, Chiapas pasó de ser una economía preponderantemente agropecuaria, en términos de su contribución al Producto Interno Bruto (PIB), a una centrada en el comercio y los servicios. Y, sin embargo, el campo absorbe el 30 por ciento de la población ocupada, equivalente a 631 152 personas[v], y a una población rural estimada en 2.5 millones, que sobrevive en la precariedad. Los indicadores socioeconómicos en el campo son los más bajos, el acceso a la salud y a la educación acusa grandes rezagos que se expresan en diversas enfermedades y corta esperanza de vida. La desnutrición y la mortalidad infantil alcanza niveles tres veces por arriba de la media nacional. La tasa de mortalidad infantil por enfermedades respiratorias en menores de 5 años fue en 2010 de 33.2 por cada 100 mil; y en 2014 se reportó una tasa de 32.9. Por enfermedades diarreicas se reportaron las mismas cifras[vi]. Se trata de los números más altos del país, casi el doble de lo registrado para el caso de Oaxaca y tres veces más que las de Guerrero.

El bajo crecimiento del aparato económico a lo largo de varias décadas contrasta con el crecimiento de la población, lo que da como resultado la ausencia de un mercado laboral robusto, con pocas opciones y bajos salarios.

De acuerdo con las cifras censales, la población pasó de 3 210 496 personas en 1990 a 4 798 580 en 2010, un aumento de 49.4 por ciento, que se traduce en un incremento absoluto de 1 586 084 personas. Las estimaciones más recientes están por arriba de los 5 millones de habitantes. La presión demográfica, en ausencia de una política económica y social incluyente, incide en el deterioro de los recursos productivos, pauperiza a la sociedad y genera conflictos por el espacio vital.

El modelo neoliberal dejó en manos del mercado a miles de productores medianos, pequeños y campesinos; también transfirió una parte del sistema educativo y de salud al sector privado. Ahora, muchos espacios rurales están articulados al mercado, y los conectó al mundo del trabajo asalariado precario e informal. Su articulación al mercado, por mediación del dinero, ocurre en dos planos: como consumidores, que dependen del mercado para la compra de productos básicos que no producen (abarrotes, ropa, calzado y básicos como maíz y frijol que no producen en suficiente cantidad); y, por otro lado, a través de la producción que venden en el mercado (café, leche, etc.).

Otro elemento presente es el vínculo con el mercado laboral internacional a través de la migración a Estados Unidos; este proceso desestabiliza a las relaciones comunitarias, incluso se habla de la formación de comunidades transnacionales por el vínculo que se establece a través de las remesas colectivas familiares y colectivas. Un escenario posible es que las remesas disminuirán en 2020, el incremento que ahora reporta el Banco de México (12.7 por ciento) corresponde al trimestre enero-marzo. Hace 20 días, el 26 de marzo, el número de solicitudes semanales se desempleo en Estados Unidos alcanzaban los 3 millones, cuadruplicando el récord de 1982[vii]. Hoy la cifra de parados alcanza la abrumadora cifra de 36 millones[viii].

Los desafíos que tiene Chiapas frente a la crisis del COVID-19 y la crisis económica son enormes. Se requiere un giro radical, reorientar las políticas, fortalecer la economía, la educación y el sistema de salud. Es urgente una revisión a fondo de las políticas económicas y sociales pasadas y en curso; no será posible salir de la crisis, agravada con la COVID-19, sin fortalecer el campo donde habita 2.5 millones de personas. La entidad lleva muchos años sin crecimiento económico y carga con un sector agropecuario en crisis, sobre todo la economía campesina.

 

[i] Antoine, (2012:107) considera que “el gasto promedio por habitante en la primera fase de construcción de Nuevo Juan del Grijalva ha sido de más de 5.5 millones de pesos por habitante”. La generalización de este caso para toda la población dispersa en Chiapas costaría, según el autor, la abrumadora cantidad de 966 mil millones de dólares. Libert, Antoine, 2012. Dialógicas del territorio en Chiapas: un análisis sistémico-complejo del Proyecto Mesoamérica. Tesis para obtener el grado de Maestría en Desarrollo Rural, Universidad Autónoma Chapingo, México.

[ii] CONEVAL, 2020. La política social en el contexto de la pandemia por el virus SARS-CoV-2 (COVID-19) en México.

[iii] CONEVAL, 2020. La política social en el contexto de la pandemia por el virus SARS-CoV-2 (COVID-19) en México.

[iv] https://www.coneval.org.mx/Medicion/MP/Paginas/Pobreza-2018.aspx

[v] INEGI, 2019. Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo.

[vi] CENSIA (Centro Nacional para la Salud de la Infancia y la Adolescencia), 2017. Mortalidad infantil. Datos y Recursos. https://datos.gob.mx/busca/dataset/mortalidad-infantil, consultado el 18 de marzo de 2020.

[vii] https://actualidad.rt.com/actualidad/347674-solicitudes-semanales-desempleo-eeuu-alcanzan

[viii] https://actualidad.rt.com/actualidad/353137-eeuu-solicitudes-subsidio-desempleo

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