Las crisis y el medio ambiente

Foto: Chiapas Paralelo

Por Florentino Pérez Pérez

 

La tierra no es un ser muerto, inerte y mudo,

sino un elocuente ser vivo, un organismo viviente.

…Hoy nos dedicamos a explotarla brutalmente,

a desgastarla y, a base de ello, a destruirla por completo.

…Esas catástrofes naturales son la iracunda respuesta

de la tierra a la falta de escrúpulos y a la violencia humana.

Byung-Chul Han. Loa a la tierra.

 

En estos tiempos que vivimos agobiados por el confinamiento, la incertidumbre y el miedo, evocamos el día mundial del medio ambiente en medio de una profunda crisis sanitaria, económica y civilizatoria, resultado de la depredación y degradación del planeta mundo y su entorno natural.

El orden mundial impuesto por la larga noche del neoliberalismo no admite ser otra cosa que lo que es y esta realidad se impone de tal modo, que sólo cabe acomodarse a ella o construir alternativas antisistémicas.

Y son las crisis, sobretodo la pandemia del coronavirus, la manifestación del síntoma, de que el modelo de sociedad que comenzó a imponerse a nivel mundial a partir del siglo XVII está llegando a su etapa final, dice Boaventura de Sousa Santos en La Cruel Pedagogía del Virus. En este libro de coyuntura publicado recién en España, De Sousa afirma que la cuarentena causada por la pandemia es, después de todo, una cuarentena dentro de otra. Superaremos la cuarentena del capitalismo cuando seamos capaces de imaginar el planeta como nuestro hogar común y la naturaleza como nuestra madre original a la que debemos amor y respeto. No nos pertenece. Le pertenecemos a ella.

Este modelo también está llevando a la humanidad a una catástrofe ecológica que se traduce en la muerte innecesaria de muchos seres vivos en la Madre Tierra, nuestro hogar común, tal como lo defienden los pueblos indígenas y campesinos de todo el mundo. La especie humana es una parte ínfima (0,01 por 100) de los seres vivos que habitan en el planeta.

Frente a ello, destaco las siguientes ideas: La necesidad de redimensionar la relevancia profunda que tiene la relación de la especie humana con la naturaleza y, la segunda volver nuestra mirada a otras nociones de desarrollo, que no sean las que la modernidad occidental nos dejó.

 

I

Es importante que para los tiempos que se avecinan, y para el nuevo orden de convivencia social que tenemos que construir, partamos de la premisa que todas las sociedades dependen completamente del medio ambiente y de los servicios ecosistémicos que genera la naturaleza, que van mucho más allá de la fijación del carbono en los árboles y la generación de oxígeno. Las filtraciones del agua y los polinizadores son cada vez más escasas y anuncian las próximas crisis que son las del abastecimiento de agua y el cambio climático.

Es urgente generar movimientos de difusión sobre estos problemas ambientales y de protección de los últimos bastiones de la biodiversidad que nos quedan, porque sigue avanzando la destrucción de la naturaleza y la extinción de especies cuyos resultados son irreparables. Algunos estudios señalan que pasarán más de 300 años para que volvamos a tener selvas otra vez. Mientras que la pérdida de especies es completamente irreversible. Gerardo Ceballos, en la conferencia impartida en la semana del medio ambiente en tiempos de pandemia, organizada por el Colegio Nacional y coordinada por Julia Carabias del 1 al 5 de junio de 2020, indica que en los próximos 20 años se extinguirán unas 500 especies animales.

Frente a este panorama desolador, es necesario reflexionar y generar conocimiento sobre la relación entre la primera pandemia del siglo XXI y el deterioro de los ecosistemas planetarios e interrogarse entorno a la relación guarda la continua deforestación del planeta, la defaunación –es decir, la extinción o disminución de la fauna silvestre– con lo que estamos viviendo. Así como de la importancia de las políticas públicas para crear un marco favorable a la protección del medio ambiente.

Rodolfo Dirzo, en la misma semana del medio ambiente, reflexionó sobre un hecho dramático y comprobado: dice que vivimos la era del Antropoceno, un concepto que refiere a una nueva edad geológica, en la que la actividad y la presencia de la especie humana ha logrado modificar e impactar desfavorablemente los sistemas ecológicos del planeta.

La deforestación, la defanuación, la contaminación global, y el cambio climático, son algunas de las marcas evidentes del Antropoceno. Es el ser humano el principal detonador de las pandemias, fenómeno en el que, por primera vez en la historia de la vida en la tierra, una sola especie ha logrado modificar las condiciones del planeta entero. No responsabilicemos a la fauna de las pandemias, si queremos encontrar un culpable hay que mirarse al espejo: somos cada uno de nosotros.

Por su parte, escribe el filosofo Byung-Chul Han en su libro más reciente: La desaparición de los rituales, afirma que “la pandemia es la consecuencia de la intervención brutal del ser humano en un delicado ecosistema. Los efectos del cambio climático serán más devastadores que la pandemia. La violencia que el ser humano ejerce contra la naturaleza se está volviendo contra él, con más fuerza. En eso consiste la dialéctica del Antropoceno: en la llamada Era del Ser Humano, el ser humano está más amenazado que nunca”.

En la Introducción a la metafísica, Heidegger presenta un panorama preocupante sobre la destrucción de la tierra, al señalar que: “La decadencia espiritual de la tierra ha avanzado tanto que los pueblos están en peligro de perder sus últimas fuerzas intelectuales, las únicas que le permitirían ver y apreciar tan solo como tal decadencia (entendida en relación con el destino del “ser”). Esta simple constatación no tiene nada que ver con un pesimismo cultural aunque ciertamente tampoco con el optimismo, porque el oscurecimiento del mundo, la huida de los dioses, la destrucción de la tierra, la masificación del hombre, el odio que desconfía de cualquier acto creador y libre, han alcanzado en toda la Tierra una dimensión tal que categorías tan pueriles como pesimismo u optimismo se han vuelto ridículas desde hace tiempo”.

En la relación del hombre con la naturaleza, dice Badiou en Acerca del fin, se tiene a la tierra como patria, en el sentido de la raíz, de sitio de lo que constituye su unión con el ser. Patria natural o naturaleza como patria.

 

II

Cuando hablo de volver la mirada a otras nociones de desarrollo y progreso, me refiero a dejar atrás la noción occidental del conocimiento y la cultura, a descolonizar el pensamiento y a reconocer la importancia de incorporar los saberesOtrosde las civilizaciones precolombinas.

En los pueblos originarios no existe un término equivalente que traduzca el concepto de naturaleza en los términos occidentales. Más bien existe un énfasis dado a la continuidad de los espacios de vida, es decir a la esfera donde se mueven y coexisten las dinámicas existenciales, el espacio percibido o no donde suceden las cosas. Es también un símbolo sagrado.

Dice Enrique Leff en Aventuras de la epistemología ambiental. De la articulación de las ciencias al diálogo de saberes, que hay que dejar fluir la savia de un pensamiento que abra nuevas conexiones, para que irriguen el territorio de una epistemología ambiental, que construya los caminos de lo impensable por la racionalidad modernizadora, y permita escuchar las rimas y armonías que surgen de la palabra, de los mundos diversos, para provocar un diálogo de saberes tan necesario en estos tiempos de la globalización y modernidad.

A lo largo de los años los pueblos descendientes de las grandes civilizaciones como la maya, han conservado y resguardado los saberes tradicionales sobre la flora y la fauna, es hora de profundizar el diálogo de saberes interculturales, sobre todo en estados en los cuales la diversidad étnica, cultural y natural es abundante, como lo son Chiapas y Oaxaca.

Espero que después de que se atempere esta pandemia no padezcamos amnesia histórica, que no enterremos en el olvido las causas que están originando estas crisis, que enfrentemos al rostro sombrío de ese pasado/presente doloroso y que juntos contengamos la desintegración de nuestra morada, que nos reconciliemos con la naturaleza y entendamos que también es un ente vivo, que lo protejamos junto con todas las especies vivas con las que cohabitamos el planeta mundo.

¿Será posible hacerlo?

Tuxtla Gutiérrez, Chiapas 5 de junio 20202

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