Las colectivas feministas universitarias: tejedoras de hilos y sanadoras de corazones

Durante casi dos meses, las colectivas feministas universitarias de Chiapas nos contaron todas las historias que pudieron, historias de muchas voces en el olvido, atravesadas por el acoso, el hostigamiento y otros tipos de violencia. Las colectivas hicieron algo más riesgoso de lo que jamás habríamos imaginado: narrarnos el sufrimiento de muchos corazones agraviados. Cada una de sus acciones tuvo el fin simbólico de terminar con la violencia sexual dentro de la Universidad Autónoma de Chiapas y ayudar a sanar el dolor.

Las colectivas feministas universitarias de Chiapas (Dalias, UNACH; Neuronas. Colectiva de Feministas Chiapanecas en el Área de Salud; Brujas: Colectiva de Feministas Universitarias y Colectiva Rosa Luxemburgo) entregaron hoy las instalaciones de la UNACH, después de varios días de diálogo. Ellas tejieron los hilos para crear un rechazo contra la violencia de género y contra la violencia generalizada, y nos enseñaron que sus métodos de protesta son la no-agresión. Las colectivas han salvado a muchas mujeres y han puesto en el centro de la discusión la importancia de sus vidas que también importan.

Su revolución púrpura no solo se ha basado en pretender un cambio a nivel social, sino que han entendido la vinculación que ésta tiene con la transformación personal. Cuando las pancartas, los tendederos y las manifestaciones públicas no fueron suficientes, dejaron las congregaciones públicas y acamparon, noche tras noche, en un plantón en el que usaron sus propios cuerpos para interponerlos como herramientas de resistencia, para evitar que todo siguiera como hasta antes de la muerte de Mariana Sánchez Dávalos, y para producir un cambio con una ocupación.

Las luchas de las mujeres y de las feministas son actualmente tan grandes que no sólo convocan a las víctimas y a sus familiares, a estudiantes y a profesoras, a trabajadoras y a egresadas, sino a muchas otras porciones de la sociedad. Nos hacen soñar con otras universidades y vidas posibles, no solo para nosotras, sino también para las futuras generaciones. Sus vidas y sus cuerpos en resistencia nos han enseñado que a la universidad no volvemos nunca más con el mismo sentido.

El nombre de Mariana Sánchez Dávalos es el de muchas y su corazón latirá por siempre en nuestras venas para que nunca más vuelva a ser omitida una denuncia por acoso, ni ninguna estudiante sea víctima de feminicidio. El nombre de Mariana no solo es una placa, sino el sueño de las colectivas de vivir libres y sin miedo. Sus sueños también son los nuestros.

Las colectivas feministas universitarias de Chiapas nos dieron una gran lección a todxs que nunca olvidaremos. ¡Nos encargaremos de que la historia las recuerde siempre! Lo político no se produce a gran escala, sino en los pequeños instantes en los que todas juntas construimos otros nuevos mundos posibles en los que la justicia y el cuidado alcanzan para todxs. ¡Sí importan las historias que nos contaron y se los agradecemos! Aquí no termina todo, porque apenas se abre una puerta.

 

 

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