“La muerte todavía no es una fiesta”. A la memoria de Lourdes Dávalos.

Dicen que cuando dicten sentencia una calle para tu nombre reparará el daño

pero yo quisiera una calle

donde tú y yo camináramos juntas

en aquel pueblo nuestro camináramos juntas

riéndonos platicando con aquellas palabras sólo nuestras

que exportábamos a los habitantes de otras ciudades

que se ganaban nuestro corazón

Una calle para tu nombre no repararía el daño en este país de sombras

tendría que ser una calle donde una mujer pudiera

caminar segura

tendría que ser una calle donde cualquier persona

pudiera caminar de noche sin sentir miedo

tendría que ser una calle

como un libro

un lugar seguro

una calle para reparar el daño es inexistente lugar

en este país de sombras perdidas

(Fragmento del Poema “La muerte todavía no es una fiesta”,

de Mirtha Luz Pérez Robledo)

 

Con profunda tristeza me enteré de la muerte de Lourdes Dávalos, mamá de Mariana Sánchez Dávalos, quien era estudiante de medicina de la Universidad Autónoma de Chiapas y quien fue presuntamente víctima de feminicidio. La prensa informa que Lourdes luchó contra el cáncer, pero posiblemente la primera vez que falleció fue hace seis meses cuando se enteró de la irreparable perdida de Mariana.

El fallecimiento de Lourdes Dávalos no puede pasar desapercibido porque conmemorar a Lourdes es rememorar a Mariana y evocar la voz de miles de mujeres, jóvenes y niñas, que han sido asesinadas en México; porque recordarla es sumarse a las demandas de familiares y seres queridos de víctimas de feminicidio; es hacer conjuros para resucitarlas y silbar fuerte para que revivan.

No voy a olvidar las palabras de Lourdes la última vez que hablé con ella. Lo único que exigía era justicia en el caso de su hija Mariana y hoy me sumo a las reivindicaciones de las colectivas feministas para recordar su memoria hasta que la justicia sea suficiente y las madres no entierren a sus hijas, ni las estudiantes entierren a esas madres.

Lourdes Dávalos vivirá en nuestros corazones porque el dolor de cada silla que se queda vacía en las universidades es una señal de que no podemos quedarnos en silencio, porque la muerte nos palpita en los oídos y porque, tal como dice Mirtha Luz Pérez Robledo, madre de Nadia Vera, otra joven universitaria y antropóloga de la Universidad Veracruzana a la que le quitaron la vida, “la muerte todavía no es una fiesta”.

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