Las marchas del Bicentenario en El Salvador

Imagen: https://elfaro.net/es/202109/el_salvador/25719/Multitudinaria-protesta-contra-Bukele-y-el-bitcoin-se-toma-el-Centro-capitalino.htm

 Por Carlos Mauricio Hernández

Las multitudinarias marchas que se registraron en El Salvador el pasado 15 de septiembre, año en que se conmemoran los doscientos años de independencia de la región centroamericana, se convirtieron en un grito de protesta y de esperanza. El contexto del Bicentenario fue propicio para la expresión popular. En años anteriores, las calles de la capital salvadoreña se cundían de militares y de estudiantes como protagonistas de la fiesta patria. Ahora, fue la ciudadanía organizada o personas cuya preocupación por el país les hizo alzar la voz. Precisamente las preguntas a responder son: ¿contra qué se protestó? ¿qué esperanzas se despiertan con las marchas del Bicentenario?

Lo esencial o lo que unió a sectores variopintos a salir a las calles, fue la preocupación por el rumbo del país que le ha impregnado un presidente altamente popular, con prácticas de quienes se denominan “los mismos de siempre”. Es decir, cuando Nayib Bukele ganó la presidencia en 2019, derrotó con solvencia a sus oponentes ARENA (partido de derecha que gobernó El Salvador de 1989 a 2009) y al FMLN (partido cuyos estatutos plantean ser de izquierda, gobernó de 2009 a 2019), con la consigna que su gobierno no sería igual a los de esos dos partidos que quedaron en deuda con las promesas hechas y que perdieron el voto mayoritario. Un hecho a considerar en este contexto, es que el actual presidente fue militante y alcalde con la bandera del FMLN.

Votantes de Bukele expresaron en las urnas la esperanza de un cambio real, genuino y sin farsas publicitarias para ocultar la corrupción, la incompetencia por resolver los problemas graves del país, tratos oscuros con grupos delincuenciales, el nepotismo, etc. Prácticas que se evidenciaron a través de distintos medios de comunicación de esos dos partidos, de “los mismos de siempre”.

En mayo de 2021, obtuvo una bancada mayoritaria en el Órgano Legislativo. La Asamblea  desde el primer día se convirtió en una extensión de la voluntad presidencial.  Una de las primeras acciones fue destituir a magistraturas de la Corte Suprema de Justicia, sin seguir los mecanismos legalmente establecidos. Similar acción tomó con el Fiscal General de la República. Luego vinieron una serie de acontecimientos que socavaron de manera repugnante la ya débil institucionalidad estatal salvadoreña. Además, se descubrieron negociaciones entre el gobierno y pandillas, se aprobó una ley para introducir un activo digital de especulación (Bitcoin) sin estudios técnicos, sin consultas adecuadas y a cargo de una empresa privada financiada con fondos públicos. Mientras faltan medicina en hospitales, mientas hay serias carencias en escuelas y en general una situación económica complicada, gastar más de $200 millones en ese negocio emprendido con terquedad desde la presidencia, generó –con razón– antipatías, pues de entrada se perdieron más de $4 millones por la devaluación del Bitcoin.

En resumen, el tiempo ha develado que la administración Bukele está lejos de estar a la altura de las esperanzas de la mayoría de sus votantes. Se ha comportado como a quienes criticó en campaña o en su red social preferida (Twitter) en el pasado. Engañó presentándose como algo distinto a ARENA y el FMLN. En la práctica, se ha rodeado de personas que solo se cambiaron de camisa. Se quitaron la tricolor (de ARENA) o la roja (del FMLN) y se pusieron la cyan (GANA-Nuevas Ideas la coalición de Bukele). No es mera cosmética. Las viejas mañas de “los mismos de siempre” se adaptaron al cambio y continúan. Ahora ya no bajo la bandera de un partido, sino con un líder autoritario, mareado por el apoyo popular y encantado con la concentración de poder.  La consecuencia lógica de este panorama político: ha embestido contra la República y contra los ideales democráticos. Nada de esto favorece a solucionar de raíz los problemas de las mayorías. Al contrario, se vuelve mucho más difícil el camino para construir una mejor sociedad.

Pero no todo está perdido en El Salvador. Las marchas del Bicentenario, demostraron el rechazo a medidas impopulares (la implementación del Bitcoin), a las que se tomaron contra el orden republicano (como el irrespeto a la Constitución y al Órgano Judicial o la reelección) y contra las violaciones a libertades políticas básicas (ataques a periodistas o las capturas/juicios selectivos a opositores políticos). Son tiempos para que surjan nuevas opciones políticas: partidos feministas, ecologistas, de profesionales, por mencionar algunas que pudieran configurarse con mayor ética-política que las actuales. Después de todo, estas marchas no son una invocación a votar por ARENA o el FMLN. Debe quedar claro que el rechazo a Bukele, lo es también para estos dos partidos que, al fin de cuentas, parieron a este líder autoritario, antirrepublicano, antiderechos y antidemocracia.

 San Cristóbal de las Casas, 15 de septiembre de 2021.  

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