Geopolítica de la desconfianza organizada: autodefensas y horizontes del autogobierno en Chiapas

Asamblea Pantelhó. Foto: Ángeles Mariscal

Por Pablo Uc[i]

La sociedad chiapaneca atraviesa tiempos de profundo deterioro ante la pérdida de gobernabilidad mínima en varios de sus territorios. La articulación y aparición pública de grupos de autodefensas armadas dice responder a la desconfianza organizada de las poblaciones de Pantelhó, Altamirano y Simojovel, que han dicho basta a un sistema cacicazgo familiar coludido con el narcotráfico y que se blinda, paradójicamente, con un sistema electoral capturado. Cabe interrogar si esta marejada de rebeliones y de impugnación popular al sistema de partidos políticos y a la creciente violencia y desplazamientos forzados causados por las disputas territoriales entre fuerzas del narcotráfico y estructuras paramilitares del viejo-nuevo Estado mexicano, orienta su potencia social y las transforma en democracias de intervención. Es decir, en procesos que ganen capacidad de dirección civil sobre los grupos armados, para fortalecer el horizonte autonómico y la maduración de autogobiernos en Chiapas y el eje de la geopolítica autonómica indígena del centro-sur sureste la región. O si, por el contrario, sólo sumará a una mayor concentración de población armada que, bajo la difusa noción de autodefensas y la colonialidad de las armas, termine por incrementar los cercos a una población civil que se observa atrapada en medio de una violencia y (para)militarización en aumento.

La multiforme noción de autodefensas responde a una compleja y diferenciada historia de experiencias recientes en México. La última etapa de deterioro profundo del Estado de derecho en México también corresponde a la emergencia de diversas expresiones de autodeterminación, muchas de ellas pacíficas, como ocurre con los procesos de la policía comunitaria en la Montaña y Costa chica de Guerrero[ii] o en Cherán, Michoacán. Otras como expresión abierta de grupos que recurren a la defensa armada que asumen como legítima ante los vacíos dejados por el Estado, como se ha expresado en algunas regiones de Michoacán, Colima, Guerrero y Veracruz. Experiencias, todas, difusas e incluso antagónicas en relación con el grado de legitimidad social y orientación política. La pérdida de capacidad efectiva para garantizar gobernabilidad y control territorial por parte del Estado -y sus Fuerzas Armadas-, se expresó también como pérdida de capacidad para sostener su hegemonía sobre el ejercicio y control del armamento, y una estructura de representación política partidaria autónoma, civil y libre de nexos con el crimen organizado.

Por el contrario, el ciclo de necropolítica que aperturó la guerra contra el narcotráfico en el país (2006) y los planes estratégicos de control geopolítico subordinados al esquema norteamericano de seguridad regional[iii], se emparejaron con la colusión y filtración del narcotráfico a las más diversas esferas de gobierno y sus instituciones. Incluyendo la democracia representativa formal que sostiene una increíble y costosa estructura burocrática y uno de los sistemas de partidos políticos más costosos en el mundo.

La aparición de grupos de autodefensa en Michoacán desde el año 2013, abrió una compleja bisagra entre los derechos a la autodeterminación por medio de la toma del armamento derivada de una contingencia que significó sobrevivir ante la violencia del narcotráfico y la explícita incapacidad del Estado para restaurar la gobernabilidad. Ello implicó el empoderamiento de grupos sin regulación estatal que se abrogaron el “derecho moral” de gobernar mediante su potencia militar, financiada por grupos irregulares privados y muchas veces vinculados a las propias fuerzas del narco (como se replicó en los casos de Jalisco, Colima, Veracruz).

La reciente aparición pública de diversos grupos de autodefensas en Chiapas y la movilización popular de los habitantes de Pantelhó, Altamirano y Simojovel para impedir que las autoridades electas en los últimos comicios tomen posesión de sus cargos, no sólo expresa un escenario de ingobernabilidad. Detrás de ello se encuentra una serie de prácticas de desconfianza organizada, que podría vislumbrar horizontes para formatos de democracia directa. Una democracia que en Chiapas tanto como en Michoacán, Guerrero o Oaxaca, posee una fuerte impronta de potencia autonómica -en clave estatal o no- pero que impugna el sistema de partidos y de la democracia electoral. No obstante, el escenario inmediato apunta a un escenario de violencia latente y creciente, en la medida en que las respuestas del gobierno de Chiapas y del gobierno federal se sostienen en un silencio velado que no termina por posicionar una estrategia explícita para atajar el estallido armado. Mientras tanto, la Guardia Nacional y el Ejército mexicano incrementan su presencia en la entidad, sin que esto refleje un cambio explícito en la toma de control y regulación territorial que las poblaciones afectadas puedan reconocer.

En ello coincide el comunicado emitido por el EZLN el pasado mes de septiembre, en el cual advierten que “Chiapas está al borde de una guerra civil”[iv], lo que proyecta un escenario de conflicto que coincide con las denuncias hechas por los grupos de autodefensa armados: la colusión entre partidos políticos y cacicazgos familiar articulados con el narcotráfico; inacción del gobierno y sostenimiento de grupos paramilitares, y un sistema electoral cooptado e ilegítimo.

La autonomía política y los proyectos de autogobierno sin partidos políticos poseen horizontes frágiles, pero de gran potencia. Se trata de contrapoderes sociales que compensan la erosión de la confianza mediante formas de organización autodefinidas y apropiadas a nivel local y consonancia regional, ya que además de la reacción contingente, las poblaciones señaladas demandan la conformación concejos municipales y se abren horizontes que podrían reivindicar la conformación de concejos de gobierno comunitario que desplacen la corrompida estructura del sistema de partidos políticos. Las experiencias más contundentes de autogobierno se desenvuelven en los territorios zapatistas desde hace casi dos décadas. Con una creciente institucionalidad social autónoma a través de sus Juntas del Buen Gobierno. Mientras tanto, las experiencias de gobierno comunitario siguen siendo un proceso abierto, frágil pero posible. En Oxchuc, la Comisión Permanente por la Paz y la Justicia obtuvo en 2017 una sentencia a favor que ordenó al Instituto de Elecciones y Participación Ciudadana (IEPC) de Chiapas encauzar la demanda de “de elegir a su Ayuntamiento municipal mediante sus propios sistemas normativos electorales, sin la participación de partidos políticos”[v]. Mientras tanto, en Sitalá y Chilón, se sostiene la demanda ante el IEPC para el reconocimiento de su derecho a elegir un sistema de gobierno basado en sistemas normativos propios. Y aunque esta institución ha sido incapaz de resolver e implementar dicha demanda legítima, las poblaciones han sostenido y renovado el mandato comunitario[vi]. La interrogante sobre el alcance de estas alternativas es constante[vii].

Frente a ello, resulta elemental repensar los términos de la interacción entre el pueblo y las esferas de poder que definen la crisis de gobernabilidad en Chiapas, la emergencia de los grupos de autodefensa y su crítica frontal a los poderes que busca instituir el sistema electoral. En este sentido, es posible reconocer tres dimensiones que explican el reajuste profundo en un momento de crisis de institucionalidad estatal, corrupción y disputa por el ejercicio efectivo del poder. La primera es la democracia de expresión que consiste en la toma de palabra de la sociedad y la formulación de juicios sobre los gobernantes y sus acciones; la segunda es la democracia de implicación, que considera los medios a través de los cuales los ciudadanos se ponen de acuerdo y producen un mundo común. El tercero es la democracia de intervención, que engloba todas las expresiones concretas de acción colectiva para obtener los resultados que la ciudadanía demanda. Es esta última expresión de contrademocracia la que ha alcanzado una particular densidad en la coyuntura sobre la que reflexionamos.

La cronología para trazar el novísimo mapa de la conflictividad en Chiapas es muy reciente y difusa, apenas cubierta por algunos medios de comunicación local y el trabajo de los periodistas que dan seguimiento a los hechos en el terreno.

El primer anuncio fue en Pantelhó. Tras la movilización de la población para manifestar su rechazo a las autoridades electas y su determinación para impedir que Raquel Trujillo Morales asumiera la alcaldía de dicho poblado. “Luego de expulsarlos, los pobladores de Pantelhó nombraron a un concejo municipal que días más tarde fue reconocido legalmente por el Congreso de Chiapas. Sin embargo, constitucionalmente, el periodo de gobierno en los 123 municipios de Chiapas termina este 30 de septiembre, por lo que a partir del 1 de octubre tendría que haber un relevo de autoridades en el municipio”[viii].

Destaca el reportaje documental realizado por Rompeviento TV[ix], el cual revela imágenes de dicho grupo de autodefensas y su posicionamiento político, así como el testimonio del padre de Simón Pedro Pérez López, quien fuera miembro de la Organización Sociedad Civil Las Abejas de Acteal, asesinado el 5 de julio del año en curso.

El 19 de septiembre el EZLN, a través del Comité clandestino revolucionario indígena-comandancia, hizo público su comunicado “Chiapas al borde de la guerra civil”, antes señalado. En el mismo denuncian el secuestro de dos compañeros autoridades de la Junta del Buen gobierno de Patria Nueva por parte de la Organización Regional de Cafeticultores de Ocosingo (ORCAO), elaboran un diagnóstico sobre el escenario de violencia en la entidad y advierten sobre la escalada de violencia que se aproxima y la necesidad de una respuesta contundente por parte del “mal gobierno” para frenarla.

Para finales de septiembre se difundió un video en el que otro grupo armado que se denominó como “Gente de la selva”, se posicionó en apoyo al “el Machete” y respaldó sus demandas, sin que exista aún información clara sobre su posición territorial específica y si existe legitimidad del mismo por parte de la población civil de la región[x].

A inicios de octubre la población de Altamirano se movilizó para impedir la toma de posesión de Gabriela Roque Tipacamú, y para el 7 de octubre se difundió un video de un grupo de autodefensas armadas reivindicando su posicionamiento para echar a la familia Pinto (Kanter) de Altamirano[xi].

Posteriormente, el 3 de octubre se hizo público un video que anunciaba la aparición del grupo de autodefensas de Simojovel[xii] autodenominado “Fuerza armada de Simojovel”. Y el posterior fin de semana se anunció el retiro del padre Marcelo Pérez de la iglesia del mismo poblado, tras estar al frente de la misma por diez años.

Se trata de una historia en marcha que abre interrogantes fundamentales para la sociedad chiapaneca y toda la región del sur sureste de México. Su tratamiento será motivo de las actividades del próximo VI Foro Social sobre democracias otras, a realizarse entre el 27 y 29 de octubre del año en curso, organizado por el Observatorio de las democracias: sur de México y Centroa

[i] Observatorio de las democracias: sur de México y Centroamérica (ODEMCA-CESMECA). Correo: pablo.uc@unicach.mx

[ii] Gasparello, Giovanna, 2009, “Policía Comunitaria de Guerrero, en Investigación y autonomía en Política y Cultura, otoño 2009, núm. 32, disponible en: http://www.scielo.org.mx/pdf/polcul/n32/n32a4.pdf

[iii] Villafuerte Solís, Daniel, 2017, Tiempo de fronteras: una visión geopolítica de la frontera sur de México, Chiapas: CESMECA-Juan Pablos.

[iv]  EZLN, 2021, Chiapas al borde de la guerra civil, disponible en: http://enlacezapatista.ezln.org.mx/2021/09/19/chiapas-al-borde-de-la-guerra-civil/

[v] Burguete Cal y Mayor, Araceli 2017 “Gana Oxchuc en el Tribunal Electoral. Va por elecciones de Usos y Costumbres”, en Chiapas Paralelo, 3 de julio. Disponible en: http://www.chiapasparalelo.com/opinion/2017/07/gana-oxchuc-en-el-tri-bunal-electoral-va-por-elecciones-de-usos-y-costumbres/

[vi] Mariscal, Ángeles, 2021, “Tseltales de Chiapas designan gobiernos comunitarios sin partidos políticos”, en Chiapas Paralelo, disponible en: https://www.chiapasparalelo.com/noticias/2021/05/tseltales-de-chiapas-designan-gobiernos-comunitarios-sin-partidos-politicos/

[vii] ¿Pueden ser los gobiernos por usos y costumbres la solución, o solo sumaran al malestar?, Solís, Jesús, 2021, “Posdemocracia y estatalidad en Chiapas. Un nuevo porvenir político incierto”, en Chiapas Paralelo, disponible en: https://www.chiapasparalelo.com/opinion/2021/08/posdemocracia-y-estatalidad-en-chiapas-un-nuevo-porvenir-politico-incierto/

[viii] Mariscal, Ángeles, 2021, “Así se reactivaron autodefensas de Pantelhó, Chiapas”, en Aristegui Noticias, disponible en: https://aristeguinoticias.com/2909/mexico/asi-se-reactivaron-autodefensas-de-pantelho-chiapas-video/

[ix] Rompeviento TV, 2021, Grupo de autodefensas «El Machete»: Defender, no atacar, disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=tDg_lKdyI8M&ab_channel=RompevientoTV

[x] Hombres armados “se solidarizan” con tzotziles de El Machete, grupo de Pantelhó, El Universal, disponible en: https://www.eluniversal.com.mx/estados/hombres-armados-se-solidarizan-con-tzotziles-de-el-machete-grupo-de-pantelho

[xi] Chiapas: Pobladores de Altamirano recurren a las autodefensas armadas para sacudirse cacicazgos, disponible en: https://www.chiapasparalelo.com/noticias/chiapas/2021/10/pobladores-de-altamirano-recurren-a-autodefensas-armadas-para-sacudirse-cacicazgos/

[xii] https://www.jornada.com.mx/notas/2021/10/04/estados/surge-grupo-de-autodefensa-en-simojovel/

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