¿Hemos aprendido algo por la pandemia del Sarscov-2 y la enfermedad Covid-19?

Por Gerardo González Figueroa

La vacunación en las zonas rurales

La pregunta puede parecer ociosa si vemos los avances de la vacuna, ya que, en muy poco tiempo, muchos países hacen un gran intento por vacunar a su población. Tenemos pruebas rápidas para poder acercarnos a la infección, se distribuye información sobre el curso de la pandemia, y a más de un año, ya no es el mismo tipo, sino que las variantes ya ocupan una parte del alfabeto griego, y hasta ahora no tenemos tratamiento para este virus tan contagioso.

La pandemia tiene más de un año, y son millones de infectados y de muertes, pensamos en algún momento que iba ser de menor tiempo, pero es todo lo contrario. Debemos tener claro que la luz al final de este largo túnel no se ve todavía.

Los daños son muy altos y dolorosos en la salud pública, en la parte de la salud mental está por verse, ya la OMS/OPS nos dicen que lo que sigue es eso, los graves problemas en lo mental que nos deja ya, esta grave situación. Pero los daños son diversos: cerebro, corazón, pulmones, y nos falta saber mucho más.

Recientemente, en cuanto a Chiapas se refiere, nos reportan un contagio nunca visto. A diferencia de las dos olas de infección, ahora recorre casi toda la entidad. Según reportes de colegas, todo parece que en julio dio inicio el incremento de casos desde el territorio de Tapachula, se extiende hacia la Sierra, bajando por Comitán.

Reporte de personas de diversas regiones, se puede ver el incremento de hospitalizados, muchos de ellos graves. Ahora pega muy fuerte en comunidades indígenas, sobre todo de la zona de los Altos, municipios como Chamula, San Andrés, Chenalhó, sobre todo, nos informan de que la gente tiene mucha calentura, tos, dolores en el cuerpo. Un compañero de San Andrés me dice que la semana pasada, al menos murieron seis personas.

Esta enfermedad es un virus respiratorio, su tratamiento es sintomático, las vacunas ahora evitan que en la mayoría de los casos, mueran, pero no evita la infección, y mucho menos la gravedad porque depende mucho de nuestro estado de salud, que a diferencia de las comunidades y pueblos originarios, es muy diferente, por un lado por su nutrición, pero también porque no predominan enfermedades como obesidad, hipertensión, diabetes, no digo que no existan, pero no es el mismo panorama que en ciudades como Tuxtla, Tapachula, San Cristóbal, así como en Chamula y Zinacantán.

Vemos que la gente ante la creciente Pandemia tiene conocimientos y personas que ayudan a la salud de ellas, las parteras y la medicina indígena ayuda mucho a que los casos no se compliquen, pero de igual manera, las mismas personas se autoayudan, usando plantas medicinales, activando lo que su propia cultura les ha enseñado desde siempre.

Si bien la Pandemia es una crisis inesperada, acrecentó la que los sistemas de salud ya venían sufriendo. Recordemos que en general los sistemas de salud están organizados por niveles, tres para ser exactos, en donde la mayoría de la población siendo sana, acude al primero, en donde están las clínicas, dispensarios, consultorios; y donde se hace la medicina de tipo preventivo. El segundo nivel es donde ya tenemos hospitales en donde van las personas con problemas muchos más serios que ameritan intervenciones de estudios especializados y quirúrgicas (cirugías) y el tercer nivel, el más pequeño que es un circuito de Hospitales e Institutos de salud altamente especializados, en donde se atiende a persona enfermas de cáncer, diabetes, del corazón, entre otras graves enfermedades.

Hemos aprendido en esta pandemia que las enfermedades y problemas de salud tan graves como la Covid-19, tienen que esperar a que disminuya la presión ya no solo en las urgencias, sino a nivel de todos los Hospitales, en muchas ciudades se reconvirtieron en atención a Covi-19, sin dejar de mencionar lugares especiales, como en Chiapas el Polyforum.

Hay en la arena política una discusión insana, en el sentido de que la estrategia del gobierno es buena si se trata de simpatizantes de la llamada 4T, y fracasada si es del lado de sus críticos y no sé si llamarles opositores, pero es evidente que ha habido cosas buenas como la propia reconversión, así como el papel del personal de salud clínico que se le ha rifado en serio a costa de sus vidas.

Creo que en algún momento en los tres niveles de atención nos toca evaluar lo que hemos hecho, no son pocos casos en los que errores en el diagnóstico y en el tratamiento, han provocado personas graves, el fenómeno de la medicalización es sumamente arraigado en la práctica médica, usando medicamentos de dudosa acción en la lucha contra esta enfermedad.

El papel de la atención primaria de salud es fundamental, se basa en la gente, en la participación de los agentes de salud, sean comunitarios, sean institucionales, valora el conocimiento ancestral, pero la atención primaria es posible solo sí, hay educación, alimentación, vivienda adecuada, empleo, salarios dignos, y es donde falla nuestro sistema, y sin mencionar el estado de violencia y exclusión que padecemos. Una lección es que, si las cosas no cambian, como se puede ver, la existencia se acaba, y la pandemia comparada con ello, será un chiste, o un mal chiste en el que ahora ya tenemos millones de infectados y muertos.

En este aprendizaje me llama la atención el debate por las vacunas. Ya he comentado que por la manera en la que se ha desarrollado la infección, digamos algo lenta, pero no ausente, es que en no pocas comunidades y pueblos, las personas dudan de la infección y/o del virus. Siguen pensando que es un invento para producir miedo, me viene a la mente cuando en tiempos de pandemia, personas de una o varia ONG, hablaban en una radio comunitaria de que habían visto un avión, tirando el virus (sic).

Hoy las redes sociales se jactan de ser medios de la verdad como las personas que interactúan en ellas, sus fuentes de información son la prima o el primo de algún cercano, o de algún médico y enfermera.

Debemos aprender a valorar fuentes de información verídicas y que informen y no deformen la realidad.

Esta crisis de salud debemos valorarla desde un sentido pedagógico, qué hemos hecho bien, que es poco, pero en particular lo que han sido, pésimas decisiones. El Estado es garante de la protección, le corresponde al gobierno ser responsable de la conducción de la pandemia.

Por último, las vacunas en el mundo, de cómo se distribuyen, es el mejor ejemplo de la desigualdad, de la exclusión, y si bien las vacunas son por ahora, una esperanza de ver esa famosa luz al final del túnel, la realidad es que hoy en salud, sus sistemas no tuvieron la capacidad de detener la infección, cargando en demasía, la responsabilidad de la gente. Mucho queda todavía por aprender, que sea una lección para lo que ya está y lo que viene.

 

Correo electrónico: ggonzalez@ecosur.mx

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