El reto de construir universidades libres de violencia en Chiapas

La Red de Colectivas Feministas e integrantes de la comunidad universitaria de la UNACH marcharon en la exigencia del cumplimiento del pliego petitorio. Foto: Yessica Morales

Por Nashyelli Salazar Flores

Las universidades y ser universitarios para quienes provenimos de familias obreras, representa una conquista para la movilidad social. Sin embargo, para las mujeres históricamente limitadas del acceso a los espacios de conocimientos llegar y mantenernos en las universidades implica un doble esfuerzo[1]; más en un estado como Chiapas que lleva décadas encabezando los índices de pobreza, con un porcentaje mayor de mujeres en pobreza extrema[2].

En materia de género, Chiapas es un estado conservador, en el que la división de tareas por sexo funciona para la mayoría de los hogares, como lo demuestran el porcentaje de población que realiza trabajo no remunerado en el hogar de 12 años y más (INEGI, 2015) 90.06% de las mujeres invierte su tiempo en este tipo de trabajo comparado con un 42.70% de los hombres, existiendo una brecha de género del 47.36; en un contexto así la educación formal es un trabajo extra para las mujeres.

Es quizás ese mismo contexto, el que sostiene el mito de ver en el acceso a las universidades una posibilidad de mejora en la calidad de vida para todas y todos, aunque la realidad profesionista no sea tan alentadora. ¿Cuántas de nosotras no crecimos con el discurso de que estudiar podría liberarnos de la dependencia económica hacia un hombre y quizás, hasta salvarnos de la violencia marital?

Sin embargo, las universidades como espacios sociales de conocimiento y poder no están alejados de los males que nos aquejan como sociedad; la violencia de género es uno de ellos; la más nombrado y visible en este contexto de pandemia. Nosotras ya vivíamos en “la otra pandemia”, como han nombrado algunas compañeras feministas para visibilizar el aumento de la violencia de género en México. Tan sólo en los últimos años de pandemia, el delito de violencia familiar registró la segunda mayor frecuencia, con un aumento de 5.3% entre 2019 y 2020, confirmando el alza en la violencia contra las mujeres durante el periodo de confinamiento[3]. En Chiapas, como lo Indica el Observatorio Ciudadano (2021) durante primer semestre de este año, la violencia familia ocupó el primer lugar en delitos; la violación sexual, el sexto lugar y los feminicidios el noveno lugar en delitos, lo que visibiliza la necesidad de continuar trabajando en el tema de prevención y atención de la violencia de género.

Este año, la violencia de género sacudió a una de las mayores casas de estudio de Chiapas. El fallecimiento de Mariana, estudiante de la Facultad de Medicina de la UNACH, nos recordó que las universidades no están exentas de los males sociales que vivimos. Su fallecimiento dejó en evidencia la burocratización de la denuncia que como víctimas de acoso y/o hostigamiento viven las estudiantes, además del poco o nulo manejo de perspectiva de género que se tiene en la atención a esos casos. Frente a un hecho tan lamentable, el actuar de las colectivas de estudiantes universitarias fue loable, en un contexto hostil para el feminismo; su capacidad de respuesta y organización llevó a las autoridades a replantear la estrategia institucional de atención y prevención de la violencia de género.

De las demandas de las universitarias y las mesas de negociación realizadas tras la toma de la universidad, surgieron tres nuevas áreas de trabajo para la implementación de la perspectiva de género en la UNACH: El Laboratorio de Estrategias para el Cambio Social, La Coordinación para la Evaluación de Políticas Públicas para la Transversalidad de Género y La Coordinación para la Igualdad de Género.

Desde la Coordinación para la Igualdad de Género este año se gestionó la implementación de 23 Comisiones de Género en escuelas y facultades de la UNACH, que desde mayo de este año trabajan arduamente por introducir una nueva cultura de cero tolerancias a la discriminación, la violencia género y de otros tipos de violencia dentro de la universidad; trabajando desde un enfoque de género y derechos humanos.

Esta labor no ha sido fácil, las Comisiones de Género y la Coordinación de Género nos hemos topado con los prejuicios sobre el tema y las reacciones de menosprecio sobre el trabajo de pensar y repensarnos desde otros márgenes de acción que no impliquen los de por sí, fallidos modelos institucionales para prevenir y brindar atención en los casos de violencia de género. También habría que tomar en cuenta la violencia estructural que atraviesa la vida laboral; para nadie es un secreto que la mayoría del trabajo docente y administrativo que sostienen las universidades públicas y privadas es realizado por personas que trabajan bajo el rubro “por honorarios” con pocos o nulos derechos laborales, para quienes asistir a un taller o una capacitación resulta trabajo extra y una triple jornada para las compañeras docentes y administrativas, quienes, no casualmente, son las que más han respondido al llamado colectivo.

El contexto de pandemia también ha representado un reto para nuestra labor, lidiar con pantallas negras, videollamadas interrumpidas y comprender que el tema, pierde prioridad cuando se vive el duelo tras la pérdida de un familiar arrebatado por el COVID19 o para quien siendo estudiante prefiere gastar sus datos de telefonía en la próxima clase a tomar una capacitación que es de “buenas voluntades”. Además de combatir la creencia de aquellos que aseguran haber asistido a un diplomado de género y que con ello han cumplido a cabalidad con todas las necesidades que un cambio cultural implica.

Sin embargo, este trabajo también apremia a la conciencia colectiva de quienes estamos convencidas que trabajar para y con las nuevas generaciones de profesionistas es necesario; buscar otras formas de acercamiento al tema y provocar otras maneras de encuentro son nuestra prioridad, eso aprendimos con la organización del Primer Festival por la Igualdad, un evento propiciado por la Coordinación para la Igualdad de Género pero acompañado de varias áreas internas afines a nuestro trabajo; además de la noble colaboración de quienes no pertenecen a la universidad pero siempre están ahí para apoyar el trabajo colectivo en pro de la igualdad.

Realizar este evento nos permitió comprender que institucionalmente jamás nos dirán que “no” pero eso, tampoco implica que el apoyo se dé en su totalidad, sin embargo, la necesidad de nuevos espacios de expresión por parte de las y los universitarios ha sido el impulso para andar por esas tierras desconocidas para la UNACH.

Para quienes estamos comprometidas con dejar un mundo mejor del que nos encontramos nos queda el resistir y reforzar las redes, mientras trabajamos por sembrar cada día más semillas de rebeldía, pues como lo indicó la Dra. Florencia Peña (2021) durante el conversatorio de Discriminación y Violencia de Género Universitaria “Las universidades no son instituciones aisladas de las dinámicas del resto de la sociedad (…) la universidad tiene un gran poder simbólico para impactar los procesos sociales”; nuestro trabajo como acompañantes en la formación de las nuevas generaciones de profesionistas debe encaminarse a la construcción de una ética profesional con perspectiva de género y a favor de los Derecho Humanos que permita a largo plazo la generación de espacios universitarios y profesionistas donde nuestras amigas, hermanas e hijas tengan la libertad de construir un pensamiento científico, sin la necesidad de sobrevivir al machismo, el hostigamiento y el acoso que hasta ahora, más de una hemos tenido que sobrellevar junto al esfuerzo de obtener un grado académico.

*Nashyelli Salazar Flores. Nashyelli.salazar@unach.mx. Colaboradora del Observatorio de las Democracias: Sur de México y Centroamérica.

 

Referencias

INEGI. (2021). Comunicado de prensa número 689/21. 23 de noviembre 2021 de INEGI www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/aproposito/2021/EAP_Elimviolmujer21.pdf

Observatorio Ciudadano Chiapas. (2021). Reporte sobre incidencias delictivas. Enero-junio 2021. 10 de diciembre de 2021, de Observatorio Ciudadano Chiapas Sitio web: www.ligalab.mx/wp-content/uploads/2021/08/2021_1S.pdf

INMUJERES. (2018) Sistema interactivo de consulta de estadística educativa. Ciclo 2017-2018. 13 de diciembre de 2021, de Atlas de Género Sitio web: http://gaia.inegi.org.mx/atlas_genero/

INEGI. Encuesta intercensal 2015. (2015). Porcentaje de población de 12 años y más que realiza trabajo no remunerado en el hogar, 2015 (Porcentaje). 13 de diciembre de 2021, de Atlas de Género Sitio web: http://gaia.inegi.org.mx/atlas_genero/

INEGI. (2014) Módulo de Condiciones Socioeconómicas de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos en los Hogares (MCS-ENIGH) 2014. 13 de diciembre de 2021, de Atlas de Género Sitio web: http://gaia.inegi.org.mx/atlas_genero/

[1] De acuerdo con los datos de participación de mujeres y hombres en la matrícula escolar 2016-2017 reflejadas en el Atlas de Género, en promedio las chiapanecas estudian 6.92 años y los chiapanecos 7.69 existiendo una brecha de género de 0.76 años. Al observar las matrículas escolares 2016-2017 por nivel de estudio encontramos en el nivel básico una brecha de género del 1.80; una brecha de género de 5.40 para el grado medio y una brecha de género de 4.40 para el grado superior.

[2] 32.27% para mujeres y 31.38 para los hombres (INEGI, 2014).

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