El viaje de Amos Beaubrun, una historia de la movilidad haitiana en Latinoamérica

Foto: Amos Beaubrun

Iván Francisco Porraz Gómez[1]

 

Hoy día quisiera contar mis trayectos para llegar hasta Tapachula, Chiapas. Me interesa que la gente conozca un poco de nuestras vidas, de las historias que hay de cada persona haitiana y por qué llegamos hasta acá, nos dice Amos. Mi salida de Haití es en 2004 cuando pasó el golpe de Estado del presidente Jean-Bertrand Aristide, yo era miembro del partido Fanmi Lavalas, del cual es fundador Aristide, y cuando pasó el conflicto muchos salimos huyendo a República Dominicana por persecusión política, por la situación compleja del país.

Ingresé de manera irregular a Reública Dominicana por la parte norte de país, sin documentos que reconocieran mi estancia legal en ese país, de 2004 hasta 2015 estuve viviendo en Santiago, después me fui a vivir a Santo Domingo, ahí pude ir al liceo algunos años y luego termine de estudiar comunicaciones, pero había poco trabajo. En el 2017 hubo la oprtunidad de regularizar mi situación migratoria, recuerdo que fuimos como un millón de hatianos que lo hicimos ahí en Dominicana y nos dieron documentos, ahí obtuve una tarjeta de identidad, acta de nacimiento y pasaporte, desde ahí muchos de los que estabamos en ese país decidimos migrar a otros paises de América Latina. Uno de los principales factores era el trabajo, porque a pesar de que tengas estudios o una profesión es difícil que encuentres un buen trabajo en Dominicana.

Dos paises comenzarón a ser de interés para nosotros los haitianos, Chile y Brasil, a finales de 2017 me fui a Chile, yo estuve viviendo algunos meses en Santiago ahí tenía poco trabajo, pero tampoco tenía papeles legales, de ahí decidí ir más al sur, a Puerto Montt, ahí las autoridades migratorias chilenas comenzaron a regularizar, pasaron seis meses para que me dieran un carnet temporal, la situación parecía que podía mejorar en ese país, pero yo siento que cuando regresa Sebastián Piñera a la presidencia de ese país la situación se complica pues muchos haitianos ya no se regularizaron, el trabajo se complicó más y sobre todo, la vida en Chile es muy cara, para nosotros que somos inmigrantes es costosa la vida. Yo estuve viviendo allá de 2017 hasta 2021. Ahí en Puerto Montt, trabajé en varios empleos, fui traductor en una empresa que se llama Kémelbus, es de transporte de pasajeros turistas que llegan de Europa, porque hablo francés, ahí estuve hasta que la empresa me despidió; también me dedique a impremeablizar algunos techos de las casas para una empresa local, con un cemento que se llama “polvo del volcán”. El frío me costaba un poco, pues yo vengo del Caribe, pero también por la reunificación familiar, tenía cuatro años de no ver a mi familia, a veces quería salir para visitarlos pero no es fácil por el dinero del viaje y luego piensas si te van dejar entrar a Chile, por eso y otras razones comencé a planear mi viaje para América Central, así que me decidí.

 

El viaje de Amos…

El 3 de julio de 2021 inició mi viaje, fui a Santiago y después para Arica, en la frontera con Perú, ahí hice cinco días. Cruce el desierto y tomé un bus para Lima, la capital. Después hasta la frontera con Ecuador, de ahí me dirijí a Pasto en Colombia. Después nos fuimos a Necoclí, es una playa que esta en la parte Norte de Colombia, de ahí tomamos una lancha para un lugar que se llama Capurganá, que pertenece al departamento del Chocó y es cerca de la frontera colombo-panameña. De ahí viene lo díficil y es prepararse para cruzar la selva de El Darién, la selva de la muerte como lo conocemos muchos migrantes que pasamos por ahí, hay algunas personas que se conocen como los “guías”, se contratan en Capurganá y te guían para poder cruzar la selva, ellos andan armados, conocen bien el camino, tienes que pagar 100 dólares, y prepararte porque es una zona pantanoza y peligrosa, encuentras mucha ropa tirada, hay osamentas de cuerpos humanos… yo recuerdo que del grupo con el que íbamos se murieron seis peronas haitianas, se ahogaron. De lado de Panamá hay bandas que te asaltan, es peligroso también. Una vez que cruzas a Panamá los agentes migratorios te sacan en buses a la frontera con Costa Rica, pero cobran 40 dólares por persona. Otra frontera complicada es Nicaragua, aunque casi no se sabe nada de ella, los agentes de migración de ese país te piden entre 200 a 250 dólares para pasar, y lo más ridículo es que no te ponen ningún sello y tampoco te dan ningún papel, así es como uno se da cuenta que ellos te extorsionan por pasar esa frontera. De ahí tenemos que tomar un bus hasta la frontera norte de ese país, ahí encontramos que hay como unos negociantes o “traficantes” que te llevan de la frontera entre Nicaragua y Honduras hasta la fontera entre Guatemala y México, para ello tienes que pagar 160 dólares por persona, pienso que esos negociantes pueden ser hondureños o guatemaltecos porque conocen bien el trayecto y no encontramos más peligro. Ellos te dejan en el Suchiate para cruzar por las balsas, ahí te dejan de lado guatemalteco y nos dan 50 pesos mexicanos para pasar a Ciudad Hidalgo, México.

El viaje de Puerto Montt, Chile, hasta Tapachula, México, me llevo 22 días, me gaste entre 2000 a 2500 dólares, en hoteles, comida, transporte y a veces algunas extorsiones para cruzar por el Darién y Nicaragua, pero en el camino encuentras a muchos haitianos y hatianas; yo conocí a muchos paisanos de Haití que llevaban meses viajando porque se les acabó el dinero y pedían a sus familiares o amigos para continuar la travesía.

 

Llegar a Tapachula, Chiapas, México…

Llegué a Tapachula, no conocía a nadie. Al principio me quedé en un hotel pues no imaginaba tanta burocracia para hacer los trámites migratorios, después ya renté un espacio, llevo tres meses y aun no tengo mi resuloción ante la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados COMAR[2], como les ha sucedido a muchas personas de origen haitiano que están acá. Veo una situación complicada porque mis compatriotas siguen llegando y no hay trabajo en este lugar, mientras, la autoridades en México no dan respuesta de los trámites migratorios.

Muchos y muchas haitianas no hablan español, se están desesperando, ya quieren salir para otros lugares donde puedan encontrar trabajo y mejor calidad de vida, por eso cierran las carreteras y hacen distintas manifestaciones, yo no estoy de acuerdo con eso pero entiendo la situación. Más de un noventa por ciento de las y los haitianos que llegamos acá no queremos regresar a Haití, vamos en busca de “la tierra firme”, después de tanto sufrimiento quizás vamos a encontrarla para poder vivir en paz. Mi estancia acá es complicada, pero inicié como voluntario para hacer traducción de mis compatriotas en un hospital público de Tapachula, me contrataron por un periodo, pero también espero encontrar un mejor empleo. Yo quiero cerrrar con dos cosas, primero agradecer a todo el pueblo de Tapachula, Chiapas por recibirnos, quizás estamos incomodando pero también es necesario que conozcan nuestras experiencias de vida, nuestras esperanzas. Por último, tengo un sueño como comunicólogo, quisiera hacer un documental sobre el viaje, la travesía haitiana desde el momento en que salimos de Haití hasta llegar a Tapachula, para mostrar al mundo que también nosotros tenemos sueños a pesar de los muchos infiernos que pasamos… y seguiremos pasando…

[1] Investigador de ECOSUR-Tapachula, colaborador del Observatorio de las Democracias: sur de México y Centroamérica.

[2] Las solicitudes de asilo superaron las 116,000 en 2021 en México, lo que supone un incremento del 46% comparado con 2019, el año con el mayor registro de peticiones en el país (COMAR, 2021)

 

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