Mitomanías de la democracia colombiana desde Chiapas

Foto: Camilo Rincón Ramírez

Camilo Rincón Ramírez*

En Colombia, un 19 de abril de 1970, corrían las elecciones presidenciales, que se disputaban entre la coalición Frente Nacional, conformada por el tradicionalismo liberal-conservador en cabeza de Misael Pastrana y La Alianza Popular (ANAPO), representada por Gustavo Rojas Pinilla. Cambios de resultados a última hora y un ambiente de fraude dieron como ganador, por un corto margen porcentual, a Pastrana. Esta mancha en las elecciones resultó, tres años después, en el surgimiento de la Guerrilla M-19 (Movimiento 19 de abril por la fecha del suceso) [1]. A pesar de esto y otros hechos, diversos discursos oficializan a Colombia como “la democracia más antigua de Latinoamérica” y se jactan de no haber sufrido dictaduras como la argentina o la chilena, lo que desdibuja múltiples sucesos como el narrado. Nuestros sistemas políticos, los latinoamericanos, están plagados de mitomanías, especialmente en relación con la palabra “democracia”. En el presente texto me propongo identificar algunas de estas.

Las mitomanías [2] son frases hechas, lo que parece inevitable o lo que se ha vuelto estereotipo. Identificarlas es abrir un camino por las frondosas creencias que sostienen y legitiman desigualdades políticas y económicas. En esta época electoral colombiana, generalmente convulsiva, se hace primordial cuestionar la noción de una política inmóvil y sin horizontes. Es importante apuntar que estas ideas no son excluyentes al contexto colombiano, y por el contrario cabría preguntarnos por las frases que se naturalizan y reproducen a lo largo del continente.

Como se enunció con anterioridad, la primera frase elaborada es “Colombia es la democracia más antigua de Latinoamérica”. Este discurso olvida diversos acontecimientos que atraviesan la historia colombiana como la larga lista de apellidos anulados del mapa político: Gaitán, Galán, Garzón, y así sucesivamente o partidos enteros como la Unión Patriótica*. De igual manera, borra los amplios índices de corrupción que posicionan al país dentro de las regiones más desiguales y corruptas de América Latina y del mundo; sin dejar de lado el acaparamiento por parte de los partidos políticos tradicionales del sistema político colombiano, y la cooptación estatal realizada por el narcotráfico y grupos paramilitares. Esta frase repercute en la paralización y en la amnesia colectiva de la historia política del país.

La segunda frase hecha es que “la política solamente son instituciones, Estado y partidos políticos”. Esta mitomanía olvida la acción colectiva, sus luchas y reivindicaciones, que se ejemplifican en las movilizaciones que sucedieron hace un año en el país que lograron tumbar la polémica reforma tributaria propuesta por el gobierno de turno. De igual manera, deslegitima movimientos étnicos, de las mujeres, de la comunidad LGBTI y acciones populares que históricamente han tenido que luchar por el reconocimiento de sus derechos y su participación en la decisiones del país. La política no es solo cuestión de instituciones, también se hace en el barrio, en la favela, en la orillada y en los sectores populares; no es solo cuestión de voto, sino también de marcha, deliberación, rumor o rituales que se desarrollan en la cotidianidad [3].Deshacer esta mitomanía es cuestionar la diferencia que se hace entre gentes de razón y gentes de costumbre en la participación política.

La tercera frase es “la democracia es el punto de llegada en el que ahora estamos”. La palabra democracia se ha usado tanto, con tan diversos pretextos y discursos que ahora no se sabe bien a qué se refiere. Bajo esta frase se esconde la inmovilidad y la idea de que en nuestras sociedades ya todo está hecho y que buscar alternativas es desmejorar el “edificio que se ha construido”. También, se desprende la idea de que en la participación política todos y todas debemos estar de acuerdo en un solo camino para decidir, proponer y construir. Por el contrario, el tránsito político es un camino con diversos senderos, que solo se practica mediante el andar. No es un punto de llegada, sino un movimiento de disputas, conflictos y distinciones en los que se trazan los mapas de nuestros modos de vida y relaciones con el mundo [4].

Para concluir, la lucha política en nuestro contexto y en nuestras regiones debe articular la crítica a las palabras que buscan solidificar una sola vía de participación política, que borra las voces, anhelos y prácticas de la mayoría de la población que es afectada por las decisiones que son tomadas sin su consideración. Esta reflexión es aún más importante en épocas de elección que viven algunos países del continente, pero no se reduce a ello: es un proceso, a veces árido, de confrontación, de movimiento y de lucha, pero también de construcción y de participación cotidiana. Como lo enuncié con anterioridad, estas mitomanías no son excluyentes de Colombia, sino que se comparten en diferentes democracias latinoamericanas, cada una con sus propias particularidades. Un trabajo importante a realizar es precisamente su identificación y descripción.

 

* Estudiante de Maestría en Ciencias Sociales y Humanísticas del Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica (Cesmeca). Colaborador del ODEMCA.

Notas:

* La historia política de Colombia se caracteriza por la eliminación y la violencia en contra de figuras y movimientos alternativos a la política tradicional. Algunas de los sucesos más representativas son: el magnicidio de Jorge Eliecer Gaitán el 9 de abril de 1948, que desató el periodo de violencia conocido como el Bogotazo; de igual manera, fueron asesinados los candidatos presidenciales Luis Carlos Galán Sarmiento, Bernardo Jaramillo Ossa, Álvaro Gómez Hurtado y Carlos Pizarro León Gómez , a final de la década de los ochenta y principio de los noventa; también, se realizó el genocidio en contra del partido político de izquierda Unión Patriótica, en el que fueron asesinadas 4.616 personas y 1.117 desaparecidas; a lo anterior, se suma el asesinato del periodista, humorista y crítico Jaime Garzón, en 1999, para acallar sus denuncias. Estos casos son representativos, pero no exclusivos, puesto que la historia política de Colombia está marcada por la violencia, la lucha armada, el narcotráfico y el conflicto.

Referencias:

[1] Acuña, O. (2013). Poder y memoria, Las elecciones presidenciales de 1970 en Colombia. Revista Escuela de Historia, 12(2), 1-31.

[2] Grimson, A. (2012). Mitomanías argentinas, Cómo hablamos de nosotros mismos. Grupo editorial Siglo Veintiuno, Argentina.

[3] Lomnitz, C. (1999). Modernidad indiana, nueve ensayos sobre nación y mediación en México. Editorial Planeta Mexicana.

[4] Mouffe, C. (1999). El Retorno de lo Político. Comunidad, ciudadanía, pluralismo y democracia radical. Paidós.

Sin comentarios aún.

Deja una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Comparta su opinión. Su correo no será público y será protegido deacuerdo a nuestras políticas de privacidad.
A %d blogueros les gusta esto: