Colombia frente a las urnas y la memoria del paro nacional

Fuente: Fotografía del (Anti)Monumento a la esistencia,
creado en memoria de los jóvenes caídos durante el paro nacional, en Cali, Colombia.

Pablo Uc[i] 

La primavera de 2021 en Colombia pasó del ardor al incendio. A un año de las poderosas movilizaciones que llevaron a un estruendoso paro nacional, la sociedad movilizada reclama memoria y justicia de frente a las elecciones que tuvieron su primera vuelta el pasado domingo 28 de abril. ¿Cómo leer los resultados de esta primera vuelta electoral que ha colocado, de forma inédita, a la “izquierda política” a un peldaño de ocupar la presidencia del país andino-amazónico? ¿Qué representan las figuras de Gustavo Petro y Francia Márquez en un contexto de adoloridas memorias que no encuentran sutura? ¿Qué giros geopolíticos proyecta el latente recambio político-electoral de Colombia en Nuestra América/Abiayala?

La irrenunciable memoria del estallido: a un año del paro y sus víctimas

Las imágenes circulando en medios y redes sociales de los territorios alzados durante el paro, fueron brutales: represión policíaca, persecución, detenciones extrajudiciales, cateos domiciliarios. Barricadas, ollas populares, calles incendiadas y una ciudad emblemática convertida en trinchera y polvorín de resistencia: Cali. De nuevo la militarización; de nuevo las solidaridades-sororidades populares; de nuevo el dolor, acaso infinito, de las familias ante sus muertos. A un año del más potente ciclo de protestas recientes en el país andino, el último informe presentado por Naciones Unidas[ii] sobre el paro nacional, reconoció a 63 víctimas durante el contexto de las movilizaciones, de las que el 76% se debieron a heridas de bala, y sobre las que han verificado 46 decesos (44 civiles y dos policías). Mientras que las organizaciones sociales indican un número de 80 personas muertas durante las protestas y al menos tres mil heridos, con cientos de casos de violencia sexual perpetradas por fuerzas del Estado[iii].

El anuncio de una reforma tributaria que gravaría el precio de los productos básicos[iv] fue el detonante para un estallido que acumulaba ya los delirios causados por la sofocante pandemia y su tratamiento bajo encierro y distanciamiento social; la continuidad del sistemático asesinato de líderes sociales[v] y de milicianos desmovilizados; y un proyecto de gobierno nacional, al frente de Iván Duque, empeñado en hacer fracasar los adoloridos acuerdos de paz, firmados apenas en 2016[vi]. A un año del paro nacional no sólo los movimientos sociales en Colombia, sino sus comunidades y redes de apoyo en todo Latinoamérica, reclaman sostener una memoria de rebeldía que amplifique los horizontes de lo político frente, y más allá, de las elecciones en vilo. Se trata de reconocer la presencia activa y permanente de la sociedad, más allá de su instrumentación, que reduce el valor de la ciudadanía a la fórmula: un ciudadano, un cuerpo, una credencial, igual a un voto. Y a la vez fracturando la lectura binaria entre lo público y lo privado, que justamente han disuelto las formas de organización barrial y comunitaria, tanto como las mingas solidarias que han organizado a la población durante los diversos ciclos de resistencia indígena y campesina.

Estos tejidos comunitarios populares manifiestan a su vez la importancia de las corporalidades, que valen más allá de su rédito electoral, para convertirse en el epicentro de la resistencia durante el paro, poniendo en relieve la racialización territorial persistente en Colombia, en donde el Estado reclama gobernabilidad y convoca a depositar las esperanzas en un proceso electoral, pero que mantiene una política de guerra sistemática y un programa contra los acuerdos de paz. Frente a ello, ¿dónde se coloca esta potencia política, la memoria de los caídos durante el paro en las elecciones nacionales y las esperanzas de un triunfo inédito para la izquierda electoral?

Petro y Márquez, ¿qué se juega con las elecciones y el posible giro a la izquierda en el Estado?

La potencia social desplegada durante el paro se coloca frente a un inédito escenario político en el que la izquierda electoral representada por Gustavo Petro y Francia Márquez, posee altas probabilidades de llegar a la presidencia. Mientras que las tendencias del centro están atomizadas y el recalcitrante conservadurismo, sostenido por el líder paramilitar y expresidente Álvaro Uribe, se enfrenta a un repliegue ante el desgaste y una crítica ilegitimidad de un “orden establecido” que es insostenible. La figura de Petro es emblemática de varios frentes que representarían un giro importante si llegara a la presidencia: formó parte en su temprana edad del movimiento guerrillero M-19, el cual fue desmovilizado con los acuerdos de paz de 1990. Fue preso político durante año y medio y se sostuvo en la escena público llegara hasta llegar a ser senador y alcalde de Bogotá. Es su cuarto intento por llegar a la presidencia y ha lanzado un programa que promete construir políticas que reajusten la inequidad social, de género, respetar las iniciativas del derecho al aborto, limitar los proyectos extractivos y el uso de transgénicos, así como impulsar equilibrios para posicionar a Colombia en una línea regional progresista, en sintonía con las agendas que promueve México, Argentina, Chile, Perú y Bolivia.

Francia Márquez, por su parte, es una mujer afrodescendiente, activista y feminista defensora de los derechos humanos y el medioambiente, cuyas reivindicaciones son parte de un alarido activo de la sociedad colombiana y pueblos originarios y afrodescendientes que se posicionan contra el despojo, la guerra y el extractivismo. Como figura pública, Francia Márquez sacude la escena política colombiana enfrascada en un racismo histórico. La dupla demanda equilibrios difíciles, pero su posicionamiento es también una conquista de los propios movimientos sociales.

La primera vuelta electoral celebrada el pasado 29 de mayo, colocó a la fórmula presidencial de Petro y Francia (Pacto Histórico) en el primer lugar, con el 40.5% de los votos, en una jornada récord que alcanzó la concurrencia de alrededor del 70% del padrón electoral. El segundo sitio lo alcanzó Rodolfo Hernández con un 27.9%, y un tercer lugar para Federico «Fico» Gutiérrez, el candidato de la derechista coalición Equipo por Colombia y símbolo de un retrógrado poder bien instalado en la estructura del Estado colombiano, su arquitectura (para)militar y los poderes empresariales, representado por la figura del expresidente paramilitar Álvaro Uribe. Frente a este complejo reajuste de intereses entre la clase política, las alianzas del centro, la derecha, y de la izquierda electoral, junto con los poderes privados no visibles, están en pleno reajuste. El resultado presidencial se definirá en una segunda vuelta programada para el próximo 19 de junio.

La suma de las facciones perdedoras en la primera vuelta, que están siendo convocadas a votar en bloque contra la fórmula del “pacto histórico”, para dar su apoyo a la candidatura de Rodolfo Hernández, podrían alcanzar el 50% del electorado. Por supuesto que el análisis es simplista, ya que ambos bloques se encuentran en una ardua negociación y es plausible el reajuste de fuerzas en las urnas. De hecho, la más reciente encuesta del Centro Nacional de Consultoría (CNC)[vii] colocó al candidato del Pacto Histórico, con un 44,9 % en intención de voto, con apenas 4 puntos por encima de Rodolfo Hernández (41 % en la encuesta), reconociendo un margen de error del 2% lo que coloca la balanza en un incierto empate técnico.

Al desglosar el voto regionalmente y en términos generacionales, destaca la fortaleza del Pacto Histórico en las regiones del norte, el occidente y sur del país, mientras que el apoyo a Hernández y Sergio Fajardo (cuarto lugar en votos de la primera vuelta) se sostuvo en el interior cafetero, andino y el oriente que lleva a la frontera con Venezuela. Los/as más jóvenes se colocan en tendencia por la izquierda electoral, las generaciones mayores de los centros urbanos, por las candidaturas conservadoras. Lo interesante de esta geografía electoral, es que, al cruzarla con el mapa del plebiscito para aprobar los acuerdos de Paz, en 2016, coinciden en diversos sentidos.

Es decir, los bastiones que favorecieron con su voto a la fórmula de Petro y Márquez, en las recientes elecciones, coincide con los territorios que defendieron el Sí a los acuerdos de Paz. Mientras que los territorios inclinados por los candidatos de Centro y Derecha (Hernández y Fajardo), coinciden con los territorios en los que el No a los acuerdos de paz fue mayoría. Cabe recordar que en dicho plebiscito triunfó el No, con una gran campaña de sabotaje empujada por las fuerzas conservadoras y paramilitares del expresidente Álvaro Uribe[viii]. La diferencia, claro, es que la sociedad pareciera estar posicionada en otro momento, y frente a la potencia social que el paro de 2021 ha dejado. Y esta incidencia tendrá importantes repercusiones en la segunda vuelta electoral próxima.

Geopolítica y guerra: relevancia estratégica de Colombia

Colombia ha sido un bastión geoestratégico fundamental para la geopolítica imperial e intervencionista de EEUU e Israel en los últimos 50 años. Su posición geoestratégica se fundamenta en su condición bioceánica; es una puerta vital para acceder al Gran Caribe desde Sudamérica y un conector natural con la Orinoquía (frente a Venezuela), la Selva Amazónica (en frontera con Perú, Brasil) y la región Andina (frente al Ecuador). Hoy por hoy es el territorio con la frontera más importante con Venezuela, que se sostiene como el “foco rojo” de la frustrada estrategia de intervención estadounidense y su intento por controlar el epicentro energético-petrolero de la gran cuenca caribeña. Sigue siendo el país que recibe la mayor recepción de fondos para asistencia militar en la región por parte de EEUU e Israel, y sus políticas de seguridad y sistemas de guerra de Estado para la contención insurgente y la polémica activación de una guerra contra el narcotráfico, es un modelo que incluso incidió en el modelo securitario y la militarización en México, impulsadas durante la gestión de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto (2006-2018). Colombia ha sufrido una guerra intestina por medio siglo y ha experimentado uno de los procesos de desplazamiento forzado más feroces a nivel mundial, junto con experiencias como las de Sudán, en África.

La frontera entre Panamá y Colombia es una difusa expresión de control sobre el “tapón del Darién”, aquella región en donde la carretera panamericana se trunca y donde se aglutinan las más intensas y diversas olas migratorias que buscan cruzar la selva para llegar al otro extremo del Istmo, en Tapachula, Chiapas, para seguir rumbo a la frontera con EEUU. Se trata de una violenta franja militar, paramilitar, insurgente y del narcotráfico, que se impone en los territorios de los pueblos guna dule, emberá y diversos asentamientos de pueblos afrodescendiente del gran Chocó.

Colombia es a su vez un bastión de resistencia territorial emblemática por parte de los pueblos originarios, afrodescendientes, campesinos y el activismo urbano popular. Los pueblos originarios que resguardan la región del Cauca son emblemáticos por su tenaz resistencia histórica antiestatal y anticolonial, así como por su maduración política organizativa y su capacidad de convocatoria en las alianzas geopolíticas de Abiayala. Así lo expresa la historia del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC). El posible giro en la política colombiana sería inaudito, y abriría un ciclo “prometedor” para la integración latinoamericana -aunque persistentemente extractivo-, junto con la diplomacia del eje México-Argentina-Bolivia-Perú-Chile… quizá, Brasil. Aunque los compromisos instalados en un territorio que sufre de la colonialidad de la guerra más profunda, por parte del complejo militar industrial serán defendidos . Mientras que la potencia social medirá su capacidad de control-incidencia en una posible estatalidad que promete cambios limitados frente a un proyecto de gobierno que debería ser sensible y capaz de atar alianzas firmes y duraderas con la sociedad movilizada. Nada sencillo, sólo posible.

 

[i] Explorador. Observatorio de las democracias: sur de México y Centroamérica (ODEMCA-CESMECA), correo electrónico: pablo.uc@unicach.mx

[ii] Oficina de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. Consultado en el sitio web: https://www.hchr.org.co/informes-y-documentos/documentos/10246-documento-lecciones-aprendidas-paro-nacional-colombia-2021-juliette-de-rivero-representante-de-la-alta-comisionadahttps://www.latimes.com/espanol/internacional/articulo/2022-04-28/a-un-ano-de-las-protestas-colombia-no-resuelve-las-muertes

[iii] “La Campaña Defender la Libertad registró 491 mujeres víctimas de violencias […]  entre el 28 de abril y el 2 de junio. Por su parte, según registros de la Defensoría del Pueblo, hasta el 21 de mayo de 2021 se recibieron reportes de 106 casos de VBG en contra de mujeres y personas con orientación sexual e identidad de género diversas en el marco de las protestas por el Paro Nacional, en un total de 19 departamentos del país. De estos 106 casos, 23 corresponden a hechos de violencia sexual”. Consultado en: https://defenderlalibertad.com/organizaciones-de-la-sociedad-civil-entregan-informe-a-la-cidh-sobre-violencias-sexuales-y-violencias-basadas-en-genero-en-el-en-el-contexto-del-paro-nacional/

[iv] Cabe señalar que con tal reforma se pretendía gravar servicios como servicios de Internet y la luz eléctrica, “así como pasar de la categoría exentos a excluidos más de 30 productos dentro de los cuales se encontraban la carne de cerdo, el pescado, los huevos, el pollo, la leche, el queso, el arroz, entre otros”. Carolina Salazar (16.04.2021) Diario La República, Col., consultado en el sitio web:  https://www.larepublica.co/economia/con-la-reforma-tributaria-mas-de-30-bienes-pasarian-a-estar-excluidos-de-iva-3154123

[v] De acuerdo con el Instituto de Estudios para el desarrollo y la paz (IDEPAZ), para el mes marzo la cifra de líderes y defensores de DDHH asesinados aumento a 37 en 2022, y alcanzó la cifra de 1,323 desde la firma del acuerdo de paz en 2016. Consultado en el sitio web: https://indepaz.org.co/lideres-sociales-defensores-de-dd-hh-y-firmantes-de-acuerdo-asesinados-en-2022/

[vi] En 2015 el Estado colombiano presidido por Manuel Santos, y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) firmaron en La Habana, Cuba, los acuerdos de paz que prometieron poner fin a cinco décadas de conflicto armado, el más añejo en la historia reciente de América Latina y el Caribe.

[vii] Encuestas disponibles el sitio web: https://www.centronacionaldeconsultoria.com/blog/categories/intencion-de-voto

[viii] Jorge Galindo, (01.06.22) “Del plebiscito a las presidenciales: las votaciones paralelas de las dos Colombia”, en periódico El País.Disponible en el sitio web: https://elpais.com/america-colombia/elecciones-presidenciales/2022-06-01/del-plebiscito-a-las-presidenciales-las-votaciones-paralelas-de-las-dos-colombia.html

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