Nuestros recintos del saber, las bibliotecas de Tuxtla Gutiérrez

Biblioteca Publioca y Casa del Pueblo. Foto: Archivo Histórico UNICACH, Gobierno del Estado

De la serie Los recuerdos del olvido

El siglo XX fue para Tuxtla un periodo de modificaciones, adecuaciones y equipamiento urbano. Con la llegada de los poderes estatales cambió la fisonomía y aceleró el crecimiento urbano del pueblito zoque, que fue en el siglo XIX. Para la primera década del siglo XX, la plaza, principal escenario de cambios arquitectónicos, ya contaba con un Palacio de gobierno que haría a un lado a la casa consistorial.

El pensamiento positivista y liberal de la época porfirista y del gobernador Ramón Rabasa (1905-1910) puso énfasis en la construcción de un pequeño edificio de estilo Art Nouveau, que iba acorde con la recién construida Escuela Técnica Militar, del 5 de Mayo, lucía desafiante en lado norte del transepto de catedral: la primera biblioteca estatal. Como una piedra en el zapato a la escolástica católica, el pequeño edificio contaba con tres pilares de estilo jónico en las esquinas, una imposta corrida dividía vitrales y las puertas de arcos de medio punto, canes lobulados precedían a la cornisa que fue coronada por una balaustrada.

Bliblioteca Pública del Estado. Foto: Archivo Histórico UNICACH, Gobierno del Estado

El pequeño edificio construido en los tiempos de Ramón Rabasa, (1907-1910) albergó 3,746 volúmenes que iluminaron el conocimiento científico ante los dogmas de la fe, que en las paredes continuas se predicaba. Muchos de esos libros fueron donación de Emilio Rabasa. “Están ya en poder del gobierno 1671 volúmenes de la librería comprada en México por la cantidad de $4,000.00 cts. Que, con los que constituyen el valioso donativo hecho por el Sr. Senador Emilio Rabasa, se destinan a la biblioteca del Estado que el Gobierno se propone establecer (informe de Gobierno, Ramón Rabasa 1907)”

Para 19010 el informe de gobierno de Ramón Rabasa presentaba “se hacía sentir ya en esta capital la necesidad de un centro cultural en el que pudieran tener acceso todas las clases sociales y para llenar esta exigencia, mañana será inaugurada con 3764 volúmenes la Biblioteca Pública del Estado.”

Para 1938, en el gobierno de Efraín A. Gutiérrez, al edificio Art Nouveau se le tuvo que hacer reparaciones debido al abandono en que se encontraba “Extraídas y catalogadas esas obras, se logró salvar 1,596 volúmenes, editados desde el año de 1540 en adelante. Como el edificio de la biblioteca no había sido reparado en muchos años, fue necesario que se le hiciera reparaciones ameritaba. La sección de hemeroteca se ha seguido aumentando con las publicaciones tanto locales como del exterior” (Informe de gobierno Efraín A. Gutiérrez 1938)

En su interior sesionó el Ateneo de ciencias y artes de Chiapas; sin embargo, sucumbió seis décadas después; con la llegada de una nueva modernidad, ahora de pavimento y calles de doble carril. La ampliación de la avenida central dio al traste con esta bella pieza de la arquitectura porfirista en Tuxtla.

En 1944, Al finalizar el gobierno de Rafael Pascacio Gamboa (1940-1944), contra esquina de lo que fue la primera biblioteca Art Nouveau, se construyó una nueva biblioteca, ahora con estilo Art Deco, un edificio sin mayor atributo arquitectónico y que contrastaba con otra obra de ese tiempo: el ICACH, que goza de una arquitectura neoclásica, con una bella arcada de medio punto y ajimez en su parte superior, coronados por arcos de herradura y que para nuestra fortuna no fue derribado. La construcción de la segunda biblioteca tuvo un costo de 94,746.28 cts. (Informa de gobierno Rafael Pascacio Gamboa 1940-1944)

 

 

En 1944, Al finalizar el gobierno de Rafael Pascacio Gamboa (1940-1944), contra esquina de lo que fue la primera biblioteca neoclásica, se construyó una nueva biblioteca, ahora con estilo art deco, un edificio sin mayor atributo arquitectónico y que contrastaba con otra obra de ese tiempo: el ICACH, que goza de una arquitectura neoclásica, con una bella arcada de medio punto y ajimez en su parte superior, coronados por arcos de herradura y que para nuestra fortuna no fue derribado. La construcción de la segunda biblioteca tuvo un costo de 94,746.28 cts. (Informa de gobierno Rafael Pascacio Gamboa 1940-1944)

La biblioteca en cuestión duró casi cuatro décadas; hasta que llegó una nueva oleada modernizadora, ahora encabezada por Juan Sabines Gutiérrez (1979-1982) en la que decidieron hacer de nuestro pequeño parque central, una enorme y fea plancha de concreto, digna para baños de pueblo, el edificio de la biblioteca fue arrasado.

Medio siglo después de haber sido declarada capital del estado, la ciudad se comenzaba a equipar para formar a sus propios cuadros profesionales. El Estado demandaba personas capacitadas que respondieran a las necesidades de la administración pública, la cultura y el arte que acorde a los tiempos y en el contexto de la doctrina del Nacionalismo revolucionario.

Para la década de los setenta, el adobe había perdido la batalla ante el prestigio modernizador del concreto, y con ello la ciudad perdió su memoria arquitectónica, algo de que ahora nos arrepentimos.

A mediados de la década de los 70, en el lado oriente de la ciudad, por zona del barrio “Canta ranas”, conocido así por ser un lugar de fango y ciénegas, donde fuera el campo de beisbol, Panchón Contreras, se construyó una nueva versión de la biblioteca estatal. La arquitectura del edificio es una copia de los arcos tipo maya que tiene el Palacio Federal, construido también en esa época.  Un espacio pensado para la ciudad de setenta y seis mil habitantes, que éramos entonces, y no para la que es hoy, con cerca de ochocientos mil, sin contar los que llegan a diario de la zona conurbada.

El edificio consta de un espacio para el legado de don Fernando Castañón Gamboa, Archivo Histórico, biblioteca y el auditorio Daniel Robles Sasso. Año con año la demanda de usuarios, lo fue haciendo insuficiente. Su incorporación a la UNICACH, le dio un respiro, porque su demanda y usuarios es enfocada a la comunidad universitaria, pero hoy, a punto de cumplir cinco décadas, presenta daños mayores que ya no se pueden reparar con remiendos. No solo el edificio debe de ser actualizado, sino también su tecnología. Terminar la digitalización de los valiosos documentos que ahí se resguardan es una prioridad. Es común llegar y encontrar estantes cubiertos por plásticos para impedir que las goteras los dañen.

Palacio de Gobierno. Foto: Mtro. Manuel de Jesús Martínez

En la década de los 80 se inauguró la Biblioteca central universitaria, UNACH, en el lado poniente de la ciudad, un majestuoso espacio que da servicio a la comunidad universitaria y que da servicio a toda esa población estudiantil, a diferencia de los edificios construidos en el lado oriente de la ciudad, este conjunto de edificios no ha presentado fallas mayores.

En 1992, me tocó entrar con Carlos Román y su equipo, en ese entonces director del archivo; con la intención de documentar en video, las condiciones en que se encontraba el foso del edificio: un verdadero laberinto kafkiano, en donde los documentos se apilaban anárquicamente. Muchos se habían perdido por la humedad de Canta Ranas en que reposaban. Comenzaba una tarea de recuperación y ordenamiento de documentos, una tarea que continuaron; Álvaro Robles, Noe Gutiérrez, y actualmente Martín Sánchez, todos se han enfrentado al mismo problema; un edificio diezmado en su estructura que ponen en riesgo el patrimonio cultural que ahí se conserva y difunde.

El actual centro de universitario de información y documentación de la UNICACH debe de actualizar su recinto, ya que el daño que ha sufrido a lo largo de los años hace que cada día presente fallas nuevas, unas menores, pero muchas de consideración que pone en riesgo el acervo y sobre todo al personal que ahí labora. Con las penosas experiencias que hemos pasado, se necesita que se tome en serio la construcción de un edificio que de resguardo al soporte de cientos de toneladas en papel y a las nuevas tecnologías digitales.

En el mismo barrio de Canta Ranas, se construyó en la década de los noventa el centro Cultural Jaime Sabines, que alberga los servicios de archivo, biblioteca, auditorio, talleres de cultura; el que ha corrido con la misma suerte, al presentar problemas en la estructura, constantes agrietamientos en su techo, hundimientos y paredes cuarteadas. Tal parece que la ingeniería no ha solucionado el problema de la arcilla expansiva en el que se encuentra edificado o de plano la corrupción oficial ha deteriorado nuestro equipamiento urbano.

Foto: Mtro. Manuel de Jesús Martínez

Desde el tercer tercio del siglo XIX, la federación comenzó a equipar a Chiapas, ya que había que según Andrés Aubry había que “desguatemalizarlo”, desde entonces los estilos arquitectónicos de la Republica a la que nos federamos se han impuesto, desde el neoclásico porfirista, hasta el racionalismo actual. La federación es la que ha impuesto los estilos arquitectónicos por la vía de los edificios públicos.

Platicaba el doctor Noquis Cancino,  que un día llevó al escritor Agustín Yáñez, a pasear a San Cristóbal de Las Casas, y justo cuando pasaban frente a catedral el maestro Agustín Yáñez quedo viendo la extinta secundaria técnica federal, edificio racionalista de tres pisos,  que ahí se erigía, que contrastaba con la belleza de la catedral, por lo que le preguntó al poeta “¿Noquis quien mandó a construir esta adefesio frente a catedral’” a lo que nuestro poeta contestó “usted, cuando era secretario de educación” el maestro solo movió la cabeza desaprobando y dijo ”solo era un papel que firme, uno no sabe el daño que puede causar”.

Foto: Archivo Histórico UNICACH, Gobierno del Estado

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