Crisis civilizatoria, esperanza y el desafío por construir otras realidades terrenales más humanas

[…] examinar, leer, repensar lo que podrían ser los nuevos imaginarios del ya inminente porvenir (es decir ahora) que permitan deslindarnos del miedo y la enajenación, del horror y la inhumanidad que el hombre común y ordinario de hoy, todos nosotros, estamos adiestrándonos, acomodando en los meandros de nuestra conciencia, aceptando como algo ineludible, la muerte y la violencia generalizada, la violencia física y social…tomadas de las faldas de la enajenación, el crimen, la corrupción y la desesperanza.

Javier Espinosa Mandujano

Frente al año que fenece vienen los recuerdos de lo que hicimos y dejamos de hacer:

Seguimos en la incertidumbre. A pesar que la intensidad de la pandemia causada por el Covid-19 se está desvaneciendo, en las próximas semanas se incrementarán sus contagios por la temporada invernal; su letalidad no será la misma, para fortuna nuestra. No obstante, debemos cuidarnos y cuidemos a los demás para poder ver los resplandores de los primeros rayos del sol del año 2023 que se avecina.

La crisis civilizatoria sigue, desafortunadamente, su curso. Tiene a la humanidad a borde del abismo; avanza a veces silenciosamente, otras no; la sexta extinción de las especies se encuentra ya entre nosotros; el cambio climático no se detiene y puede transformarse en la otra pandemia.

Con la injustificable invasión de Rusia a Ucrania se recrudeció la confrontación entre la OTAN, —encabezada por el imperio norteamericano—, con la ex Unión Soviética y tienen al planeta en el vilo de una guerra nuclear de consecuencias impredecibles. Estas catástrofes ocasionada por el Homo Sapiens han ocasionado más crisis: económica, alimentaria, ambiental, del agua, migratoria, energética y otras tantas más.

El confinamiento social puso al descubierto las limitaciones de las instituciones educativas y la brecha digital; además evidenció la incapacidad de las universidades de generar y aplicar el conocimiento, por ejemplo para la elaboración de una vacuna que evitara la muerte de miles y miles de personas en todo el mundo, fueron las grandes empresas farmacéuticas transnacionales las que lucraron con las vacunas.

Entre las secuelas que nos está dejando la pandemia está la crisis de los sistemas educativos. Los logros parciales de los aprendizajes que migraron a la virtualidad son síntomas de una generación perdida, a decir de la Comisión Económica para la América Latina (CEPAL).

Las plataformas digitales y el uso excesivo de redes sociales y demás dispositivos tecnológicos se encuentran empoderados y fortalecen al Homo videns; han debilitado la lectura y al pensamiento; fomentan el individualismo y el narcisismo. Por si fuera poco, el paradigma occidental de las ciencias sociales está agotado, no da cuenta de los problemas emergentes de la compleja realidad.

La posmodernidad ha expulsado al sujeto y su subjetividad de la realidad. De seres sociales nos hemos transformado en seres individualistas, egoístas, apáticos, indiferentes, conformistas, sumisos y dependientes del modo de producción y consumo capitalista que ha depredado al planeta, limitado la libertad, autonomía y voluntad del Homo Sapiens. Nos ha llevado a la sumisión voluntaria.

Es hora de mover y ampliar el horizonte; recuperar la dimensión humana del ser, construir y fortalecer los espacios de libertad, incorporar los conocimientos otros de los pueblos del sur global.

Pese al desasosiego que genera la crisis civilizatoria de los tiempos que vivimos, que se van, pero siguen, nos queda aún la vida, la esperanza, los sueños, los anhelos y la utopía también.

Renovemos nuestro pensamiento y descolonicemos el saber; reafirmando la diversidad cultural; asumirnos como sujetos constructores de las realidades sociales que habitamos y nos habitan; alejémonos de la concepción metafísico del mundo y de la vida que nos encadena a la resignación.

Que no solo en estos tiempos por venir nos reencontremos con los seres queridos, sino en todos los momentos para hacer un nosotros que teja hilos y nudos de humanidad, en donde quepan otras realidades que den paso a formas nuevas de producir, consumir, convivir y cuidar el planeta tierra.

Un abrazo fraterno a todas y todos los que deconstruimos las certezas y construimos los acontecimientos de estos tiempos posmodernos que nos han tocado vivir.

¡Qué 2023 sea el año más grato de nuestra vida!
Berriozábal, Chiapas, La Utopía, invierno 2022

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