De fútbol y petróleo

Qatar Radoslaw Prekurat

El fútbol es política. Eso lo sabe cualquiera. Pero obviamente no solo es política. Es deporte, es trabajo en equipo, es pasión y a veces como una religión (donde justificas todo).

Pero el fútbol profesional es un negocio, uno de los más rentables, parece ser. Y como tal busca obtener beneficios por encima de todo. Incluso de los derechos humanos, claro. Y eso es hacer política (¡la antipolítica!).

Y luego es el deporte más practicado. Pedro es un adolescente que se la pasa todas las tardes en un descampado cerca de su casa pateando un balón junto a otros. Miles y miles de jóvenes hacen eso. Y están deseando que llegue el mundial de Qatar para ver a sus ídolos, un poco obligados por la gran maquinaria del márqueting de las últimas semanas. Mundial de Qatar hasta en la sopa (literalmente).

Pedro no ha escuchado mucho sobre Qatar, apenas que es un país árabe rico, con mucho desierto y mucho petróleo, que patrocina equipos y ahora organiza un Mundial. Según el libro Qatar. La perla del Golfo (Ediciones Península), el crecimiento de este país se debe en gran parte a sus reservas de petróleo y gas, lo que le permite ser uno de los países con mayor renta por habitante, 67,470 dólares en PIB per cápita en 2022. En cuanto a otros datos: tiene una extensión de apenas 11,586 metros cuadrados; su población ha crecido exponencialmente en las últimas décadas: en 1930 era de 10.000 personas y, actualmente, supera los 2,9 millones, aunque tan solo un 10% de sus habitantes son cataríes, unos 330.000; es un emirato absolutista gobernado desde mediados del siglo XIX por la dinastía Al Thani y que goza de independencia del protectorado del Reino Unido desde 1971.

Tampoco se ha escuchado mucho sobre la violación sistemática a los derechos humanos, sobre todo de mujeres y personas LGTBI+, ni sobre los abusos laborales a trabajadores migrantes o las restricciones a la libertad de expresión. El periódico británico The Guardian confirmaba, a partir de contactos con diferentes embajadas, la muerte de 6750 trabajadores migrantes empleados en la construcción de las infraestructuras del mundial desde 2010 –probablemente la cifra real sea mucho mayor. También habría que señalar el derroche de energía y recursos naturales para este evento. Por ejemplo, solo respecto al agua, se utilizarán al menos 10.000 litros diarios para cada uno de sus estadios –agua desalinizada a través de procesos con un altísimo coste energético, cuyos residuos con elevados niveles de sales y tóxicos suponen una agresión letal para el ecosistema marino–.

Todo esto no lo mencionan los medios de comunicación comerciales, que prefieren seguir cobrando de Cocacola y de Qatar Airways. Aunque sí ha habido algunas voces críticas dentro del mundo del fútbol, sobre todo porque se realice en noviembre y diciembre, algo inédito en la historia de los mundiales, y que pone en pausa las ligas nacionales y regionales.

Recordemos que para que se realice este evento deportivo en Qatar hubo sobornos y corruptelas, ya que el país necesita lavar su imagen y seguir invirtiendo en «el deporte rey». Un país nada democrático y rico, muy rico, gracias al petróleo y el gas, principales causantes de la crisis climática que ya estamos viviendo y que será mucho peor en los próximos años.

Disfrutemos del fútbol, como lo hará Pedro y millones de jóvenes en todo el mundo. Pero no olvidemos el contexto, las causas y consecuencias. Otros mundos son posibles. Seguramente todas esas personas que están frente a sus televisores también den un paso adelante para que de posibles esos otros mundos sean realidades.

Nos vemos por acá. Salud!

 

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Contacto: manugomez@disroot.org

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