Marcelo Ebrard buscando transparencia: ¿AMLO cambió ya de candidato?

“Seremos, por nuestras leyes, los jueces de las obras;

Por nuestras leyes, prosa y verso, todos estarán sujetos a nosotros:

Nadie tendrá ingenio; excepto nosotros y nuestros amigos.

Por todas partes buscaremos encontrar faltas,

Y sólo nos verán los que sabemos escribir bien”

Molière, Les Femmes savantes (1672)

Después de algunos años, volví a ver -y casi de manera casual- la película “La Sombra del Caudillo” basada en la novela de Martín Luis Guzmán. El filme es una obra que estuvo “enlatada” hasta que los mexicanos la disfrutamos a partir de los años 90s del siglo pasado.

En los primeros minutos de la cinta se pueden observar unas imágenes de una bella ciudad de México, así como también del “Cerro del Ajusco” y de los volcanes “Popocatépetl e Iztaccíhuatl”. Toda la obra se refiere a la lucha política que sostienen los generales del ejército Ignacio Aguirre e Hilario Jiménez por ser el próximo presidente democráticamente electo de México. Atrás de ellos, quien “mueve los hilos” es el denominado “Caudillo”.

El “mandamás” es una figura de la política mexicana, de la latinoamericana y generalmente de los países en vías de desarrollo. En México hacemos mofa social, cultural y hasta popular de este fenómeno e incluso del personaje en turno que lo encarna; sin embargo, las decisiones que toma este personaje, se sienten y resienten en generaciones de mexicanos.

Toda la oposición y también las escisiones de los grupos en el poder rechazan las imposiciones de “El Caudillo” de la época. Sin embargo, durante el ejercicio político, cuando se accede al poder, nadie se ha resistido en este país al embrujo de designar “sucesor”. Esto con la idea de dar continuidad a su legado y, sobre todo a su grupo político.

Todo presidente de la República se debate entre su legado, la sobrevivencia de su grupo político, la continuidad del modelo económico y la estabilidad durante el proceso sucesorio. Precisamente, la sucesión tiene efectos que el país resiente.

2024 no será la excepción y; lo primero que habría que decir es que el grupo hegemónico, es decir MORENA, llegó al poder precisamente descalificando las peores prácticas del poder, especialmente las de corrupción y las autoritarias. Hoy, con el proceso sucesorio rumbo al 2024 MORENA sufre el riesgo de fractura debido a la lucha por el poder.

Rememorando “La Sombra del Caudillo”, el General Aguirre dice: “igual da conquistar la presidencia, que morir asesinado”. Obviamente, Aguirre sabe que ya no es posible dar marcha atrás en sus aspiraciones. Es el caso de los actuales aspirantes a la presidencia nacional, ya no pueden dar marcha atrás en sus aspiraciones.

Caudillo y sucesión presidencial se repiten en la actual coyuntura nacional y a la fecha todo indica que MORENA ganará la presidencia con cualquier candidato o candidata. Pero también es percepción generalizada que el partido hegemónico tiene “favorita”.

En consecuencia, es evidente que la “favorita” está cómoda con el apoyo presidencial y quien no lo es, pide “piso parejo”. Bajo esas circunstancias que es el escenario sucesorio actual; una “corcholata” necesita el apoyo presidencial y quienes piden “piso parejo” necesitan que ese apoyo desaparezca.

En ese sentido, al renunciar primero que nadie y con ello obligar a los de más a hacerlo también, Marcelo Ebrard adelantó los tiempos de la sucesión de por si ya adelantados por el mismo presidente.

La renuncia de Ebrard cambió la narrativa de MORENA y del presidente AMLO, una narrativa de confrontación con las instituciones democráticas casi todos los días especialmente en “la mañanera”. La cambió por otra narrativa de “juego limpio” y de transparencia en una de las coyunturas trascendentales de cualquier sexenio mexicano: la sucesión.

Ello solo significa una cosa: es un golpe certero a la narrativa del caudillo. ¿lo obligará a cambiar de decisión? Habrá que recordar que el propio López Obrador fue quien dijo -de su propia voz- quienes serían las “corcholatas”. ¿Ya perdió o perderá la narrativa con uno de ellos, en este caso Marcelo Ebrard?

Por eso, Ebrard “pegó primero” y al hacerlo, está forzando al “juego limpio” dentro de MORENA. La percepción es que lo contrario al “juego limpio” es la “unidad” que gritó en su congreso una fracción de MORENA.

Evidentemente si hay “juego limpio y piso parejo” en la selección de MORENA, ello se convierte en un problema para la “favorita”. Pero también en el fondo, es un problema para el método de selección del candidato o candidata porque pondrá a prueba lo que coloquialmente se conoce como “el dedazo” en un contexto en donde el discurso es de confrontación con las instituciones.

¿Y si no hay juego limpio?

Si no se logra el “juego limpio”, quedará en evidencia que MORENA no pudo ocultar el “dedo del gran elector”. Sino hay transparencia en el proceso de elección de candidato, ¿para qué la lucha de su militancia?

La encrucijada en la que se encuentra MORENA impacta en la vida nacional. La narrativa de confrontación del presidente contra las instituciones ya cambió. ¿Es capaz de ofrecer juego limpio? ¿será creíble la decisión final de MORENA?

Como en “La Sombra del Caudillo” todo depende de la voluntad de un solo hombre y esta voluntad puede imponerse al costo que sea. Pero también sobre los hombros del caudillo descansa la paz social nacional. Marcelo Ebrard madruga y rompe un pilar fundamental de MORENA: la propiedad casi absoluta de la narrativa nacional. Si ello lleva al país a un proceso de sucesión presidencial transparente, será inédito en la reciente historia nacional y significará que, faltando un año, AMLO cambió de candidato. Sino lo es, el 2024 será una coyuntura más en nuestra inacabada o inconclusa consolidación de la democracia nacional.

Correo: geracouti@hotmail.com

Twitter: @GerardoCoutino Ebrard “pegó primero” y al hacerlo, está forzando al “juego limpio” dentro de MORENA. La percepción es que lo contrario al “juego limpio” es la “unidad” que gritó en su congreso una fracción de MORENA.

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