Chiapas rumbo al simbólico año de 2024

El 2024 será un año transcendental para México, pero también una fecha cargada de simbolismos. De entrada, habrá elecciones federales y serán las que definirán el rumbo político mexicano para los próximos años.

Está en juego el modelo económico y sobre todo el rumbo político con visiones de desarrollo que son opuestas; la que intenta imponer el presidente López Obrador, contra la que proponen sus detractores. En medio de la disputa, se han generado posiciones radicales que no permiten evitar la polarización de la sociedad.

Además de las elecciones, el 2024 también es trascendental y simbólico en Chiapas. Habrá nuevo gobernador en el contexto de varias conmemoraciones.

La primera de ellas es el medio siglo del Congreso Indígena de 1974. El congreso tuvo una preparación de más de un año. Su lema fue “igualdad con justicia” y fue realizado para con motivo de los 500 años del nacimiento de Fray Bartolomé de Las Casas. Mil comunidades, que representaban 400 mil personas, participaron en la preparación del Congreso.

Son también los 40 años de fundación clandestina del EZLN y las primeras tres décadas del inicio del alzamiento zapatista. En el 2024, se llegará a los primeros 30 años de la que como llamaron muchos “la primera rebelión indígena del siglo XXI” o la “primera revolución del internet”. Resultado de la irrupción neozapatista en los Altos y la Selva de Chiapas, la conciencia nacional se sacudió.

Este año 2024 también se cumplirán 30 de los magnicidios que conmocionaron al país; el de Luis Donaldo Colosio Murrieta y el de José Francisco Ruiz Massieu, los dos políticos del PRI que era un partido político muy cuestionado en esos años. 1994 fue el año en que muchos pensaron que el sistema político de partido único se caía; como finalmente sucedió en el 2000, dando paso a la alternancia política. Hubo cierta apertura política y democrática, es cierto; pero se ahondó el viraje de nuestro modelo económico hacia el neoliberalismo.

El próximo año es también el centenario del Obispo de San Cristóbal de las Casas Samuel Ruiz García, polémico, pero con un trabajo que fue transcendental en la defensa de los pueblos originarios. En agosto de 1993, Monseñor Ruiz había entregado al Vaticano la Carta Pastoral “En esta hora de gracia” un documento notable para entender la situación política y social en Chiapas que era como un preludio para lo que sucedió en 1994.

A varias décadas de esos acontecimientos; de los 50 años del Congreso Indígena, los 40 del nacimiento del EZLN, de sus 30 años de aparición pública y del centenario del nacimiento de Samuel Ruiz García, vale la pena reflexionar sobre el rumbo político, social y económico de Chiapas y también sobre su futuro inmediato.

La pobreza y la marginación son las características principales del estado; pero hay que ser claros; pobreza y marginación no son mandato divino ni destino manifiesto. En Chiapas son resultado del abandono institucional primero, del despilfarro gubernamental desde 1994 y de una clase política que pocas veces ha tenido una visión de desarrollo clara, regional y global.

En la selva chiapaneca en los últimos 30 años nació el EZLN, se ahondó su dependencia de los recursos fiscales federales, se experimentó la alternancia política; pero sus gobernantes jamás voltearon a ver lo que ocurría en entornos más globales. De manera tal que, de los cambios económicos y políticos mundiales, en Chiapas recibimos sus efectos, casi siempre negativos, pero casi nunca sus beneficios.

En ese sentido, durante la primera década del siglo XXI el mundo vio crecer exponencialmente a China. La potencia asiática necesitaba granos, cereales, carnes entre otras materias primas. ¿Por qué nunca vimos al gobierno estatal alentando a los empresarios del estado a abrir nuevos campos de inversión? Porque seguramente en el gabinete estatal no se analizaba la situación internacional y porque antes -como ahora- a los empresarios estatales no les interesa arriesgar.

En esas tres décadas también dejó de ser válido el término de desarrollo “norte y sur-sureste” del país para ilustrar las desigualdades entre una región comparada con la otra. Otras regiones lograron un importante desarrollo económico; por ejemplo, jalisco y el occidente, el bajío y Querétaro. Pero de acuerdo a las mediciones de distintos indicadores laborales, en el sureste es donde más se trabaja.

Es decir, otras regiones del país han despegado económicamente y Chiapas con gente muy laboriosa, pero mal pagada. Es decir, sigue igual o quizá peor porque no se ve salida para nuestra pobreza y desigualdad. Basta decir que actualmente el estado no tiene condiciones para el desarrollo del “nearshoring”, es decir para participar en el fenómeno de la relocalización de las empresas que buscan asegurar la entrada hacia Estados Unidos.

Sin embargo, los prejuicios sobre el sur-sureste no han cambiado. Probablemente ha ocurrido lo contrario, se han incrementado. De vez en cuando surgen figuras públicas que cuestionan la cantidad de las transferencias federales hacia Chiapas y la región, sin tomar en cuenta que las políticas públicas mexicanas se han hecho privilegiando la infraestructura industrial y de servicios del norte del país. ¿Y qué decir del pensamiento decimonónico de varios chiapanecos? En buena parte de la sociedad chiapaneca es algo que está arraigado.

Nuestras comunidades indígenas tienen más amenazas que hace medio siglo. La actual migración y la inseguridad en varias localidades estatales que incluso son pequeñas, es el resultado más lacerante de la falta de oportunidades en el estado para los jóvenes.

Quizá eso sea la tragedia más grave que sufren los chiapanecos; la falta de oportunidades. Las ciudades del estado crecen y su población joven es de las más numerosas del país, pero las grandes empresas, los empleadores más grandes del país no voltean a ver al estado.

¿Dónde está la planeación y la prospectiva estatal? Ante estas celebraciones, ¿Qué es Chiapas? ¿Hacia dónde va su desarrollo? ¿Cuándo habrá un dialogo efectivo con la sociedad y no eventos complacientes con los gobiernos entrantes? ¿Qué candidato está dispuesto a dejar la simulación y a hacer un esfuerzo primero por integrar las regiones de Chiapas y luego a estas al desarrollo nacional?

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