Guatemala, una larga noche a la espera del amanecer democrático

Presidente Bernardo Arévalo

Por Verónica Paredes Marín[i]

Cumplimos ya dos semanas de haber vivido uno de los cambios de mando presidencial más caótico, irracional y surrealista de la “nueva era democrática” en Guatemala. Aún hoy, estamos sufriendo la resaca de lo que significó esa larga jornada que parece, hubiera sido escrita por guionistas de esas viejas películas gringas setenteras u ochenteras, donde caricaturizaban a las “bananas republic” latinoamericanas: espacios paradisiacos, en donde quien llegara de fuera, se topaba con personajes burdos, vulgares y mafiosos, mientras se veía una población en una dinámica cotidiana “normal”, acostumbrados a esos funcionarios.

Esta caricaturización de la vida latinoamericana parece y es sumamente ofensiva, sin embargo, con todo lo que pasó en Guatemala desde las elecciones de primera vuelta (incluso desde tiempo atrás), esta caricatura parece, tristemente, haber cobrado vida y materializarse en ese país al norte de Centroamérica. Un mal viaje onírico en el que una quisiera despertar y saber que sólo era un mal sueño. Sin embargo, esta es la triste realidad de una Guatemala que ha sufrido una acelerada degradación democrática y una pérdida de la institucionalidad, en donde mafias organizadas, han cooptado cada espacio del Estado y sus dependencias, formando una gran corporación extractivista de las arcas públicas, manejando la ley a su antojo.

En resumen, para quien no está inmerso en la situación que derivó en el estar atrapados en ese peligroso pantano legal en el que nos vimos inmersos desde el día 14 y madrugada del 15 de enero en la Ciudad de Guatemala, puede decirse que, desde hace meses, con la sorpresa de la elección de SEMILLA en la primera vuelta (el grupo electo bajo el voto popular mayoritario), el país ha entrado en una vorágine de trampas pseudo legales. Las cuales han trastocado las formas institucionales para que se desarrollase adecuadamente una elección presidencial bajo los marcos constitucionales, en contubernio con los múltiples actores enquistados en las instituciones del estado (ejecutivo, judicial, legislativo y el organismo de resolución constitucional).

Desde el momento de inicio del proceso electoral, hubo acciones por parte del Ministerio Público y el Tribunal Supremo Electoral que impidieron a grupos políticos que posiblemente llevaban ventaja sobre el partido que se encontraba en el poder, el que pudieran ser considerados como elegibles y, por tanto, les impidieron con subterfugios, entrar en el proceso electoral. Los miembros del partido político Semilla, quienes en ninguna encuesta de opinión se reflejaban como los favoritos al voto, vieron con sorpresa que en primera vuelta ganaban el primer lugar, lo que significaba pasar a segunda vuelta en contienda con el Partido de la Unidad de la Esperanza (UNE). El primero de ellos de relativa reciente creación, con cuadros políticos jóvenes y una orientación social demócrata abanderando un discurso anticorrupción. El segundo, un partido ya maduro que nació con una orientación social demócrata, cuando fue electo el expresidente Álvaro Colón, pero que fue perdiendo rumbo cuando su exesposa fue apoderándoselo y llevándolo hacia las obscuras redes de corrupción en el país, siendo éste (más no el único), una de las cartas a usar por las redes antidemocráticas para continuar con el statu quo y la tergiversación de la democracia en el país.

La llegada del partido Semilla a segunda vuelta fue tortuosa, pero más aún, desde el momento en que finalmente quedaron como la opción electa, así como el tiempo de espera para la toma de mando el 14 de enero. Trataron por todos los medios, de impedir que el binomio de Bernardo Arévalo y Karin Herrera, así como el grupo de diputados del mismo partido, pudieran tomar posesión. Durante meses intentaron impedirlo, lo que analistas, prensa y comunidad internacional denominaron como “intentos de golpe de Estado”. Desde la Organización de Estados Americanos pesaba la amenaza de aplicar al país la Carta Democrática Interamericana ante el riesgo de impedir la transición. Estados Unidos puso fuertes sanciones a funcionarios que apoyaron estas tretas, donde incluso las familias de éstos/as fueron despojados de la visa, llegando a un aproximado de 300 ciudadanos guatemaltecos entre los que se encontraban jueces, fiscales del Ministerio Público, diputados, entre otros.

A duras penas, se llegó al día de la transición el 14 de enero, bajo la presión de la observación internacional y tras una acertada estrategia de lobby internacional del presidente electo Bernardo Arévalo. Comúnmente, la transición inicia por la mañana con la toma de posesión de los nuevos diputados, se elige la nueva junta directiva, quienes recibirán las insignias del presidente y vicepresidente saliente, los que, a su vez, dan posesión al nuevo presidente en las primeras horas de la tarde. Este año, todo protocolo fue trastocado. Los diputados salientes inventaron ilegalmente, requisitos para aceptar a los diputados entrantes, dejando por fuera a uno de ellos y negándose a proseguir con el protocolo, llegando al extremo de que la Corte de Constitucionalidad ordenara la transición presidencial.

Pasadas las 10 de la noche, los nuevos diputados tomaron posesión. Sin embargo, días antes el congreso había decretado que el partido Semilla perdía su personalidad jurídica, bajo la orden de un juez, con el fin de que sus integrantes, quienes son el segundo bloque mayoritario, no pudieran acceder a la junta directiva y dirigir comisiones dentro de Congreso, al ser declarados “diputados independientes”, situación por las que se les impedía ocupar esos cargos. No sobra decir que esta acción es ilegal, pero era parte de la estrategia para mermar las posibilidades de ese grupo político.

Días antes, se supo que el grupo de diputados corruptos ofrecían entre 32 mil y 64 mil dólares por voto para asegurar sus lugares en la elección de la nueva junta directiva, al mismo tiempo, los diputados electos del partido Semilla hicieron negociaciones estratégicas que resultaron en que llegaran a esa nueva junta directiva tanto diputados/as de Semilla, de otros grupos pequeños como WINAQ-URNG y disidentes de la Unidad Nacional de la Esperanza, bajo el asombro de todo el país ya al filo de la media noche.

En el Teatro Nacional Miguel Ángel Asturias, lugar donde se daría la juramentación de Bernardo Arévalo y Karin Herrrera, se habían concentrado desde antes del medio día todas las delegaciones internacionales. Algunos de los jefes de Estado como El príncipe Felipe de España o Gabriel Boric, presidente de Chile, tuvieron que retirarse del país tras la dilatada transición. En el parque central, frente al Palacio Nacional de la Cultura, la población se mantenía a la espera de que se desarrollara el acto protocolario, así como en el espacio que ocuparon las autoridades de 48 cantones de Totonicapán y de otros pueblos indígenas frente al edificio central del Ministerio Público, ya que parte de las actividades previas al discurso presidencial en el Palacio, era la develación de la placa que conmemoraba los más de 100 días de resistencia y protesta y quienes también hicieron posible la transición. A las 12:30 de la noche, sin la presencia del presidente saliente Alejandro Giammattei, finalmente se juramentó en el Teatro Nacional a Arévalo y Herrera y, tal como habían prometido, se movilizaron hacia el Ministerio Público, donde las autoridades indígenas expresaron su apoyo a los nuevos mandatarios, pero también les recordaron sus responsabilidades frente al pueblo guatemalteco.

Pasadas las dos de la mañana, con una plaza central aún llena, iniciaron el discurso para el pueblo. Karin Herrera fue la primera en hablar, seguido del presidente Arévalo. Ofrecieron un gobierno anticorrupción, conscientes de impulsar cambios en las instituciones y la política estatal, con el fin de procurar el bienestar de los pueblos garífuna, xinca, maya y mestizos, incluyendo a quienes pasan por el territorio nacional, sin importar su estatus migratorio (entre otros temas), discursos que culminaron después de las 4 de la mañana del día 15 de enero. Vale mencionar que, en los siguientes días, la junta directiva electa del Congreso tuvo que volver a ser electa, ante la orden de la Corte de Constitucionalidad. Actualmente, en el legislativo se sostiene una tensa calma, a la espera de la nueva estocada de los grupos opositores.

Los nuevos mandatarios y sus ministros están tomando poco a poco el control de las dependencias y como era de esperarse, requieren retomar las instituciones que han sido cooptadas por las redes de corrupción. Tras la farsa de la transición institucional del gobierno de Giammattei, los nuevos funcionarios están intentando eliminar los candados que sus antecesores dejaron establecidos en relación con los programas, plazas fantasmas y presupuestos (entre otros) y que les aseguran seguir obteniendo fraudulentamente recursos, aun estando fuera de sus puestos.

La esperanza de miles de guatemaltecos por un cambio en el rumbo del país está sobre los hombros de los nuevos funcionarios en el Ejecutivo (presidente y vicepresidenta), así como en el legislativo (Congreso de la República).  Los retos para este nuevo gobierno son inmensos y son tan complicados como un estambre enredado, en donde no se puede mover un hilo, sin afectar a todos los demás. Algo es claro, las jornadas de protesta que impulsaron inicialmente las autoridades indígenas de los 48 cantones de Totonicapán y que causaron la avalancha de protestas, dejaron claro que se requiere un gobierno con plena participación social y que, sin ello, este gobierno fracasará, ya que los grupos antidemocráticos parecieran que están actualmente atenuados, pero no tardan en reorganizarse para volver a golpear y vendrán con más fuerza, ya que tienen mucho por perder.

[i] Posdoctorante en ECOSUR- Tapachula. Colaboradora del ODEMCA.

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