Entre neblina y montañas
La terminal de autobuses estaba con bastante afluencia, Alfonso y Roberto habían llevado a Marina, su mamá, que salía de viaje para su ciudad de origen. Roberto había comprado una bufanda artesanal para la tía Bertha, hermana de Marina, por su parte, Alfonso le compró un par de guantes afelpados. La tierra de Marina estaba enclavada en las montañas y el clima era muy frío.
Marina se despidió de ellos con nostalgia, pero a la vez contenta de regresar a su terruño, tras años de una larga ausencia. Se subió al autobús, buscó el número de su asiento, los números estaban casi ocultos. Una chica le ayudó a identificar el número 9. Se alegró que sus hijos le hubieran elegido ventanilla.
El conductor dio el saludo de bienvenida y mencionó que el tiempo de viaje estimaba entre 10 y 12 horas.
Todo dependía de las condiciones del clima, si llovía podrían demorarse un poco más. Marina calculó que estarían llegando alrededor de las siete de la mañana a su querida tierra.
Marina envió mensaje a Bertha, le avisó que acababa de salir y que calculaba que llegaría temprano, a las siete de la mañana. Bertha había quedado de ir por ella a la terminal. Luego de eso revisó sus mensajes, guardó el celular y decidió disfrutar el viaje. Se acomodó para observar en la ventanilla, al poco rato ya estaban en carretera. El cielo se decoró con muchos relámpagos. Marina auguró que era una señal segura de lluvia y no se equivocó. A Marina no le gustaba viajar con lluvia, pero se encomendó a la divinidad y a confiar en el manejo del conductor. Se quedó dormida.
El sonido de su alarma la hizo despertarse, había olvidado apagarla. Eran las seis de la mañana. Se sintió apenada porque los demás pasajeros iban durmiendo aún. Se alegró de que nadie más fuera a su lado, de lo contrario también se habría despertado. Buscó su botella de agua, tenía sed y hambre. Había dormido tan profundo que ni había cenado el sándwich que llevaba. Nuevamente buscó en su bolsa y lo halló. Comenzó a degustarlo mientras contemplaba el paisaje.
Su corazón desbordó de alegría, divisó las montañas que le daban la bienvenida a su territorio. En la parte alta los copos de neblina las decoraban. Su mente viajó años atrás, la primera vez que salió de su terruño, cuando era niña, ese paisaje la atrapó. Se quedó mucho tiempo observando, le parecía demasiado hermoso y mágico.
Ahora de nueva cuenta estaba contemplando tan bello regalo de la naturaleza. Las montañas seguían ahí, tan imponentes, resguardando el territorio de sus habitantes. La neblina se iba esparciendo poco a poco. Marina estaba de vuelta a esa gélida tierra. Sus ojos se llenaron agua, sintió que su corazón latía más rápido.
El sonido del celular la sorprendió, era Bertha, ya estaba por salir de casa para la terminal. Marina le dijo que ya merito se verían y se darían muchos abrazos. Esa mañana era uno de los despertares más hermosos para Marina, entre neblinas y montañas, y ella era la protagonista.

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