Rayitos de sol
Pero era importante prestar atención a los rayitos que aparecían, de distintas maneras, para dejar que su luz alumbrara el camino. Sonrió y apresuró su paso. Revisó el reloj, eran las dos con veintiocho minutos.
Pero era importante prestar atención a los rayitos que aparecían, de distintas maneras, para dejar que su luz alumbrara el camino. Sonrió y apresuró su paso. Revisó el reloj, eran las dos con veintiocho minutos.
Mientras regresaba a casa Hortensia pensó en las distintas realidades que pasaban en la patria, en el terruño y la frase que se solía decir en las fiestas patrias, pero la puso como pregunta, ¿Viva México? Recordó el rostro de la señora cuando le compró los dulces y sin titubear Hortensia dijo para sí: ¡Qué viva México!
Beatriz llegó mas temprano que el resto de sus compañeras para la reunión que habían organizado. Estaban por emprender un nuevo proyecto y todas estaban entusiasmadas. El punto de reunión era la escuela primaria que había en el pueblo donde vivían. Doña Carmina, una de las personas que trabajaban en la escuela la dejó pasar.
Ella y las personas que acompañaron el círculo de poesía habían coincidido no solo en el espacio y el tiempo sino en que es la poesía, estímulo para la vida, además de una bella forma de interacción y de acercar corazones.
Esto solía pasar alrededor de las seis de la tarde o unos minutos después. Era un trinar casi fugaz, mientras las aves se acomodaban en las ramas y luego, como un acto de magia, salían volando nuevamente o daban vueltas alrededor.
Observó el hermoso follaje que tenían las ramas, las hojas en tono verde oscuro. El cielo estaba nublado, comenzó a sentir una sensación de un ligero viento que acompañaba la tarde.
Permaneció ahí unos minutos sintiendo los latidos de su corazón; a lo lejos escuchó unos pasos y luego una voz: ¡Gisela! ¿Dónde andas? ¡Vamos a tomar cafecito con pan! Era Rosario, una de sus compañeras. Era hora de volver con el resto del grupo
Poesía es estar hoy todos, todas, todes, escuchando historias, memorias, sentires, pensares, haciendo a un lado el silencio, dejando paso a la libertad, al amor, a comprender la palabra, las ideas, lo que resuena en los corazones, en las almas.
Ahí estaban las tres siluetas en el kiosco del parque esperando el instante fugaz en que el sol se dispone a descansar para dar paso a la noche.