Sé feliz, chiquilla

Mural de la artista Gleo con rostros de mujeres.
En memoria de Pepe Verduzco. Gracias por tu amistad,
por siempre en mi corazón.
Rosario estaba tan concentrada haciendo labores de jardinería, en el patio de la casa de la tía Bertha, que no se percató de la llegada de Socorro, su prima adolescente. Tía Bertha había pedido a Rosario que le hiciera favor de cambiar la tierra a las macetas, que verificara por qué algunas de sus plantitas estaban tristes, o al menos así las veía ella.
La tía Bertha sabía que Rosarito, como le llamaba de cariño, amaba el cuidado de las plantas. En sus ratos libres de universitaria, solía estar apapachando sus flores, sus plantas medicinales y también las de su familia, cuando le pedían.
Socorro se asomó con cautela para no desconcentrar a Rosario, quien al verla la saludo con gran asombro.
̶ ¡Hola Socorro! Por poco me espantas niña. ¿Qué milagro que te veo por acá? ̶ dijo Rosario sin dejar de hacer su labor.
̶ ¡Hola primita! Pasé a saludar, vinimos a visitar a la tía Berthita. Te vi tan ocupada que me acerqué despacito para no distraerte. ¿Qué tanto haces con estas macetas?
̶ Cambio de tierra a las macetas y estoy encontrando hermosos regalos, la tía se pondrá feliz.
̶ ¿Dijiste regalos, Rosario? ¿En serio? ¿Cuáles, dónde? Yo quiero regalos, fíjate que estaba buscando unos súper tenis que quiero que me compren para Navidad.
Rosario escuchó con atención a Socorro, detuvo su labor un momento. Tomó con mucho cuidado un par de hijuelos de una planta de romero, los colocó sobre su mano y volvió el rostro dirigiendo su mirada a su prima. Le mostró los hijuelos, eran algunos de los regalos que había hallado y pondrían contenta a la tía Bertha. El rostro de Socorro mostró desconcierto, Rosario se dio cuenta. La invitó a que le ayudara a trasplantar esos hijuelos, buscaron unas macetas pequeñas y Socorro aprendió a sembrar plantas.
Mientras hacían esta labor Rosario le explicó a Socorro que los regalos en la vida no solo son materiales, le puso algunos ejemplos, contemplar el cielo con sus infinitos paisajes, sentir las caricias del viento, recibir y dar abrazos, tener salud, tener seres queridos, disfrutar de una linda plática con alguna amistad, escuchar el canto de las aves, respirar conscientemente.
Socorro escuchó con atención. Luego le mostró a Rosario si las plantitas habían quedado bien sembradas.
̶ Muchas gracias por tu ayuda Socorro, mira qué bonitas quedaron las nuevas plantitas. Se las mostraremos a tía Bertha. Pero antes de eso, quiero pedirte que recuerdes esta conversación de los regalos, los que nos dan la verdadera alegría. Siempre ten presente: sé feliz, chiquilla, lo material no llena el corazón.
Socorro no pudo articular palabras, sintió varios nudos en la garganta. Se acercó a Rosario y la abrazó fuerte. A lo lejos se asomó la tía Bertha, quien con paso lento avanzaba hacia ellas.







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