¿El fin de las democracias?
Entonces, el dictador manda a reprimir a migrantes en el norte del país. Lo hace con una fuerza especial, con órdenes estrictas de “cazar” y llevar a la cárcel y quizá, quien sabe, desaparecerlos. No importa. El tema es no dejar que los migrantes, ilegales, sucios, bad hombres, los “otros”, los apestados, se apoderen del país. La paranoia política clásica de un manual que, pensábamos, había quedado atrás, hace 80 años.
Esa fuerza especial de la dictadura, asesina por la espalda a una ciudadana que defendía a los migrantes. Esta ciudadana es de su propio país, habla el mismo idioma y, genéticamente, es similar a los policías que le disparan a quemarropa. Es una mujer, minutos antes fue a dejar a sus hijos a la escuela, ahora yace muerta en su coche. El dictador declara: “seguramente lo merecía”, los chicos solo “cumplían su deber”. Hay protestas ciudadanas, el enfado es porque a todas luces se violaron derechos humanos y el Estado asesinó a una civil. El mundo espera condena internacional de los países que ponen el orden mundial, faltaba más, porque estamos seguros que lo harán…Pero no pasa nada
¿Venezuela, Rusia, Corea del Norte? No. Es Estados Unidos, el “ejemplo” de la democracia mundial. ¿Es dictadura o es simplemente un acto de un presidente megalómano, esquizofrénico y lleno de vanidad para ser visto en el mundo entero como alguien que sí puede hacer lo que sus cojones dictan?
Es tan burdo decir que las dictaduras vienen de países “exóticos” que, casualmente, no son caucásicos: aquellos que son rubios, ojos azules y viven en grandes ciudades con supermercados donde satisfacen sus necesidades de consumo. Pero si son rusos son malos porque siempre han sido malos. Venezuela, porque no entienden el “desarrollo” capitalista. ¿Quién se erige como el árbitro para decidir, hipócritamente, qué es lo bueno y qué no?
Estados Unidos ha sido la única nación que han lanzado dos bombas atómicas, asesinando a 200 mil personas, todas civiles, población no combatiente, convirtiendo el hecho en uno de los genocidios más nefastos de la historia. ¿Culpables? al contrario, premiados. Defendieron la democracia, la suya, la que ellos siempre han querido se copie en el mundo, siempre y cuando ellos sean el Imperio y dicten qué es “lo correcto”.
Una de las cosas positivas de Donald Trump, es su cínica sinceridad. El líder de la mayor potencia mundial dice sin empacho no necesitar límites políticos para hacer lo que quiera. Antes, sus antecesores presidentes, sin excepción, hicieron lo mismo, solo que disimulaban las decisiones en una cobertura democrática al servicio de la línea expansionista del gobierno. Trump ni eso. Cuando dice no tener límites, es altamente probable que así lo sea. Sin ninguna restricción ética, menos gubernamental, vocifera que debe salirse con la suya por las buenas o por las malas. Las cartas están echadas en este nuevo orden inaugurado por la ultra derecha internacional. No habrá excepciones, tampoco límites, cuando se trate de resguardar la “seguridad” de los Estados Unidos. Al final, es nuevamente un mundo bipolar: o se está a favor o en contra de ellos.
Ahora van por Groenlandia, iniciativa acompañada con un lenguaje político florido, gañan, grosero, obsceno, que está haciendo abochornar a los europeos, otrora aliados incondicionales de las agresivas políticas exteriores gringas que, estupefactos, ven como el “hermano mayor” de Occidente desconoce las alianzas basadas en las mismas historias de despojo y expolio mundial. Porque Europa, como no podía ser de otra manera, también ha hecho exactamente lo mismo que Estados Unidos.
Los airados reclamos por la cruenta invasión de Rusia a Ucrania, en realidad fueron gestos “democráticos” sesgados y llenos de hipocresía. Las sanciones económicas, pero también deportivas, culturales y mediáticas fueron impuestas ipso facto al calor de los señalamientos políticos hacia los bárbaros de Europa, los nacos rusos, los que no tienen posibilidad de hacer lo que por derecho hegemónico tienen las “verdaderas” naciones occidentales, invadir, saquear, condenar, minimizar a otros países.
El inicial silencio occidental y ahora las menguadas respuestas ante el desenfreno expansionista yanqui, no dejan ver más que una inmortalidad cargada de un deja vu de mitad del siglo XX. Cuánta semejanza con el mediocre pintor devenido en cabo del ejército que, en 1939, inició la locura bélica que ocasionó la terrible Segunda Guerra Mundial.
La política del “espacio vital” (Lebensraum) convocada por Adolf Hitler en los 40s del siglo pasado, aduciendo la necesidad de ganar territorio para la futura explotación de recursos a costa de las soberanías nacionales, hoy la hace suya Donald Trump, con la urgencia de su personalidad paranoide al servicio de las grandezas imperiales que él piensa para sí mismo y para su país. Nos hace pensar en el fin de las reglas democráticas de la modernidad en el mundo y significa, quizá, el final del orden occidental, tal y como lo conocemos, en donde México, por supuesto, está incluido.





![Un nuevo [des]orden mundial No es el momento para debatir sobre el surgimiento y la continuidad de los Estados nacionales en los cinco continentes, sin embargo, su indiscutible existencia, los conflictos globales del pasado siglo y la polarización en bloques políticos llevaron al nacimiento de las Naciones Unidas tras la Segunda Guerra Mundial.](https://www.chiapasparalelo.com/wp-content/uploads/2022/06/sfvwgw-600x786.jpg)

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