Los cisnes de Sor Juana
Casa de citas/ 778
Los cisnes de Sor Juana
Héctor Cortés Mandujano
¿Y qué autor puede ser más obsceno que el sueño?
El sueño no se anda con rodeos
Henry Miller
Leo Henry Miller. Los años en París (FCE-Turner, 2002), de Brassaï, con traducción de Miguel Hernández Sola.
“Brassaï y Miller se conocieron en París en 1930” y compartieron amistad, ilusiones y pobreza. El libro de Brassaï está escrito con base en conversaciones, cartas y amigos en común. Me pareció una maravilla.
Miller, antes de publicar su primer libro, Trópico de cáncer, lo tenía claro (p. 47): “¡El arte me importa un bledo! Sólo soy un hombre y quiero expresarme totalmente, sin coerciones. ¡Eso es todo! No creo ser un escritor. Por otra parte, no ambiciono en modo alguno escribir bien, tener un bello estilo, un lenguaje pulido… Simplemente siento una fuerza en mí que quiere y debe expresarse. Entonces yo farfullo, tanteo, busco todos los medios posibles e imaginables”.
Se asombró cuando vio en París a una prostituta con una pierna dañada (p. 95): “Jamás he visto una ciudad como París, única por su variedad de oferta sexual. Cuando una mujer pierde un incisivo, un ojo o una pierna, se hace prostituta. En Estados Unidos se moriría de hambre”.
Algo que debate en varias páginas Brassaï es la verdad de lo que dice Miller. Escribe Henry (p. 158): “Cuando mendigo, cuando pido prestado, cuando robo o cuando me prostituyo para ganarme la vida, no invento un alter ego sobre el que recaiga la reprobación. Reconozco que soy yo, Henry Miller, el que ha mentido, el que ha robado, el que ha hecho de puta y qué sé yo qué más. Puedo lamentar haber hecho esas cosas, pero no las niego”.
Pero la literatura, como todas las artes, es una mentira. Dice Miller (p. 159): “Me he puesto a escribir con la intención de decir la verdad sobre mí. ¡Qué vana tarea! ¿Qué puede haber más ficticio que la historia de la propia vida?”. Y abunda (p. 161): “A partir de un hecho insignificante que he retenido por azar, invento, modifico, deformo, inflo, exagero, mezclo, siembro la confusión. No obedezco más que a mis instintos y a mis inspiraciones”.
Por otra parte, escribir es hacer caso a una voz que nunca se sabe bien a bien de dónde viene. Dice Henry (p. 166): “¿No deberíamos sonrojarnos al colocar nuestra firma al final del libro?”; dice Brassaï que Miller estaba convencido de que “nosotros no creamos nada, que esto sólo se hace a través de nosotros y para nosotros”.
Pero no hay más que responsabilizarse de lo que se firma como propio, aunque no se sepa de dónde viene (pp. 169-170): “Unos años más tarde, cuando un triunvirato de jueces me acusara de ser un horrible pornógrafo y de escribir mis obscenidades con afán de lucro, ¿cómo habría podido protestar: ‘Pero si no soy yo quien ha escrito todas esas cochinadas, todas esas frases escabrosas, escandalosas’ ”.
Brassaï está convencido de que hay mucha poesía en la prosa de Miller. Toma fragmentos y los pone como versos. Comparto este fragmento contigo lector, lectora (pp. 175-176):
Fluir
fluir
fluir siempre
Arrojad un palo
y se va
arrastrado hacia las grandes entrañas
Arrojad un cadáver
y se va
arrastrado mar adentro
Arrojad vuestra pena
vuestro pesar
vuestro tormento
el agua arrastra todo
Nada más que fluyendo
sin fin ni tregua
***
El poema que te quiero escribir, amoramor,
no tiene palabra todavía
Juan Gelman,
en “CLXXX”
Leo Hoy (Era-UNAM, 2014), del célebre poeta argentino Juan Gelman (1930-2014). Sus poemas no están escritos para ser entendidos en una lectura rápida o en una primera lectura. Pero pueden sentirse. No tienen título, sólo números romanos consecutivos. Te comparto lector, lectora algunos versos. Dice en “IV” (p. 14): “El deseo no se quiere morir ante el cadáver del deseo”.
En el “XV” escribe (p. 25): “Mercurio es un dragón y esposa de sí mismo/ fecunda en un día el veneno que mata lo que aún vive. ¿Su parte femenina se le va como quien abandona su placenta? ¿Neptuno cuida cenizas de la muerte en Ciudad Juárez, Puerto Príncipe, Sana, Veracruz?”.
Dice en el “XXVI” algo críptico (p. 36): “Alguien pregunta por infraestructuras del horror como si los cisnes de Sor Juana no pudieran abrir ese misterio”.
Son sus poemas pequeñas prosas cargadas de sentencias sabias: “LXV”, p. 75: “En la inocencia hay víboras”; de giros sorpresivos: “LXXII, p. 82: “¿Qué se creen las horas que pasaron? ¿No arrastran flujos y reflujos de una muerte sin huesos?”; de lenguaje que se resiste a la transparencia: “CXVIII”, p. 128: “La cabeza del alma es una mujer ávida de códices que nadie encuentra en el palacio de los sabios”.
Escribe en “CCVII”, p. 217: “El embrión de una mirada es más feliz que la mirada/ no lo ensucian los cálculos de estar/ ni el bandoneón de ser/ ni la cortina al fondo”.
Contactos: hectorcortesm@gmail.com








No comments yet.