Un nuevo tiempo

 

Las costumbres y creencias son movimientos y convicciones que han sido durante mucho tiempo formas esenciales de estar y afrontar las pruebas y tribulaciones de la existencia en el mundo. Foto: Carlos Ballester

Preocupante el nuevo tiempo que estamos viviendo en estas dos décadas del siglo XXI. Con el riesgo de parecer presumido, me permito comentar un texto mío que escribí y publiqué en 1993: La Antropología ante el Nuevo Tiempo, Consejo Estatal de Fomento y Difusión de la Cultura, Chiapas (Colección: Textos para Abrir el Milenio). Dicha colección de textos impulsados y planeados desde el Instituto Chiapaneco de Cultura, alcanzaron en su momento una amplia difusión. Las citas y comentarios que a continuación se exponen corresponden al texto de mi autoría arriba mencionado. En el inicio del texto cito un pensamiento de Aramis Quintero Segovia quien nació en Matanzas, Cuba, el 9 de marzo de 1948. Es uno de los intelectuales cubanos más destacados, autor de un texto básico titulado Los Sueños.  De este excelente poeta y ensayista, tomé un párrafo que a continuación transcribo: “…la hora del crepúsculo es ambigua como tantas importantes respuestas; está atacada, además, como ninguna otra, por el tiempo; se le ve caminar de tal manera que, bien pensado, es terrible. Es la hora que amaba el más brumoso, poético y ambiguo de los pintores italianos del Renacimiento: Leonardo. Pero es también la hora que se resiste a entrar al lienzo, en la que cada instante la sombra y el color son otra sombra, otro color” Y a continuación escribí inspirado por ese párrafo hermoso de Aramis Quintero Segovia lo siguiente: “En el contexto de este crepúsculo que vive el mundo contemporáneo, de la batalla de la cultura por alcanzar la luz, la reflexión en torno a la antropología debe abrirse hacia el conocimiento  de pueblos y culturas, de las historias dadas y posibles de esos pueblos y esas culturas, apelando a la develación del mito para engendrar el alba.” (p.5). La antropología, en varios de los textos clásicos escritos por los y las antropólogos y antropólogas prueban la viabilidad de la convivencia humana, tanto de las sociedades entre sí como de estas con la naturaleza. Pero también demuestran esos textos antropológicos que la desigualdad social y las perversiones que engendra, son causa de las desgracias y tragedias que acompañan a la Historia. En el actual escenario mundial, las ambiciones sin freno características de una economía política suicida, hacen posible el ascenso al poder y control de los aparatos políticos, de individuos desquiciados, enloquecidos por la ambición y la sinrazón.  Decía el filósofo de Tréveris que la historia no se repite y que cuando acontece es en forma de caricatura. Hoy presenciamos el ascenso del fascismo, de los Hitler contemporáneos, que predican el miedo y siembran el terror. Por eso, una de las tareas más urgentes de los y las profesionales de la antropología es contribuir a la valoración de la sabiduría ancestral de la experiencia cultural para que la actual civilización no se entrampe en su propia tecnología. Los desastres anunciados-incluso por su propio creador-del mal uso de la llamada Inteligencia Artificial anuncian un futuro de desastres. Escribí en el texto referido: “La antropología debe conservar y enriquecer su capacidad de reflexionar el paso de la humanidad en el planeta desde el momento en que, simultáneamente con su aparición, creó la cultura” (p.5). Por ello, en el tenebroso escenario contemporáneo, “la antropología tiene frente a sí la tarea de descubrir cuáles fueron los caminos que desvirtuaron a la tecnología como producto cultural alienándola de la propia humanidad, para contribuir a clausurarlos y recuperar para la cultura su carácter de instrumento de relación armónica entre la sociedad y la naturaleza” (p5-6). Es por ello que la remembranza analítica de la trayectoria de la antropología para situarnos en el actual contexto considera el interrogar al pasado, incluso como un rediseño de la disciplina. La cuestión de la conciencia de una identidad humana en medio de la variedad cultural, es una tarea central de lo antropología. Como solía mencionar Fray Bartolomé de las Casas, “Uno es el género humano” mientras que variada es la Cultura, es decir, la capacidad de construcción de múltiples mundos históricos que caracterizan a las capacidades humanas. Escribí en 1993: “Porque es en la búsqueda incesante de los motivos del cambio socio cultural (Ángel Palerm) en donde radica la posibilidad de comprender la sabiduría de los pueblos que han logrado equilibrar el desarrollo con el respeto al medio ambiente (Guillermo Bonfil)” (p.6). En esta época en la que vivimos sobresaltados por los abusos del poder, es importante demostrar que eso tiene que ver con la ambición desmedida, la desigualdad social, y el avance de una tecnología alienada de la propia creación cultural. Y muy importante: tiene que ver con la ausencia inculcada de una CONCIENCIA DE UNA ÚNICA IDENTIDAD HUMANA que nos unifica, como bien lo decía esa persona excepcional que fue José Mojica. El párrafo con el que terminé el texto que he venido citando, dice: ”Los caminos del alba están al alcance, pero el futuro de la antropología no es cómodo. Todo conocimiento debe abrirse hacia la tierra y la gente de donde procede, y el entendimiento antropológico no es la excepción. Con la fuerza de la palabra, producto de examinar nuestra historia, la antropología debe brotar de nuevo para contribuir a la forja de una humanidad reconciliada consigo misma y capaz de transitar los senderos de la pluralidad y la tolerancia” (p.26). Terminé de Escribir el texto referido en Don Ventura, San Fernando Las Ánimas, Chiapas, un 16 de enero de 1993.

Bosques de Santa Anita, Tlajomulco, Jalisco. A 18 de enero, 2026

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