Venezuela: el descaro imperialista

Con claridad meridiana el Presidente de los Estados Unidos ha declarado que no le interesa la democracia o el pueblo de Venezuela sino el petróleo. Desde las primeras horas de la madrugada del sábado 3 de enero de este inicio borrascoso de año, en el momento en que se recibían las primeras noticias de la operación “quirúrgica” en Venezuela por parte de los militares norteamericanos, estaba claro que bajo el pretexto de combatir a los carteles de la droga el verdadero motivo de tal operación es el petróleo que sostiene el subsuelo venezolano. No tardó mucho en “salir el peine”: la conferencia de prensa emitida por el Gobierno de los Estados Unidos en la que además del Presidente habló el jefe del ejército norteamericano, dejaron en claro que el “obstáculo” para apoderarse de las mayores reservas de petróleo del mundo, era el Presidente Maduro. Uno puede estar o no de acuerdo con el Presidente venezolano. Puede uno estar o no de acuerdo a cómo conduce a su país, cómo diseña la economía, etcétera, pero eso es asunto de los venezolanos. En este triste episodio que vivimos en América Latina, que además anuncia un período de grandes penas para nuestros pueblos, ha quedado claro que el Estado Norteamericano sigue siendo el instrumento del capital dominante en el mundo, mismo que no está dispuesto a permitir el libre desarrollo de las sociedades latinoamericanas y caribeñas. Su concepción es que son “los elegidos de Dios” (“In God we trust” dice una leyenda en los billetes de dólar) y el propio Presidente de ese país comentó que deseó la compañía de Dios a las fuerzas militares desplegadas en Venezuela con la misión de apresar al Presidente de ese país. Muchas dudas nos quedan acerca de cómo fue posible que alcanzaran en sólo dos horas el objetivo señalado. El tiempo irá descubriendo las tramas de esta incursión militar. Por cierto, los argumentos usados por el Presidente norteamericano son los mismos, casi palabra por palabra, que se usaron en los tiempos en que los Estados Unidos atacaron a Irán o desplazaron del poder al Coronel Gadafi en Libia. ¿Para qué inventar otras excusas si con las usadas se acalla la opinión del propio pueblo norteamericano?  Mientras esos argumentos sigan funcionando para movilizar al nacionalismo imperialista en apoyo a las intervenciones militares de su gobierno en donde este lo decida, se seguirán escuchando los mismos argumentos. Sólo que en este caso, el Presidente norteamericano fue más allá y dijo: el petróleo es de los Estados Unidos por derecho del más fuerte y basados en ese derecho intervendremos en donde nos dé la gana. Envalentonado por la eficacia de la reciente operación militar, y sin medir las consecuencias, es probable que el Imperio siga su ruta anexándose a Groenlandia, invadiendo parte de Canadá y por supuesto agrediendo a otros países latinoamericanos y caribeños. “De Cuba hablaremos luego” dio el Presidente de los Estados Unidos. Ya sabemos lo que esa frase significa: imponer en Cuba un régimen que permita el “retorno” del paraíso tropical en donde se divertían los grandes magnates del capitalismo norteamericano. De nuevo, uno puede disentir o no del régimen cubano, pero es solo al pueblo de Cuba al que le corresponde manejar su destino. El propio Abrahan   Linconln, el Presidente número 16 de los Estados Unidos, aseveró que la democracia significa “gobierno del pueblo y para el pueblo”, no para los poseedores del gran dinero. Y Juárez completó diciendo: “Así como entre los individuos, entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”. La doctrina Estrada que sostiene históricamente el Estado Mexicano afirma el derecho de los pueblos a la autodeterminación. La política intervencionista del Estado Capitalista Norteamericano desconoce principios de sus propios fundadores como Linconl y pasa a ser un aparato militar al servicio del Gran Dinero, a la orden de los negocios del capitalista en turno en la Presidencia del país. Nos decía hace años, allá por 1971, Stanley Diamond, uno de los antropólogos más brillantes de los Estados Unidos, que el pueblo de ese país aún no se daba cuenta que vive bajo la dictadura de un Estado que está al servicio de los grandes intereses capitalistas. Interesante para todo el mundo será el momento en que en las próximas elecciones en los Estados Unidos, el actual Presidente se proclame reelecto y así por “sécula seculoron”. Importante será la reacción de la sociedad norteamericana ante la voluntad del actual dictador de perpetuarse en el poder, porque esa es la fuente de su acumulación de riquezas. A los círculos del poder en Norteamérica no les conmueven las manifestaciones de protesta de otro país que no sean los Estados Unidos. Desprecian a todos los pueblos. Sólo ellos son los elegidos de Dios para gozar del mundo entero. Pero hay que salir a las calles a demostrar que repudiamos a un Estado Capitalista que se abroga el derecho de hacer los que les venga en gana cuando de sus negocios se trata. Viene un período muy difícil para nuestros pueblos con el imperio capitalista en plena actividad y con el fascismo asumiendo el poder en cada vez más países. Cada pueblo de esta Tierra tiene el derecho de regir su destino. Ello, además, en nombre de una Humanidad que es una, aunque diversa es la Cultura.

Bosques de Santa Anita, Tlajomulco de Zúñiga, Jalisco. A 6 de enero de 2026

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