Carta abierta a la purísima María Isabel Rodríguez Jiménez


Ilustración: Revista Espejo

Por Maricarmen de la Encarnación Pereyra Vázquez

Si pensamos en los límites de la libertad de expresión, es ineludible acordarse de la famosa frase: Detesto lo que piensas, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo. Frase de la escritora británica Evelyn Beatrice Hall, extraída de su obra “Los amigos de Voltaire” (1906) y que se suele atribuir erróneamente al filósofo francés.

Todas las personas tienen derecho a la libertad de pensamiento, conciencia, religión, opinión y expresión. Sin embargo, dicho derecho puede estar sujeto a ciertas restricciones para garantizar que no entra en conflicto con otros derechos como, por ejemplo, el derecho a no sufrir discriminación.

La Estrategia de la ONU contra el discurso de odio resalta la preocupación de que en todo el mundo estamos presenciando una inquietante oleada de xenofobia, racismo e intolerancia. Los movimientos neonazis y a favor de la supremacía blanca están avanzando en lugares como Europa y Estados Unidos, y el discurso público del “nosotros contra ellos” se está convirtiendo en muchos lugares del mundo en un arma para cosechar réditos políticos con una retórica incendiaria que estigmatiza y deshumaniza a las minorías, lxs migrantes, lxs refugiados, y las personas de la diversidad sexual.

Las normas internacionales de derechos humanos establecen que debe prohibirse toda expresión de odio nacional, racial o transodiante que constituya incitación directa a la discriminación, la hostilidad o la violencia contra un grupo de personas históricamente vulnerabilizadas, lo que se suele conocer como «apología del odio«. Estas normas también establecen que este tipo de restricciones a la libertad de expresión no sólo deben estar prescritas por la ley sino que deben, sobre todo, ser necesarias y estrictamente proporcionales para contribuir al objetivo legítimo de erradicar la discriminación.

Las palabras por usted vertidas, además de que dejan sin lugar a duda su evidente ignorancia sobre un tema de dignidad y respeto a los Derechos Humanos de nosotras las personas “que cambiamos de género”, y uso sus propias palabras para que se de cuenta de lo patético y ridículo de su alocución, pero también por la gravedad que en ellas hay; porque por si usted no lo sabe, las personas de la diversidencia a lo largo de nuestra vida, nos han intentado negar, volviéndonos a lo que usted comenta, al clóset, a lo proscrito, a la marginalidad; cuando estamos luchando por encajar en esta sociedad normalizante y sumamente violenta.

¿No le da vergüenza,diputada, que su discurso de odio, dicho por lo visto a la ligera, degenerará en depresión para cientos, miles de personas que como yo, nos identificamos en los marcos no hegemónicos de cuerpos disidentes de este sistema cis-hetero-patriarcal y racista; en intentos por aniquilarnos por la insoportabilidad del deber ser, según una normal moral inexistente que las hace a ustedes, cisheteros, superiores a nosotrxs, las indignas?

¿En verdad no les da una mínima de vergüenza saber qué el tiempo que nos han dado ustedes en el Congreso del Estado sea solamente para negar nuestra existencia y nuestra dignidad siendo ustedes los principales defensores de la Ley de Dios en la tierra y por lo visto tienen contacto directo con el cielo, resulta contradictorio, entendiendo que el amor del Dios que ustedes veneran es la caridad cristiana, y los principios de humanidad y de amor al prójimo, o solamente practican esos valores siempre y cuando al prójimo no se le ocurre besar a su igual o asumirse trans porque entonces no aplican su “Ley suprema”?

Señora diputada igual que usted, yo también fui una niña, una niña trans y tiemblo de impotencia al saber que su discurso vertido a la ligera repercutirá de manera negativa contra la niñez y adolescencia diversa en Chiapas, cuando nos enteremos que le dieron una golpiza a una compañera en la preparatoria donde cursa sus estudios básicos, cuándo sepamos que les han negado la entrada a algún café, y seguramente, que le han quitado la vida de manera cruenta a alguna de nosotras; por cada insulto que nos profieran en cualquier espacio que ocupemos, por cada persona trans que sufra un acto de negación de su identidad y su esencia humana la acusaremos a usted y a cada una de las personas que desde el estrado del Execrable Congreso del Estado de Chiapas, pasarán a la historia teniendo las manos y las bocas llenas de sangre inocente y no podrán lavárselas ni con toda el agua del rio Sabinal.

¿No les bastó que en 2016 en el Congreso local, Eduardo Ramírez Aguilar, siendo presidente de la mesa directiva realizara comentarios denotativos hacia la población de la diversidencia apoyando marchas de corte religioso y argumentando principios bíblicos, arguyendo que por el simple hecho de existir estamos atentando contra la «familia natural»,o que en 2018 le entregaran la Medalla Miguel Álvarez del Toro, al sucio e impresentable Patrocinio González Garrido con su amarga cauda de sangre exigiendo justicia aún por la matanza en su sexenio, sino que ahora usted, ungida con la bandera de salvaguardar a las niñas y los niños sin tener el más mínimo conocimiento en materia de Derechos Humanos; debería lavarse la boca con ácido muriático cada que mencione la palabra Dignidad que no conoce, debería no solo pedir disculpas públicas, también debería enfrentar a la Justicia, pues la recuerdo que en el artículo 324 párrafos IV y V, (puesto que los bulos que usted pronunció contra nosotras, las indignas) no sólo causan un daño moral sino es un claro atentado contra nuestra dignidad como personas.

Me pregunto qué pensará la bancada de Morena, me pregunto también qué posición dará su partido al cual usted deshonrosamente pertenece, si no hay un pronunciamiento claro y conciso, sea éste del sentido que fuere, estarán siendo cómplices de su discurso.

La conmino a leer, (quién lee dice Foucault tiene el privilegio de reconocer que se ha equivocado) a leer la amplia literatura académica al respecto para que entienda que las personas de la disidencia sexogenérica estamos y estuvimos ocupando un espacio vital y necesario en este mundo que compartimos.

No sé cuál será el sentido de sus posicionamientos tanto de su bancada como de su partido, lo que sí le aseguro, señora diputada, es que nosotras, las prohibidas, las acosadas, las negadas por sus políticas excluyentes, por sus leyes que niegan, por sus discursos violentos, por toda su necrolegislación (qué dice quién sí y quién debe morir en la indiferencia legal); no lo sé y tampoco es que algo cambie al respecto de la gravedad de su posicionamiento, pero lo que sí sé y estoy plenamente segura es que no permitiremos que ni usted ni nadie nos diga dónde y cuándo debemos existir, no vamos a permitir más que ni usted ni nadie nos prohíban ser y sentir, nunca más nadie decidirá por nosotras, y eso, se lo aseguro con mi propia vida.

 

Suchiapa, 18 de junio 2026.

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